El disco debut de esta agrupación cumple a la perfección con lo que ellos mismos plantean: un repertorio de base tanguera influenciada por la música que aprendieron a encontrar solos en su adolescencia, que va desde el rock argentino al jazz, desde el tango al folklore, bolero y bossa nova.

Los Hermanos ButacaDesde que Diego Capusotto, con su encumbrada comicidad, propuso una reivindicación histórica de la simbología peronista, la figura del General no genera las controversias que supo generar. Los tiempos cambian: en algunos ámbitos la mención de su nombre provoca una sonrisa cómplice y bizarra, aunque en otros todavía se siguen golpeando la cabeza para estar más cerca de él (o de lo que queda de su cadáver). Este debut de los Hermanos Butaca (Carlos Senin en guitarra, el cantante Germán Dominice, Marcela Pedretti en piano y el bandoneón de Fernando Rezk) rescata las miradas idolatrantes a la pareja divina de la liturgia justicialista y con ellas resucita la Buenos Aires clásica de mediados de siglo pasado. Y no estamos hablando solamente de los símbolos peronistas: las melodías que componen esta placa parecen salidas de los heterogéneos conventillos portuarios, pero reconstruidas por los nietos de quienes supieron habitarlos.

La primera voz que se escucha en el disco es la de Evita diciendo “os dejo mi corazón”; después arranca una milonga de sonido clásico cuya letra fantasea con el heroico retorno de Esa Mujer y donde el bandoneón retoma yeites de la marcha peronista. Al final, si, saluda el General pidiendo que disfruten y “sólo quiero decirles que festejen esto, que nos ha costado mucho”. El sonido cambia hacia el segundo tema: en “Canguritos del Uruguay” se actualizan las instrumentaciones y aportan agilidad y cadencia a una canción de letra irónica y rítmica orillera, donde las guitarras coquetean con la bossa nova. Y después, con una polka balcánica, llega la historia de “El Turco Jador”, un chico que no jugaba al fútbol, sino que “con las niñas jugaba al elástico”. La letra, de incorrecta misoginia y humor chabacano, retrata impiadósamente el cambio de sexo del/a muchach@. El trabajo de coros tiene un gran acabado, y los samples y teclados le dan toques modernos al track.

El cuarto tema, una milonga con instrumentación clásica (guitarras, violines, bandoneón, pianos), es un hit indestructible: “En el balcón” propone una serie de fotografías heroicas y fatales que resumen a los héroes populares argentinos. Allí están Perón en el balcón y en el cajón, llorado por el pueblo; y Carlos Monzón, en el balcón saludando al cartonero Baéz y “en el bólido de acero” en el que murió; y Gardel en un barco y no en el avión de Medellín; hasta Olmedo (si, en el balcón), “con el asunto en el cajón, no en el dintel”. La canción se lamenta con picardía y poesía por la desdicha recurrente en el destino trágico de estos símbolos de la cultura argentina del siglo XX. “Los últimos diez minutos de José” es un bolero que grafica la ruptura matrimonial de un protagonista en primera persona. A José su mujer lo saluda desde un remís, e inevitablemente entra en decadencia: crece su barba, pierde el trabajo, el perro se le muere de hambre y de distraído se lava los dientes con Poxipol! El solo de guitarra es una belleza armónica y clásica que resuena sobre unos efectos especiales que recrean tormenta.

Unos cuchillos afilándose le dan inicio al retrato de “El carnicero Lolo”, sexy matarife que “te saca la grasa, te pone la chaira”. Este gran momento del disco está construido sobre un ritmo de pop, guitarras acústicas, coros de una mujer con acento castizo y una vocalización de reo funky. Después de ello llega una milonga, “La bolsita llena”, sobre la que se construye un relato fantástico y costumbrista a la vez: un hombre ve a su amor volver del mercado con “vino, queso, pan y un poco de mortadela”. El estado de pobreza de la pareja (“el queso es para las ratas”) se ve rápidamente alterado por un premio millonario encontrado en la mortadela a partir del cual la pareja se va (“con las valijas llenas con un montón de billetes”) de viaje a Ipanema y Ginebra (“lo elegí por el nombre”).

En el octavo tema los Butaca se inspiran en la fotografía de un accidente de tránsito: un pibe del delivery muere en una esquina porque un remís lo encierra. Es una canción de rítmica lenta que termina con una percusión afro y allí la voz del Cabra (Manos de Filippi) se suma con calidez a la de los Butaca. Y de ahí se pasa a otra milonga: “Perra” es un racconto zoofílico y bizarro que termina con un abandono; el protagonista, al final, sale con “Lazy, a veces con Rintintín, pero nunca con Jazmín”. El anteúltimo tema es un malambo cuya letra refleja el enamoramiento de un hombre por los “Rulos bailanteros” de una mujer que le destroza el corazón al hacerle saber que “cobraba cachet”. La clausura de la placa es una experimentación bizarra y un tanto desconcertante que reitera que cuando se ponen las “Morcillas” en la parrilla, “la grasa hace shhh”. Y después hay lugar para un bonus track llamado “El remís de Eva” donde aparecen algunas ideas lúdicas mezcladas con bases electrónicas.

En hacer “humor triste” se resume el concepto central de la propuesta de estos muchachos que una vez, hace una década y media, se juntaron a ensayar en un sótano de Adrogué después de ganar un concurso de disfraces (según su hilarante biografía). Y en su visión trágica y enferma de los hechos se valen de las risas cómplices para expulsar los típicos lamentos nostálgicos del tango. El disco tiene un excelente trabajo de captura de sonido y las texturas con las que se vistieron las canciones fue respetuoso de las formas clásicas y renovador cuando los músicos se decidieron a experimentar un poco más. La producción y grabación fue realizada por Rafael Franceschelli (de la Zuker XP) y el masterizado corrió por cuenta de Mariano Franceschelli (Los Auténticos Decadentes).

A medida que pasa el tiempo, la deuda de los políticos con los descamisados crece día a día. Los imberbes se reposicionaron y la Plaza de Mayo vuelve a recibir multitudes que vivan a una pareja de mandatarios. Algunas cosas han cambiado mucho, otras poquito… otras nada. Los Hermanos Butaca se inspiran en el remix social al culto peronista de la realidad actual y en este disco cumplen y dignifican.

Los Hermanos Butaca se presentarán todos los jueves de julio en el Ciclo Veo Voces, en Sitio Plasma, Piedras 1856, a las 22 horas con entrada gratuita. Y el 22 de agosto presentarán oficialmente el disco en el teatro El Victorial.

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