
El eléctrico septeto de Haedo se enchufó en el club Niceto para presentar “Efecto”, su segundo larga duración en una epiléptica noche. Dentro del repertorio, el septeto de Haedo mostró la totalidad de su última placa, con alguna que otro lujo, como “Pet Cematary” de Los Ramones en versión electrorockera.
La propuesta de los Ojas se escapa al formato clásico de grupo de rock electrónico. La clave de la banda reside en la interacción entre sus 7 miembros. Por un lado está el cuarteto normal de toda banda de rock, un cantante con guitarra, otra guitarra, una batería y una pequeña bajista saltando por todas partes.
Por otro lado está el pesto de la banda: un repartidor de rapeos y arengas (Phias); un encargado en samplers y teclados (Diego Murovankin); y un curioso multiinstrumentista (El Duende) que puede tocar desde el violín hasta el didgeridoo, y que puede ampliar su lugar en la banda con dos o tres colegas para formar una pequeña orquesta de lo étnico. La puesta en escena es violenta y luminosa, casi hipnotizante. El sonido encierra y eleva.
Para el falso final, un gaitista entonó unas coplas irlandesas, que lo único que logró fue “arruinar” la ilusión de que la banda había terminado la presentación. Escapándose de su propio formato, a la mitad del show la banda mutó en un cuarteto furioso con Phias al frente, El Duende y sus cómplices en didgeridoos, Ana la bajista en samplers y el baterista fijo. “Fue un experimento, una buena forma de que nos amiguemos los 4 en el escenario”, nos comentó el Duende mientras se secaba el sudor del final del concierto.
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