“Está buena la posibilidad de tener festivales como estos porque, más allá de los distintos géneros, al final lo único que importa es la música” puntualizó Matías Cugat, guitarrista de Timmy O’Tool, en un pasaje de la media hora que duró el show de la banda en el escenario 3.

Mientras tanto, en el escenario principal, Agustín Almeyda hacía gritar a todo el público sub-15, en una muestra clara de lo que fue, o intentó ser, la 4ta edición del Adolescent Fest, que se llevó a cabo el sábado en el Roxy: un submundo donde los distintos estilos musicales pudieran convivir en un ida y vuelta constante.

La cita fue muy temprano (12 del mediodía), algo atípico incluso para lo que son los festivales de rock. Por iniciativa se le apuntó a un grupo joven que no suele asistir a shows nocturnos. Y, a partir de eso, es que se entienden, quizás, la inclusión de bandas como Infierno 18, o el propio Agustín Almeyda, tan tarde y en el escenario principal. El grueso del público total del festival fue, en sí, público de estas dos bandas. El look “Emo”, esa palabra tan usada hoy día por gente que no sabe mucho, estuvo muy presente en el Roxy.

La propuesta fue clara desde un principio: 3 escenarios, dos abajo (el principal se dividió), uno en el segundo piso, y 30 minutos por banda. La premisa, también: brindar un show que permitiera disfrutar de distintos estilos musicales en un mismo lugar y generar un ida y vuelta constante entre los músicos y la gente. Pero, como toda propuesta tan ambiciosa, se quedó a mitad de camino. Constantemente fluctuó entre ser un festival masivo y un recital del under local: el público no acompañó tal y como se esperaba, en parte porque el organigrama de bandas no contagió, y por momentos, el sonido flaqueó.

El podio del escenario principal se repartió entre Jordan, Tan Biónica y Don Adams, con una mención especial para Area 69, banda que exportó su punk rock desde el Paraguay y representó la mayor sorpresa de la jornada. Guitarras frenéticas y la esencia del estilo se hicieron presentes durante la media hora en que los jóvenes tocaron.

Jordan, la banda comandada por Patricio Otero, desplegó su repertorio con un sonido potente de cuerdas y la casi perfecta conjugación que proponen la voz melódica de su líder con los coros estridentes de su bajista. El resultado fue un show musicalmente muy bueno que contagió emoción a través de las letras de las canciones de “La pura percepción”, el primer LP del grupo. El cierre, con “Hoy, Mañana y Siempre” fue uno de los momentos más altos del día.

Tan Biónica y Don Adams, dos bandas muy cómplices entre sí, también brindaron grandes momentos. Ambas supieron adecuarse bien al escaso tiempo en el escenario y repasaron sus principales éxitos, dándole lugar también a algún tema nuevo. Quedará para el anecdotario, como otro de los picos de la jornada, la interpretación de “Arruinarse”, con la voz de Frankie Langdon de Don Adams secundando a la de Chano Moreno Charpentier de Tan Biónica, en una escena que atrajo la atención de casi todos los presentes.

En el escenario del segundo piso se destacó la presentación de Timmy O’Tool, que sonó con la potencia de siempre y le brindó una alternativa a la gente que prefería un estilo más avasallante, en claro contraste con la sensibilidad de la música de Agustín Almeyda.

Azafata y Edu Schmidt le dieron cierre a una jornada que partió con una idea básica que no logró prender en la gente, ya que el gusto por la multiplicidad de estilos no es algo que esté de moda en tiempos donde la estética y el parecer son mucho más importantes que la música en sí. Quizás es el momento de olvidarse de todo lo que rodea a los acordes y, de una vez por todas, hacerle caso a Matias Cugat.

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