
Una tarde de noviembre cruzamos la Gral. Paz y nos infiltramos en Sáenz Peña. Nos perdimos por diagonales indescifrables, sorteamos las vías y atravesamos decenas de baches hasta llegar al 3100 de una calle colmada de galpones. ¿Nuestro objetivo? “El Hormiguero”, una suerte de bulo treintañero devenido en sala de operaciones de Mil Hormigas.
En una charla muy distendida, el “Rifle” Pandolfi (voz y guitarra), Diego Módica (bateria), Fran Aguilar (guitarra) y Martin Sesar (bajo) se valieron de la “madurez consciente” para explicarnos sus obsesiones, progresos, dolores, esperanzas, broncas y el hormigueo constante que los hace sentirse vivos.
¿En qué momento de sus vidas los encuentra Mil Hormigas? Imagino que maduros, pero con la energía y frescura del pibe que recién arranca…
RP: ¡en ese momento! (risas…). El otro día vi que a Keith Richards le dieron un premio al… rockero que sobrevivió a todo, algo así.
FA: ¡el premio Highlander! (risas…).
RP: (risas…) claro, hacer algo que tenga que ver con la música o con lo que te vuele la cabeza es una manera de sentirse joven. Me parece que el arte pasa por ahí. El vuelo de la mente del ser humano tiene mucho la foto, la pintura, la música. Y desde afuera, el común de la gente te ve como un nene, un chiquilín…
¿Ya superaron esa primera etapa de banda en la que TODO es aprendizaje?
RP: eso es constante. El error forma parte del día a día del músico: pifiar en el ensayo, pifiar en vivo.
FA: pifiar una nota por ejemplo, no es nada. Pero tocar sin pasión es un error. En cuanto a la organización, bueno… vamos aprendiendo sobre el camino. Quizás es un paralelo entre aprender a hacer un disco, una canción que te guste más, y aprender a organizar un festival. Nosotros estamos aprendiendo.
Siento que El lenguaje…, en relación a De Tierras…, tiene otra intensidad, mejores arreglos y además están mucho más sueltos con las letras… Ustedes, ¿dónde notan la evolución?
RP: estamos de acuerdo en que previo a entrar a grabar el primer disco, creo que habíamos tocado en vivo sólo seis veces. Y para la grabación del segundo ya teníamos más shows en vivo, muchos más ensayos juntos, algunas giras. Hay temas que cuando los fuimos a grabar ya se habían tocado durante un año y medio. Está todo como más Mil Hormigas…
Además, en “El Lenguaje de las Arterias” (2009) algunos instrumentos fueron grabados en Estudios Panda. Esta circunstancia le otorgó una mejor calidad de audio al álbum, a diferencia de “De Tierras, Torres y Turros” (2007), íntegramente grabado en el Hormiguero.
Si bien en varias oportunidades se han posicionado como un grupo under, ¿se ven masivos de acá a un tiempo?
FA: eso es parte del sueño. Pero… pensar en la masividad es irrelevante para mi por que no me dediqué a la música para tocar para cien mil personas. Sí estaría buenísimo vivir de la música para dedicarle todo el tiempo.
RP: claro, en lugar de venir de trabajar, estar despreocupado y llegar acá a las dos de la tarde… ¿por qué tengo que venir a las seis?
FA: a veces nos vamos de acá a las dos de la mañana y decís “¡uy! mañana tengo que hacer tal cosa” y me quiero matar… Pero estaría buenísimo llevar 500 personas el año que viene, mil al año siguiente, dos mil al otro año, y qué se yo… así.
¿Vieron que cuando se hace foco en convocar cada vez más gente, en ciertas ocasiones se desvirtúa el plan?
DM: se confunden las cosas. Y hay una realidad: si compones una canción y te subís al escenario de un bar a tocarla es por que querés que la gente te vea. Y cuanta más gente lo haga y le guste, mejor. Es una realidad. El tipo que dice “no, yo prefiero tocar para diez personas en lugar de quinientas” te está mintiendo. Si no quedate a tocar en tu casa, en un cumpleaños para tu tía y tu abuela. Cualquier cosa que hagas con el arte, desde colgar una pintura en la pared de un museo hasta una canción, es mejor si le gusta a más gente.
Escuchá otra parte de la entrevista en audio:
Leyendo las letras me encontré con la siguiente frase: “Aunque no te pase nada, no puede ser que no sientas dolor” (de “Siempre es lo mismo”). ¿Esto delata un mensaje que alcanza lo social? Digo… por el contexto en el que estamos viviendo.
RP: en realidad hay un día a día que uno vive. Otra parte de la canción dice “mis amigos no suman, venimos todos de mal en peor”. Es una letra que escribí en esos días de mierda que uno tiene, que te levantas mal, prendes la tele y está todo mal. Ese día habían prendido fuego los trenes en Haedo, y de repente te enteras que un amigo está sin laburo y que al otro lo dejó la mujer. Todo mal… no sumaba nadie. Tiene que ver con un día cualquiera de un ser humano cualquiera.
¿Esta impronta es repetitiva?
RP: “Para todos igual” habla de lo mismo… Más allá de que uno tenga un buen pasar o, mejor dicho, que no le haga falta nada de lo básico, no te puede no doler lo que le pasa al otro. La verdad, a mi no me pasa nada de todo eso, pero me toca. No podés ser feliz viendo toda esa mierda, ¿entendes? Y con eso hay mucha demagogia…
FA: exactamente. Eso quería decir. Una cosa es el tipo que se siente mal cuando ve algo que lo afecta por la sensibilidad que le produce ver un pibe en la calle, pidiendo por ejemplo. Eso le puede pasar a cualquiera. Pero uno tampoco va a decir “voy a escribir un tema sobre esto”. Es una parte de lo que nos pasa. Es probable que sea redundante en alguna que otra letra. Lo mismo con la relación con una mina.
RP: claro, las canciones que hablan de amor quizás no hablan del mismo día, la misma situación, ni de la misma mina, estás hablando del amor, o del desamor…
Son preocupaciones universales…
RP: claro, por eso creo que hay demagogia con eso del compromiso. ¿Compromiso? mostrame qué haces todos los días, cómo te comprometes con el que tenés al lado. Si vas a una escuela para que te saquen la foto y después no le das a comer a tu hermana, por ejemplo. Para ayudar a los demás, primero empezá por lo que tenés al lado. Y hay un montón de gente que ayuda y no lo dice. Eso es lo más valorable.
El Rifle es Fernando Pandolfi, ex futbolista y desde hace años, público frecuente de espectáculos de rock: “Cada vez que fui a ver a Divididos me fui con la cabeza en el orto, Las Pelotas me emociona, Los Piojos me divertía muchísimo, e ir a ver a Los Redondos me provocaba una adrenalina… era una mezcla de miedo y disfrute total”. Martin es bastante callado, participa de la entrevista observando y gesticulando. Diego y Fran (también integrantes de La Franela, de Piti Fernández) son los que respaldan al Rifle en su parecer. Fran, amante de la “guitarra podrida”, se explica desde los sentimientos, tiene buena capacidad para dar cierre a una idea. Y Diego se empecina en darse a entender con seriedad, se le dilatan las pupilas cuando habla de aspectos técnicos.
Teniendo en cuenta que el fútbol te hizo una persona pública durante unos años, ¿eso le otorga a la banda un crédito extra?
RP: puede ser que entre todas las bandas del under tengamos más lugar para alguna nota… por que por ahí a un periodista le resulta colorido el pasado. Pero siempre tuve el prejuicio de que nos jugaba en contra. Después lo superé.
¿Por qué en contra?
RP: y… uno hace música tratando de ser auténtico, y la gente, sabiendo que el que canta jugó al fútbol, por ahí dice “naaa, este es millonario, este que canta…”. Antes tenía ese prejuicio. Pero cuando empecé a cantar me di cuenta que esto era lo que me gustaba, y lo que opinen los demás… Siempre tratamos de manejar ese costado. Cuando vamos a tocar al interior a veces ponen “Mil Hormigas, la banda del Rifle Pandolfi”, como si yo convocaría… Y me quiero morir, por que encima el arreglo es “no vale poner eso”, y por ahí algún vivo te lo hace y me hincha las pelotas. Uno va en plan de banda.
Escuchá otra parte de la entrevista en audio:
Cierro: ¿por qué existe Mil Hormigas? ¿Qué buscan con Mil Hormigas?
RP: ¡Escaparnos! ¡Ser feliz! El nombre habla de las sensaciones que nos provoca la música… ese hormigueo que te hace sentir vivo.
FA: creo que es una mezcla de lo que dijo Fer, y algo interno, una especie de curación de alma, algo más etéreo digamos, como quien tiene esa angustia existencial…
¡Muy George Harrison lo tuyo! (risas…).
FA: (risas…) No, pero ¿viste que está el tipo que tiene esa angustia existencial, que vive triste?
RP: todos los artistas tienen un poco de esa tristeza escondida. Y siempre digo que hay letras que son de autoayuda.
Próximas presentaciones: 28 de noviembre en Urban Club de Córdoba, 4 de diciembre en el legendario Teatro Verdi de La Boca y 12 de febrero en Cosquin Rock.
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