Cada artista es una historia, un camino y una manera de ver la vida, que trata de plasmar a través de su obra. Abril Sosa nació llamándose Miguel, y se cambió el nombre, por cuestiones artísticas. Abril se considera un artista. Tiene 27 años y lleva más de la mitad de su vida dedicándose de manera profesional a la música.

Cuentos Borgeanos

Cuentos Borgeanos

Fue el joven baterista prodigio de la banda de rock Catupecu Machu, pero la abandonó en la cresta de la ola, para dedicarse a su proyecto Cuentos Borgeanos, una especie de tributo a hacia su autor favorito. Té verde de por medio, Abril nos contó sobre la fama, su escritura, su fanatismo literario y sobre el nuevo disco de la banda.

La escritura y el proceso creativo

Cada artista encara la creación de una manera distinta y personal. Abril no cree en la inspiración. “La musa es puro teatro, la creación involucra trabajo”, desafía el flaquito cantante. Luego se defiende con ejemplos: “Lennon y McCartney se pasaban la vida componiendo. El otro día lo escuché al guitarrista de Oasis decir que hacía 10 temas cada día, de los cuales solo 1 puede estar bueno. Hasta el escritor Gustave Flaubert decía: ‘99% trabajo, 1% inspiración’.

Abril se disculpa por citar escritores. Dice que, por orden del manager, tiene que limitar sus referencias literarias en las entrevistas por que él es músico, no escritor. Sin embargo, si se le apura un poco, se encuentra a un autor.

Se nota que te gusta la escritura ¿Cómo desahogás tus impulsos literarios?

Creo blogs, los cuales eventualmente desecho, como Sábato quemaba sus libros. No son tan lejanas las dos actividades. Yo creo que el cantante es un escritor demasiado exaltado como para sentarse a escribir.

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¿Y por qué elegís un blog y no la escritura tradicional?

Porque lo bueno que tiene el blog es esa onda del aforismo, del texto corto. A nadie le gusta leer mucho por Internet. La idea la saqué de la banda “Radiohead”, que tiene un blog donde te recomiendan una película o comparten pensamientos. El último que tuve lo cerré por que entramos a componer y, como no escribía nada y sentía la obligación de actualizarlo, terminaba poniendo cualquier cosa. También es lindo conservar el contacto directo con el público. Para no sentirnos tan especiales.

¿Para no dejarte llevar por el estrellato?

Sí, para no perder perspectiva. Una vez le escuché decir a Brad Pitt que, cuando te volvés famoso, todos te quieren, te tratan bien, te aman y si no te cuidas, te podés terminar creyendo una persona especial. Es cuestión de no estar ni muy estrella ni demasiado humilde. Me ha pasado de ir a una fiesta, hacer un chiste idiota y sentir que desencajo. La gente se desilusiona un poco cuando se entera que voy al baño.

¿Llegaste a escribir cosas más largas?

De chico escribí un montón de cosas que después deseche, de lo que hoy me arrepiento. Es que es un desánimo leer lo que se escribe. He tratado de escribir cosas, tengo muchos bocetos de ensayos, cuentos, novelas… Lo que me pasa es que después de escribir algo que me gusta, leo a Camilo Cela o a Juan Rulfo y me siento un idiota. Ahí desecho todo.

“Psicomágico”, el nuevo paso de la banda

Están preparando un nuevo disco ¿tiene algún tema particular?

Cuentos Borgeanos

Cuentos Borgeanos

Yo se lo quería dedicar al filósofo alemán Friedrich Nietzsche, pero a los chicos no les gustó la idea. Tampoco queremos convertirnos en una banda de elite, borgeana, intelectual. Capaz que alguien piensa que va a nuestro camarín y estamos leyendo, jugando al ajedrez y escuchando Brahms. Cosas que hacemos, pero no en ese momento.

¿Ya tiene nombre?

Probablemente se llame “Psicomágico”. La palabra viene del escritor chileno Alejandro Jodorowsky, que se propuso insertar el chamanismo en Europa. Estudió las doctrinas de Sigmund Freud y las mezcló con cosas de brujería, pero sin supersticiones. Entonces, a los enfermos, en vez de recetarles medicamentos, les ordena que realicen ciertos rituales para curarse. Se defiende diciendo que cuando uno va al médico y le recetan una pastilla, uno se la toma sin preguntarse de qué se trata, y luego se cura. De la misma manera, uno no debería cuestionar sus rituales, por ridículos que parezcan.

Como que lo que cura es la voluntad de querer curarse.

Claro, y eso lo dijo Freud antes, que el inconciente acepta la metáfora. Parecerá muy estúpido meterse 3 monedas en el culo y caminar hasta el Obelisco, pero en definitiva te cura.

¿Cómo definirías a este disco nuevo en relación a los anteriores?

Es el que menos edición tiene. Con toda la tecnología que tenemos disponible, es una tentación poder post producir y agregar cosas. Pero para éste disco, decidimos dejarlo todo más crudo. Usar muchas tomas en vivo. Es un poco más melancólico también y es un disco más complejo que “Felicidades”, nuestro disco anterior. Se abre más, es más jugado. Sin embargo, es muy digerible y fácil de escuchar. Siento que es la mejor expresión de lo que es la banda hoy en día.

¿Tu música sería la cura psicomágica en éste caso?

Claro, de hecho hay una canción de “Felicidades” que se llama “Mis Palabras”, que habla un poco de eso. La escribí luego de leer un mail que me mandó una chica, a la cual le pasaron una serie de cosas muy trágicas, que trató de suicidarse y que escuchando nuestra música pudo superar. Ese poder curativo para mí es mucho más copado que la plata o la fama.

¿Cuándo sale?

Seguramente lo tendremos para julio o agosto.

 

Cuentos Borgeanos

Cuentos Borgeanos

En el 2000, Catupecu Machu todavía era una banda joven con una fama respetable y 2 discos de estudio bajo el brazo. Ese año lanzó “Cuentos Decapitados”, y con él pudo consolidar su éxito y entrar en la masividad. Fue en éste disco en que Abril decidió abandonar el proyecto y armar Cuentos Borgeanos.

¿Qué hizo que te bajaras de Catupecu en su momento de éxito?

Mi intención en la música desde siempre fue llegar, expandirme. No pienso en el éxito en el sentido barato y superficial: ganar plata, llevar mucha gente e ir a hoteles caros. Lo pienso más en el sentido humano, espiritual. Que mi canción pueda ayudar a alguien y hacer lo que hizo el arte por mí. Es decir, yo soy artista gracias a Silvio (Rodríguez) y gracias a Borges. Quiero que mi música pueda alegrar a alguien, o ponerlo más triste, lo que sea que esté buscando.

¿Hubo algún episodio que te hizo consolidar tu desición?

No hubo nada puntual. La banda siempre se movió en un terreno de amor y amistad y primamos cuidar eso. Cuando empezaron los choques artísticos, preferimos cuidar la hermandad, por que si no, iba a haber conflicto seguro.

¿Y tu relación actual con tus ex compañeros como la llevas?

A Fernando (Ruíz Días, cantante de Catupecu Machu) lo conozco de chico, de mucho antes de que empezáramos con la banda. Me lleva 12 años y siempre tuvimos una relación muy cercana, casi paternal. Pero los caminos se abrieron. Aunque, inevitablemente, se volvieron a cruzar, Gaby (Ruíz Días, bajista de Catupecu Machu) terminó produciendo nuestro disco, y con Fernando sigo manteniendo una profunda amistad.

¿Cuándo te fuiste de la banda tuviste miedo de perder tu lugar en la música?

No, tengo suficiente fe en lo que hago y en el poder que tengo. Igual me fui de Catupecu convencido de que nunca más iba a ser músico. Toco desde los 12 años, y por la banda dejé de estudiar, no tengo ni el secundario terminado. Me quedaba siempre libre por ir a los ensayos de la banda. Pero surgió la oportunidad de formar “Cuentos Borgeanos” y tampoco nos va mal.

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