Hace casi dos años que no toca en Capital. Pero Dios (que no siempre atiende en Buenos Aires) se hizo eco de la demanda y merodeó la gran ciudad el último sábado.

Así fue como Dios los Cría reapareció de su Mar del Plata natal para satisfacer el reclamo de quienes lo conciben ya como un grupo de culto. Formado en 1993, se hizo fuerte en su ciudad natal a base de buenos shows y buenos contactos que los llevaron a completar el álbum de la banda soporte gracias a figuritas tales como Red Hot Chili Peppers, Héroes del Silencio, The Cult, Beastie Boys, Marilyn Manson y Ozzy -la leyenda dirá que alguna vez U2 les bajó el pulgar a ellos y a Catupecu Machu- y a grabar un gran disco con la multinacional EMI que tuvo más cajón que difusión.

Más allá del bien y del mal editaron en 2006 de forma independiente un álbum con título que sabe a declaración de principios: “Justo cuando nos estábamos quedando sordos”. Según dijo el cantante Pato Duhalde en una entrevista a rock.com.ar, se trató de “una obra para siempre o margaritas a los chanchos”.

Desde ese aquel entonces hasta la fecha, hubo un par de shows en La Trastienda y una presentación en Rock and Pop donde Enrique Symns los chicaneó preguntándoles “¿hay algo para hacer en Mar del Plata?”. Después de eso, un silencio total que sorprendió de la banda que había emprendido la “Cruzada antisordera” representada en la cruz roja de la campera que el cantante había mandado a diseñar especialmente para lucir en fotos y shows. El reclamo de sus fanáticos en el foro de www.diosloscria.com pidiéndoles primero y exigiéndoles luego una presentación en Buenos Aires tuvo su respuesta el sábado en Sira de Olivos, un lugar que se instala como alternativa a un circuito rock escaso en zona norte y menguado tras Cromañón.

“Bienvenidos a misa” anunció Duhalde luego de que el conjunto marplatense hiciera su ascenso triunfal al escenario atravesando la sala de punta a punta saludando personalmente al público con sus instrumentos en mano. Así transcurrieron dos horas de performance en las cuáles hubo repasos de los cuatro discos y las obligatorias menciones de clásicos como “Solo lo mejor”, “Mística”, “El hueso”, “Una vida”, “Vendaval” y “El pastor”, donde Duhalde se sumergió en el público y alzó su voz al calor de las masas a la manera de un sacerdote pagano que se arrima a la religión como un juego entre lo prohibido, lo intocable y lo real, mientras el dúo de guitarras de Hugo D’Intino y Niño Torres y la base rítmica de Tarugo Martínez (bajo) y Alejandro Mendoza (batería) mantenían viva la llama sonora de un grupo que se despidió agradeciendo la ansiedad y disculpándose a cuenta tal vez por una ausencia que no finalizó sino que tal vez se interrumpió hasta cuando vaya a saber uno Dios quiera.

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