El disco solista del Turco Chiodi mezcla calidad, calidez y honestidad intelectual y sentimental: uno de los discos más bellos del año, lejos del marketing.

Chiodi - MutanteHace cuatro largos años que Facón se desvaneció y para el Turco Chiodi no fue tiempo perdido. Con paciencia de cazador espero que las canciones asomen (la mayoría del material de “Mutante” tiene dos, tres, cuatro años), armó el mejor grupo de músicos posible para capturarlas y después las fue modelando hasta que formaron un conjunto precioso, armonioso, equilibrado. Y mientras las recolectó se aguantó las ganas de publicarlas, tal vez aguardando que las condiciones para grabarlas sean inmejorables.

En ese lapso estuvo al frente de cuatro proyectos en los que pasó de un arrebato electrónico (junto al productor radial y músico electrónico Martín Daulerio) a explotar su veta folklórica (con el Chango Enriquez y el percusionista Sebastián Alonso); a continuación se dedicó a recorrer pubs del centro de la provincia con su guitarra y una percusión (Emanuel Claudel) para mostrar un repertorio tirando a cancionero y solamente después de eso resolvió juntarse con dos músicos porteños (el baterista Esteban Peón y Ponche Abraham al bajo) y armar un tradicional trío de bajo-batería-guitarra-voz. Entonces volvió a sus fuentes: las canciones pop con estética rock que remiten instantáneamente a aquella aceitada máquina de hacer música que fue La Especie. Y cuando se oye Mutante es evidente que todos los pasos previos nutrieron a este monstruo alucinante que abre los ojos por estos días.

“Cazador” es la apertura del álbum y en ella brilla la flauta del hermano mayor del Turco, Marcelo Chiodi, quién le aporta aires setentosos a una melodía indestructible. El tema, acústico y viajero, habla de sensaciones relacionadas a la(s) captura(s) del amor, de serenatas en balcones y en el estribillo el cantante se redime pidiendo “una razón para vivir cuando el mundo se caiga”. “Río Trinidad”, compuesto en la época de la formación más folk, es una perla de arroyo, un aire de joropo con esencia pop que se escurre entre cantos de sirena y una orilla de mar donde la luna llena reina sobre las miradas entrelazadas de dos enamorados. Allí se destacan la guitarra de Enríquez y el stick de Guillermo Cides. El tercer tema, “Dices que el amor”, parece el momento más masticable de Mutante. Es un pop que levanta banderas por el amor y da la sensación de estar pensada para hacerse amiga de los operadores radiales. Y en eso llega un auténtico himno techno bautizado “Knock out”, un momento monumental donde se moderniza el sonido del álbum. Es uno de los primeros temas armados por Chiodi post Facón y da la sensación de que va a sonar actual dentro de veinte años. La delicada mano de Martín Daulerio en samplers y loops le aporta un aire ultraurbano a un tema que enumera cosas “knockeables” como “la inercia pueblerina, la fiebre capitalina, los pibes y las minas, las viejas de la esquina y los Rolling Stones”. Alguien dijo “cualquier tema que mencione las palabras cocaína, policía, educación y Rolling Stones merece ser un hit polémico”.

El tema que le da nombre a la placa empieza como una canzonetta infantil que va perdiendo la inocencia del verso cuando pasa por un puente distorsionadito y explota en un estribillo donde el Turco grita a los cuatro vientos que prefiere “ser un mutante a una estatua toda la vida”; culmina con un pico de intensidad notable. “Corre mujer” es el tema más largo de la placa: cuatro minutos y medio de guitarreada fogonera donde Antonio Birabent le hace justicia al tema al aportar su voz tierna a una composición sentida y profunda. Aires de bossa nova llegan en la marítima “Reyes por un día”, auténtica banda de sonido para días de vacaciones en la playa. Allí se destacan la batería percusiva de Pablo Bendov, un fluherhom mágico y la cita a David Bowie.

Recién en el octavo tema aparecen las referencias más inmediatas a Facón: “Madrugada” es una especie de candombe muy bailable con estribillo pop. La letra, ingeniosa e irónica, rebasa de piropos en el estribillo y se vuelve cómica cuando el Turco declara que “a veces parecemos más idiotas de lo esperado / entonces es mejor pegar la vuelta / al rancho para estar bien cobijado”. En “Puedes confiar”, armónica canción cargada de ruiditos electrónicos, aparecen bien a la vista las influencias de Charly García (de la época de “Filosofía barata…”). La letra, escrita en primera persona, es una ofrenda de confianza para el oyente. “Si hablás de Bush” es una canción guerrera donde aparecen menciones explícitas sobre el contexto sociopolítico actual. En el estribillo se mencionan a “Bush, Blair y Aznar” como sinónimos de “muerte” y criminalidad. Es curioso ver como la fuerza del verso y el estribillo se compensa con la fragilidad del puente.

El anteúltimo tema es “Lejos de mi sombra”, nocturna melodía con tiempos irregulares donde el arpegio de la guitarra domina las armonías; otra vez la eximia flauta de Marcelo Chiodi aporta brillo en las partes instrumentales y en el centrífugo final de la canción. La última gema es “Al final del amor”, otra revisión sobre la sensación de independencia sentimental que cabalga sobre una guitarra acústica y parece el cierre ideal para una obra maestra de dimensiones trascendentales.

Mutante es un ser creado por la suavidad de una voz ajustada que entona melodías silvestres mientras las palabras describen imágenes dulces, naturales. La luz de Chiodi surge de una garganta apasionada y seductora, que hasta cuando se enoja suena a canturreo de canción de cuna.

En tiempos en los que no abunda la ternura Mutante es una reserva afectiva armada con cariño, amor y magia. No son muchos los músicos capaces de parir canciones que conjuguen calidad, calidez y honestidad intelectual y sentimental. En ese sentido Mutante refleja la elevada inspiración de un hombre lleno de experiencia y, a la vez, renovado.

El sonido logrado en estudio (el material se grabó en Tónica) es otro factor positivo, sobre todo por el trabajo con las percusiones. Aunque quizá lo único reprochable sea que en algunos temas la mezcla definitiva (de Guillermo Zuloaga) dejó el volumen de la voz un poco bajo. Y el último punto alto del disco es la elegante presentación (obra de Leo Muñiz y Adrián Van Nynatten), con caja de cartón colorida y un booklet de fotos luminosas que transmiten sensaciones lúdicas, ociosas, como dando la idea de que hay que escucharlo en estado de relax. O que se puede llegar a eso oyendo la placa.

Este año no serán muchos los discos argentinos que superen en belleza musical, técnica y creativa a este auténtico collar de perlas. Pero por esas cosas del marketing quizá no sean muchos los que tengan oportunidad de probarlo. Ojalá el mutante crezca sano y robusto. Estas canciones lo merecen.

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