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Rubén Castagnolo




La data de la banda, según su propia página web:

“Los murciélagos duermen colgados” bromeó Luca a Rubén, con anotador en mano, mientras escribía un boceto de El cieguito volador, tema que luego formaría parte de After Chabón, el cuarto y último disco de Sumo. Corría el año 87’ y ambos compartían la sala de grabación de los estudios Panda. Allí se encontraban entre descanso y descanso a charlar, compartir vino y pasillos de rock. Ahí mismo, parado en un momento histórico del rock nacional, Rubén Castagnolo gestaba los comienzos de Oficina D, la banda mendocina que junto a su hermano Héctor sonaba con fuerza por aquel entonces.

Como si las coincidencias ya fuesen pocas, el talentoso Mario Breuer ofició como ingeniero de grabación y luego de escuchar la banda, decidió llamar a Andrés Calamaro para que los produjera. Andrés no solo lo hizo, sino que también grabó voces y guitarras de aquel disco.

Fabiana Cantilo amadrinó la banda, hicieron varios shows juntos, y también grabó coros en el disco homónimo de Oficina D. La crisis que sobrevino en el 89’ no le permitió ver la luz al prometedor material que editarían con Emi. En el 1993 Oficina D se disolvió, dejando tras de sí una gran popularidad, y aún es recordada por muchos.

A principios de 2000 integró desde sus comienzos Chancho Va. Allí con su potente bajo, formó parte del power trío hasta mediados de 2008. Con dicha formación grabó Parir la Calle, Sin alambres pero con púa, Chancho va 2002, Hombre Plastilina, El mono del rey y Nueva media hora (EP). Compartió escenario con Motorhead, Viejas locas, Cabezones, Palo Pandolfo, Catupecu Machu, Las Pelotas, Árbol, etc. Asimismo intervino con las cuerdas de su bajo en “Vencedores vencidos”, track del disco “Solo” de Cabezones, grabado en marzo de 2008.

Tiempo antes de la desvinculación, Rubén ya se encontraba maqueteando material con la idea de poder trabajar su faceta solista, explorando nuevas sonoridades, diferentes géneros. La idea era comunicar la música de una forma disímil; poder plasmar canciones que se encontraban dando vueltas sin haber sido registradas aún.

Así nació “Música para viajar en trole”, un puñado de generosas canciones que comenzaron a convertirse en disco cuando fueron encontrando una conexión sutil, sin ataduras. Canciones que hablan más de música que de géneros, reflejando sin aprensión una etapa que pasa por lo enérgico, lo catártico, hasta la intimidad más cálida. Música para viajar en trole, para percibir distinto lo cotidiano, para pasear en música, para cambiar una y otra vez.

Actualización: abril 2012




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