Vibrante. Fernando Santullo es una patada en la cabeza de los que arman la historia en base a fichas técnicas, pero también es una patada a los pies que mientras siguen un ritmo candombero podrían agitar brazos al mejor estilo callejero sin perder la elegancia de lo que alguna vez fue llamado “2×4″, y que no se ponga celoso el corazón, por que ahí no llegan las patadas sino la potencia de su voz con una marca autoral, que si bien ya había dejado huellas en el trabajo del conjunto, con éste disco solista lo pone en un equipo de primera por sí solo.

Santullo. foto: Catriel Remedi

Santullo. foto: Catriel Remedi

Se usa mucho la frase futbolera que “con el diario del lunes es fácil hablar”. Ya con el disco sonando en su formato estudio y luego de terminado el show, caminando por la calle Balcarce dejando atrás La Trastienda, decirlo queda obvio, pero es una inmensa lástima, una mancha en esta familia que conforman los Bajofondo que el disco solista de Fernando Santullo por cuestiones (o cuestionamientos) marketineros no use simplemente su nombre y apellido o algo ajeno que nazca de la creación y punto. Si hay un grupo de “alguien” que saben que los riesgos y las irrespetuosidades terminan ganando son justamente este núcleo de artistas, y a la vez la guapeza de sacar pecho y salir solito no tan solo al mercado, y hay, claramente, demasiada buena obra detrás como para no haberse animado.

Como un trabalenguas, “Bajofondo presenta a Santullo” (¡Hola, qué tal, semejante gusto!) él presentó lo suyo en un recital que abrió las puertas de par en par y en riesgo de inspecciones, no habría medidas aptas y legítimas para dar paso a tanta sensibilidad y emoción. Desde el escenario da clase de todo lo que uno pueda imaginar y de lo que no también, como músico y hasta como padre. No se guarda nada, ni siquiera la genialidad de su pequeña hija Agustina que participa en el disco pero irrumpe en escena y le roba protagonismo de modo innegable y natural, por que también con sus centímetros de infancia tiene la voz y autoridad para poner los “cinco sentidos” a disposición de lo que el público espera de un artista, y no es justamente lo “Intacto” sino una movilización emocional y cultural de esas que no se olvidan, trascienden y generan ese afecto inexplicable sin conocer más que una cara de la persona, que es la de músico en este caso, o bien, padre e hija para puntualizar el muy buen momento de éste show equilibrado de situaciones tales.

Somos enviciados los periodistas de la música (bueno, todos, pero es mejor hablar del rancho propio y no del ajeno) y acentuamos a los géneros como poetas, barriales, callejeros, etc. Y luego caemos en la contradicción y ese vox populi que repetimos muchísimo más allá del oficio o profesión, que es decir “los mejores músicos se ven en los subtes, en las plazas, en la calle Florida” y demás espacios extra convencionales del rubro. Y a esta altura Fernando Santullo, que abre la historia de patear muros junto con los que conforman Bajofondo, se ha recibido de karateka con esto de unirlo todo y hacernos callar, revalorizar y rever los preconceptos en los que a veces el mismo dialogo nos lleva sin querer. Por que aunque mucho no creemos en las etiquetas, en cualquier charla de café uno tira ciertas referencias que terminan quedando pegadas justo en un borde superior o inferior, de acuerdo de quien se trate, y se las ve ahí (mal) ubicadas tal como cuaderno de comunicaciones de colegio.

Y siguiendo por ese camino, pasemos lista: Roberto Rodino en batería y percusión, Matías Cracium en violín, Daniel Benia en bajo, Francisco Nasser en teclado y Rodrigo Gómez en guitarra. El también productor y compositor de algunos temas, Juan Campodónico estuvo presente como invitado, como para que todo éste en perfecto orden y encaje exacto en la consigna. Por que la presentación fue dentro de las reglas que establecen lo que es eso: presentar un disco, a tal punto que la hora que duró el show es discutible o celebrada según como uno mira el vaso. Con el poder que da ser quien escribe, se puede decir que fue un tiempo ideal para no terminar bostezando y con la sana costumbre nutricionista de quedarse con ganas de más y no padecer luego los vaivenes de repetir tan solo por que está exquisito el plato del día.

La Trastienda parece ser el escenario ideal para todos los géneros y nombres, es como el paraíso de la música y donde se redime más de uno gracias a su acústica, pero pocos saben convertirlo en un templo, y el miércoles pasado, el músico oriundo de Uruguay ha sabido hacerlo.

Así con mucha brillantez, buen manejo de tiempos, actitud y el pulmón a pura disposición de cada palabra hablada y/o cantada, Fernando Santullo presentó su disco dejando él también su granito de arena solista (como ya lo ha hecho Supervielle) para dejar en claro por que Bajofondo es lo inmensamente dulce que es, en un mar que no en todas sus paradas costeñas es siempre digno de ser navegable, y las grandes hazañas necesitan de grandes humanos con capacidad para sobrellevar las disciplinas dentro de un gran equipo. Pero como bebida individual, sentarse, y tomar un café, lo destacable es todo lo que se despliega en esa borra del tiempo después: la mejor metáfora de decir las cosas por su nombre y el sin rumbo lo hace a uno poder conocer mucho más que ir bajo un paquete turístico. Las letras de Santullo serán oídas y sentidas por todos, desde el dolor comprendido y la voz unificadora en conciliación con los pesares de la vida, desde la diferencia y la vergüenza de sentirse referido como un no buen referente, desde el color angustioso del arte callejero y desde él mismo sabiéndose que tanto el arte como la calle le quedan a su medida, siendo bien recibido en las que se tapan de laburantes y soñadores gracias a la esencia de la decencia, y viendo entre su publico a Lucy que bajó del cielo, no para agradecerle su cita, sino para aplaudirlo de pie como una seguidora de las que tanto supo ver, y repartir los diamantes a quien lo necesite comentando que en Buenos Aires no siempre lo que mata es “La humedad”.

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