
El 26 de abril de 1991 Walter Bulacio, 17 años, murió en el Sanatorio Mitre, una semana después de ser detenido arbitrariamente por la Policía Federal, la noche del 19 de abril, en la puerta del Estadio Obras a la espera del recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Junto a 73 personas más, incluyendo varios menores, Walter fue subido a los golpes a los colectivos preparados para el operativo policial que culminó en los calabozos de la comisaría 35º del barrio porteño de Nuñez. Allí el comisario, Miguel Angel Espósito lo golpeó brutalmente en la cabeza provocándole, días más tarde, la muerte.
Hoy, tras 20 años, el comisario sigue impune y no hay ningún detenido en la causa. En esta nota especial para lavaca, Julieta Colomer, una de las fundadoras de la Mesa de Escrache Popular, sintetiza lo que para su generación representa este caso.
Caer por estar parado
Un graffiti pintado en la pared de la comisaría 35º es el comienzo de una historia. La historia de Walter Bulacio. La historia que comienza luego de su muerte.
En la madrugada del 20 de abril, Nazareno, amigo de Walter, detenido junto a él, dejó grabado un mensaje en la pared del calabozo. Un año más tarde, en mayo de 1992, María del Carmen Verdú, abogada de la familia Bulacio e integrante de Correpi (Coordinadora de lucha contra la represión policial e institucional), organización nacida al calor de la movilización popular tras la muerte de Walter, comienza a descifrarlo al encontrar una fotografía de aquel graffit, dentro del expediente judicial: “Jorge, Walter, Kiko, Erik, Leo, Nico, Nazareno, Betu y Héctor. CAIMOS POR ESTAR PARADOS”. 19/4/91.
“Lo que quiso decir Nazareno -cuenta María del Carmen Verdú- es que los detuvieron por estar parados, haciendo nada, por estar inmóviles, pero para mí fue simbólico porque así de inmóvil estaba el conjunto del campo popular por aquellos años”.
¿Qué piensan los jóvenes que hoy tienen 20 años sobre el gatillo fácil y el accionar represivo de las fuerzas de seguridad? ¿Qué piensan de las detenciones arbitrarias por averiguación de antecedentes? ¿Qué saben del maltrato y las torturas en cárceles y comisarías? ¿Qué piensan los que aún no habían nacido cuando Walter moría, acerca de lo que es la seguridad? ¿Qué saben de la historia de Walter Bulacio, el joven de Aldo Bonzi, que murió a los 17 años y se convirtió en bandera?
María del Carmen Verdú, se dedicó a sistematizar el laberinto judicial que, en el transcurso de estos 20 años, transitó la causa Bulacio. En su libro Represión en democracia detalla minuciosamente “la larga serie de dictámenes y resoluciones judiciales que demuestran que el Estado Argentino y todos sus gobiernos democráticos desde 1991 han silenciado el caso garantizando la impunidad de los responsables y preservando sus herramientas represivas.”
Un cuadro sinóptico resume los trámites que insumió la causa, desde sus inicios en 1991, hasta diciembre de 2008. En 17 páginas, Verdú despliega cada paso en busca de justicia, que transitó desde los juzgados ordinarios hasta los tribunales internacionales de derechos humanos, obteniendo, en todos estos años, la misma respuesta: impunidad.
Las demoras judiciales para seguir el caso, la prisión preventiva al comisario Espósito sólo por el delito de privación ilegítima de la libertad, el sobreseimiento de los otros delitos, el sobreseimiento posterior del comisario procesado, son algunos ejemplos de las idas y vueltas que debió atravesar el caso. En 1997 ante la persistencia de demoras judiciales, que implican una violación a la obligación del Estado de administrar justicia, la abogada de la familia Bulacio presentó una denuncia contra el Estado Argentino ante la CIDH, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, considerando violados los derechos, garantizados por la Convención Interamericana de Derechos Humanos: a la vida, a la integridad física, a la libertad y a un recurso judicial sencillo y rápido.
Tortura es delito de Estado
Ante la respuesta de la justicia argentina la CIDH presentó la demanda del caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en enero de 2001. La sentencia de la Corte IDH condenó al Estado Argentino en septiembre de 2003 y ordenó dos cuestiones que aún no se cumplieron:
“Evidentemente -afirma Verdú- ningún gobierno se va a suicidar quitándole a su fuerza de seguridad las herramientas más útiles para ejercer el control social. Imaginate: si los policías no pudieran detener personas porque sí, quedaría absolutamente coartada la mecánica cotidiana del control, en sentido estricto, desde un punto de vista macro, y además se quedarían sin su fuente de recaudación, porque muchas de esas detenciones se aprovechan para la extorsión, sobre todo a los vendedores ambulantes, a personas en estado de prostitución, es decir a todos los que sobreviven en la vía pública”.
Más allá de la interpelación al Estado por la Corte Interamericana y del largo trayecto recorrido durante estos 20 años de impunidad, lo asombroso son los resultados de los juicios: la libertad de los condenados y procesados. Dice Verdú: “En los últimos 8 ó 10 juicios a los que hemos llegado con policías, gendarmes, servicios penitenciarios imputados por delitos con penas en expectativa de 25 años o de prisión perpetua, por homicidios simples, homicidios calificados, tortura, tortura seguida de muerte, en todos los casos llegaron al juicio en libertad y en la mayoría, aún condenados, se fueron en libertad. Situación que es totalmente impensable para cualquier ladrón de gallinas que se morfa la prisión preventiva aunque tenga la causa más idiota. Cuando los acusados son funcionarios públicos, los jueces y fiscales siempre buscan la vuelta para evitar la condena, para que la condena sea mínima o para que, aún si tienen que dar una condena un poco más alta, sean exonerados en un tiempo corto.”
El caso Walter Bulacio puso en cuestión la connivencia del aparato policial-judicial, puso en evidencia la práctica policial de las detenciones arbitrarias y la práctica judicial de la eterna dilación cuando los acusados son funcionarios públicos. “En este caso no se salva nadie -dice Verdú- ni los jueces ni los fiscales. Ya no les queda qué inventar y lo siguen inventando. Ahora estamos a las puertas de lo que va a ser la frutilla del postre de la impunidad con este juicio oral que llega mal, tarde, incompleto, que probablemente empiece en agosto. Ya se postergó porque tenía que empezar en abril, donde el único procesado que va a juicio es el comisario Miguel Angel Espósito, ninguno de sus mandantes fue indagado jamás a pesar de que existe reconocimiento oficial de que fue un crimen de Estado. A Espósito se lo va a juzgar únicamente por la privación ilegítima de la libertad. Ni por la muerte ni por las torturas, con lo cual la pena máxima será de 5 años”.
3.160
3.160 es la cantidad de jóvenes muertos por la represión policial desde 1983 a la actualidad, que Correpi lleva contabilizados para demostrar que no se trata de casos aislados, de “excesos o errores del personal policial” sino de una práctica sistemática basada en el control social y el disciplinamiento de los pibes pobres.
El caso Walter Bulacio dio visibilidad a los muchos otros que se dan cotidianamente en los barrios marginados de todo el país, en democracia y bajo el discurso de los sucesivos gobiernos que, aún hoy, siguen dando legitimidad a la autonomía de las fuerzas de seguridad. De ese modo simulan la desvinculación de responsabilidades de presidentes, gobernadores, intendentes, legisladores, jueces, fiscales, que parecieran no tener incidencia en el accionar policial.
A lo largo de estos años se han presentado variadas tesis, teorías e hipótesis acerca de la autonomía institucional de la policía. Los integrantes de Correpi, por su parte, también han acumulado experiencia y conocimiento y han desarrollado su propia teoría: la represión policial e institucional forma parte de una política de Estado: “No hay otro sistema de libertades en el marco de un sistema capitalista -afirma Verdú- no se ha inventado, ni se va a inventar en un largo tiempo, otra forma de garantizar la explotación que no sea por la fuerza, a través de la opresión. Y para garantizar esa opresión cuando alguien decide que no quiere andar con el lomo agachado, la única herramienta efectiva es la represión. Los distintos gobiernos democráticos, desde 1991 a la actualidad, se apoyaron en la fabricación de consenso, que es un tipo de represión más sutil, invisible y no percibida como represión. Por un lado, están los que concientemente piden el destacamento policial, la subcomisaría, facultades a los policías para detener pibes, endurecimiento del aparato represivo, baja de la edad de imputabilidad, porque saben que es el modo para garantizar sus privilegios. Y en el extremo opuesto, existe esa otra realidad de cómo ese discurso cala en los que son doblemente víctimas: de la explotación económica, y de esa operación de descerebramiento que les mete en la cabeza el sentido común de la clase enemiga.”
Botón de muestra
“El ensañamiento, la brutalidad con que actúa la policía se da más en aquellos uniformados que no quieren verse reconocidos en el negrito que detuvieron, sino que quieren ser como el comisario que va ‘peinado con alerta’, con sobretodo de pelo de camello y uñas manicureadas, y una casa de 3 o 4 millones de dólares”, dice Verdú.
Pienso entonces en el “Mataguachos de Fiorito”, el policía retirado José Antonio Pelozo, que había sido jefe de calle de la comisaría 5º de Villa Fiorito. En 2003 asesinó a Matías Bárzola. En 2002 Jorge Chaco González muere en un hospital a causa de las torturas que le aplicaron otros dos policías que integraban el mismo servicio de calle de la comisaría del barrio. Verdú me cuenta: “El Mataguachos vivía en Fiorito a 3 cuadras de la casa de Estela, mamá de Matías, y de Ramona, mamá del Chaco González, en una casita tan humilde como las de ellas. Él no se reconoce con intereses comunes con Estela y Ramona sino con la clase que defiende, y por eso su odio y resentimiento, típicos sentimientos del desclasado. Aparecen los argumentos sobre mejorar el sueldo a la policía o sobre educarlos en Derechos Humanos para que entiendan que están al servicio de la comunidad, para generar mejores vínculos entre vecinos y policías, como la policía de proximidad o la participación ciudadana en la gestión de políticas de seguridad. Pero todo ese discurso que suena tan progre y tentador, se cae como castillo de naipes cuando ves que el vecino que va a la comisaría a discutir con el comisario sobre el mapa de criminalidad del barrio, es el mismo que saca de la esquina a escopetazos a los hijos de sus vecinos. Pero además se cae cuando entendés que ese uniformado desclasado siempre va a tener el punto de vista del patrón, nunca del trabajador. El hecho de que provenga materialmente de la misma clase, incluso que venda su fuerza de trabajo a un sueldo que no le alcanza para vivir, no lo determina en la medida que no tiene conciencia. Y no la puede tener nunca porque precisamente son seleccionados de forma tal que, con el entrenamiento posterior, se elimine toda posibilidad de conciencia.”
Uno de los principales ejes de trabajo de Correpi en los barrios de Soldati, Lugano, La Boca y en el conurbano bonaerense se desarrolla en la búsqueda de herramientas que permitan generar la discusión, entre los vecinos, sobre los diferentes consensos y permisos que se establecen en los barrios, los prejuicios, la ignorancia, la falta de comunicación, lo que está bien, lo que está mal, el peligro que representa para algunos la invasión de Gendarmería, mientras que para otros es la única solución posible al problema de la inseguridad.
Organizate y luchá
Esa palabras parecen definir la propuesta de Correpi al llegar a cualquier barrio para dar una charla en la sociedad de fomento, escuelas, clubes de fútbol o directamente en la plaza del barrio. En estos encuentros, cuenta Verdú, “lo que menos hay que explicarles a los pibes es que la policía les pega, los verduguea, los quiere reclutar para robar. O que son los que dirigen las venta de merca en el barrio, que son los que administran los prostíbulos, que son los que hacen negocios con la venta de autos robados. Todo eso los pibes lo saben porque lo viven a diario. Lo que hay que lograr es que asuman la necesidad de organizarse para pelear y no decir ‘yo zafé’ como aparecía en las primeras declaraciones de los otros detenidos que estuvieron con Walter en la comisaría 35º. Cuando el juez les preguntaba qué hicieron después que los encerraron, todos contestaron: ‘Me quedé tranqui’. El disciplinamiento funciona y esa es la barrera que hay que atravesar: arrancar a fuerza de movilización, de denuncia, de presencia en la calle, esa idea metida como tatuaje en la piel de que tenés que quedarte tranqui, porque la vida es así y nada podés hacer”.
Las lecciones de Walter
Pregunto: ¿Qué nos enseñó el caso Bulacio como sociedad?
“Primero definí sociedad -me interpela Verdú-. Yo no uso ese término, no hay tal cosa como un ente único llamado sociedad. Hay un Estado en el que viven dos clases: los ricos y los pobres”.
Verdú sintetiza las enseñanzas que dejó el caso de Walter para demostrar su hipótesis:
¿Qué aprendí yo del caso Bulacio?
En el año 1991 yo tenía, como Walter, 17 años, me gustaban los Redondos e iba a recitales de rock. Comenzaba a participar del Centro de Estudiantes y a cuestionar las injusticias.
La experiencia de haber participado en la Mesa de Escrache Popular sin duda dejó marcada una huella, como aquel graffiti en la pared: un mensaje a descifrar, un punto de partida, una historia para contar.
El aprendizaje en el cuerpo que implica organizarse con otros para construir otra justicia, la que nace de abajo y se toma como propia. Aprender a sumar la voz al conjunto para no callar, a poner la memoria en acción para no ser indiferente a la impunidad, a no olvidar, a no delegar, a continuar la lucha de los que ya no están, recordándolos con alegría. Pero sobre todo, creo que en estos 20 años aprendí a cantar en cada recital, en cada manifestación, en cada escrache: “Yo sabía, yo sabía que a Bulacio lo mató la policía”.
Nch
April 26th, 2011 el 10:56 am
Walter, descanza en paz. En cada recital, en cada momento de injusticia, vas a estar ahí, tan callado y gritando tan fuerte.
ceci
April 26th, 2011 el 12:30 pm
Hablan de juicio y castigo a los represores de la dictadura, está perfecto. Pero estos represores de hoy, estos policias que salen a la calle y muchos ni siquieran conocen la ley ni respetan los derechos humanos, estos uniformados que tienen que defendernos hacen mucho daño y quedan impune.
JUICIO Y CASTIGO, no solo a los policias que no son capaces de cumplir su trabajo de cuidar y proteger a los ciudadanos, sino tambien a los jueces que los dejan impunes.
Mauro
April 28th, 2011 el 10:21 am
Yo sabía!! Yo sabía!!! Que a Walter, lo mató la policia!! Yuta HDP ya vamos a vengar la muerte de Walter.
La Banda Ricotera siempre te va a recordar Walter. Nadie es capaz de matarte en mi mente….
quesoruso
April 28th, 2011 el 1:39 pm
Basta de martirizar gente al pedo…
Tengo 23 recitales encima…. entre la Renga, los redondos, el indio, almafuerte y demas.
Dos veces cai en cana y debo reconocer que fui el culpable.
Asi que dejen de ser hipocritas y en vez de bardear al pedo en cada recital, canten y salten con alegria y nada de esto va a pasar…
Me podran decir cualquier cosa despues de esto pero en el fondo saben que es asi…
Santiago
April 29th, 2011 el 5:16 pm
Maurito, no seas paparulo pibe… recordar sí, vengar no, juicio y castigo, no pagar con la misma moneda… no hay que ser tan obtusos de mente como ellos. gente como vos es la gente que tanto mal le han hecho a los redondos, y son parte también de la ruptura… cuidemosnos el culito, y cuidemos el del indio también.
Gusti
June 6th, 2011 el 11:38 am
mi hno Walter espero que se haga justicia concimos tu caso a traves del libro que utilizamos en el colegio!
Penny Lane
June 25th, 2011 el 4:46 am
Hola Quesoruso. Lamento que hayas caído en cana más allá de que te hayas considerado culpable. Pero me parece que en el caso de Walter no tenemos más que a un pibe que no se bancó quedarse con las ganas de ver a los Redo y quiso entrar por un medio ilegal. Bueno, podríamos considerarlo "culpable" de haber hecho eso, pero también es un poco entendible, que se yo, era un pibe, quería ver a la banda que tanto le gustaba…ahora bien, este hecho..¿justifica la represión que se levantó ese día? 73 pibes fueron patoteados, golpeados y cargados a la fuerza en móviles policiales…¡73!. Walter sufrió la noche entera, lo cagaron a palos literalmente durante horas hasta dejarlo inconciente, hacerle vomitar sangre y finalmente: matarlo, asesinarlo. Y Walter es solo uno…uno de los miles de casos de pibes muertos por la represión de hoy, la represión estatal bajo gobiernos "democráticos"…¿No te parece un poco excesivo pagar con la muerte por haber querido entrar a ver un recital porque estaban las entradas agotadas?
Wala
June 25th, 2011 el 8:21 am
No está mal lo que decís está re bueno, pero ponele, como dice Penny Lane, por "afanarte" una entrada a recital, aún por insultar a alguien en la puerta que no te dejaba entrar, no se merece la muerte. Y SÍ totalmente de acuerdo, lo que importa en un recital es la música y la alegría, si la gente fuera en esos terminos todo sería mejor.
miqui
October 7th, 2011 el 2:12 am
yo soy de la generacion de water y los redondos y todos los que nombraron y si bien ya esa epoca se fue, no se olvida canciones como juguetes perdidos, y a veces veo a los jovenes redescubriendo, grupos de nuestra epoca y me pregunto si sabran que eran para nosotros?
July
October 14th, 2011 el 2:32 am
Era chica 8 años tenia, cuando paso lo de Walter, pero me acuerdo bien que fue una de las cosas que mas me marcaron la infancia, tenia la edad de el cuando antes de q los redondos se separaran pero me asustaba ir, ya mas de gran cuando me hice asidua a los recitales de rock, siempre lo recorde, mas aun en los recitales del indio, incluso en Junin ultimo, me sigue poniendo la piel de gallina, porque veo el abuso de poder, desde un patovica en boliche a la misma policia, y no necesariamente tenes que hacer algo para que te lleven, y me quedo pensando despues de un episodio asi, si ese chico no sera un futuro walter, porque, porque nunca se hizo justicia, eso es lo indignante!
Pensando en vos siempre, siempre recordandote…
diego ramirez
October 30th, 2011 el 10:40 am
http://www.youtube.com/watch?v=6rraH3goYnU
este es el homenaje de un grupo de ricoteros de mas d 33 años muy bueno el artuculo
ivan
January 31st, 2012 el 9:48 pm
yo no soy un ricotero desde hace tanto tiempo es mas me inicie en el rock hace muy poco solo un par de años nose 10 años o menos, a los redondos los conoci hace mucho menos todavia y todavia aprendo hacerca de ello, en un recital del indio escuche unas dedicatorias y me llamo la atencion la causa de walter, la verdad soy un poco ingnorante en el tema pero solo deceo q se haga justicia, a lo largo de los 23 años q tengo de vida tuve un par de cruces con la policia ,y no fueron por culpa mia, no por q me este lavando las manos sino por q en el momento en el q sucedio no tenia edad como para entender hacerca de estas cosas tenia una mente muy infantil, de todas maneras apollo a todos los rocanroleros e individuos q sufrierron algun abuso por parte de la autoridad, q se busque al culpable y q se lo juzgue con total seriedad y no se rian de las desgracias ajenas, esto me parece un poco parecido a lo sucedido en cromagnon, quiza fue por culpa de alguien q no aguanto la euforia de vivir a pleno un recital pero tambien la irresponsabilidad de los supuestos funcionarios q se ocupan de manejarnos politicamente, bueno solo queria dar mi apoyo y pesame a la flia bulacio, walter ojala estes en un mejor lugar y descances tranquilo, y siempre vas a estar en cada recital en cada canto popular y en cada corazon de los ricoteros q cantan sin parar…
thania
December 8th, 2012 el 4:22 pm
solo quiero decirte que goses del reino de dios y que
cuides a tu familia