Calamaro tocará el 10 en el Orfeo de Córdoba, el 12 en el Club Ciudad de Buenos Aires y el 13 en el Luna Park. En una entrevista con el nuevo suplemento Vos de La Voz del Interior bancó a Maradona y reivindicó a la Mona. ¿Vuelve a la vida bohemia?

Andrés CalamaroAndrés Calamaro está viviendo una situación que, tiempito atrás, parecía utópica. Es un cantautor en plena actividad que disfruta de conciertos, rescata grabaciones y vive como “un burgués prolijo de izquierdas”.

Su presente sorprende porque en su pasado inmediato ejerció como un artista furtivo que le puso el cuerpo a las más extremas experiencias psicodélicas. “Tampoco debería extrañarnos tanto este presente –retruca vía e-mail–. No falta tanto para los 30 años desde que giramos con Los Abuelos de la Nada, y 25 desde que grabé mi primer disco solo”.

“Me pasé la vida entrenando para lo que siempre hice. Revisitar las rutas secundarias, los archivos, es revelador y es una divulgación justa, porque no siempre un disco lo refleja todo. Sin embargo, este balance antológico (de 10 años) que es Obras incompletas, es un buen artefacto para escuchar, para leer y para mirar mientras se extingue el ‘discosaurio’”, amplía.

Calamaro confiesa que siempre le gustó la carretera, esa forma de perder la noción del tiempo y el espacio en la ruta, aunque su “retiro abandónico” fue voluntario. “Pero nunca fui un cantante consagrado al cante puro. Siempre me sentí un instrumentista que cantaba algunas canciones no sin dificultades. Ahora, y habiendo retomado mis actividades naturales hace casi un lustro, sí puedo suponer que encontré la confianza, y la mecánica, para cantar muchas veces y soportar el peso escénico de un concierto sobre mi propia espalda. ¡Pero tampoco me creo James Brown!”.

Tiempo atrás

En los directos de Calamaro, todavía sigue pegando fuerte el tema Crímenes perfectos, de ese disco bisagra que resultó Alta suciedad (1997). En él alude a las particularidades de la quinta que (sobre) vivió el mundial del ‘78, y creció viendo a su alrededor paranoia y dolor.

–Hoy que se revisan los ’70 de todos, vale preguntar cómo fueron los tuyos.

–Cumplí mis 15 años en el peor año que recuerde nuestra historia. Ir a recitales, o fumarse un joint, era una situación de alto riesgo policial. Aunque hubiera sido más trágico tener cinco años más y militar en la izquierda revolucionaria. Puedo suponer que tuve suerte porque estoy vivo. Mi generación no tenía lugar ni en los cementerios. La paranoia, sin embargo, fue un estado bastante frecuente y justificado. “Que yo sea paranoico no quiere decir que no me estén persiguiendo” (dice la frase célebre). Así estaban las cosas.

–Dado tu presente feliz, tanto artística como sentimentalmente, ¿podés vivir un “lost weekend” como el que mostrás en uno de los DVD?

–No sé si voy a repetir una temporada, una cosecha tan brutal e interesante, como la de aquellos años “camboyanos”. Tampoco es ésta mi primera plenitud. No se puede descartar nada, la vida es un péndulo, y a todos nos esperan obstáculos y cambios. No me importaría reencarnarme en otro lost weekend. Sé que esa naturaleza bohemia está latente y en alguna estación del tiempo.

–El disco tiene arte soviet. A propósito, Indio Solari se asumió un hedonista ético, un burgués prolijo. ¿Vos serías comunista a secas?

–También soy un hedonista ético, y un burgués de izquierda. Casi un intelectual preocupado por mi país y por el mundo social.

–En tu blog rescataste a El Cabra, de Las Manos de Filippi, por haberse candidateado en las legislativas. ¿Es impensable que te decidas a participar políticamente?

–Adhiero al planteo de El Cabra, si alguien tiene las cosas claras tiene que militar en política. No obstante, la realidad y cierta acción, se desarrollan dentro del marco justicialista, que funciona como una Roma dentro de nuestro país. Nada es impensable, pero siendo músico de rock me parece más útil una candidatura testimonial (como la de El Cabra) como plataforma para impulsar ideas, que un papel de reparto en algún segmento del ejecutivo.

–También en tu blog, y a propósito de un análisis detallado de tu relación con Charly García, posteaste una foto de La Falda. Se los ve a Spinetta, Páez, García y a vos. Muchos considerarían esa cumbre como el Olimpo. ¿Qué recordás de esa edición del evento serrano?

–Creo que no toqué en esa edición, sólo canté con Federico Moura. Llegamos con Say No More en avión, estábamos levemente descontrolados. Yo conservé la levedad y terminé hablando con Enrique Symms y sacando fotos. Ensayé Carolina en camarines con los Virus. En aquel momento, la broma sería era proponer a Luis Alberto Spinetta como “presidente del rock”. Gloria Guerrero terminó con algún hueso roto.

–La caja antológica nos muestra diferentes métodos de grabaciones, de planteos en directo, entre otras cuestiones. No detalla demasiado sobre el tramo final de tu obra, la que corresponde a “La lengua popular”, donde aparentemente delegaste casi toda la producción en Cachorro López. ¿Esa será la metodología que emplearás de ahora en más?

–Después de El salmón, grabé asociado con grandes músicos y creadores, como son Javier Limón, Litto Nebbia y Cachorro López; El regreso (como el DVD made in Argentina) es un disco donde pesa mucho la voluntad, y el oficio, de los músicos-anteriormente-conocidos-como- Bersuit. De a poco estoy encontrando mi “nuevo lugar” en las producciones y los estudios de grabación. Ahora estoy más cerca de lo que es la forma de grabar prosaica del rock n`roll; con ensayos, con músicos que imponen su sonido y su estilo, y dedicado a mi track vocal y al concepto (sonido) general. Pero no descarto próximas formas de grabar discos en el futuro. Más experimentales entre lo más orgánico.

Poesía urbana

Al abordar el material audiovisual de la “caja” de Calamaro, uno puede apreciar el clip de Corazón en venta, realizado en un barrio donde podemos ver calles deterioradas junto a nuevos edificios de pisos en Barcelona y museos y donde también confluyen inmigrantes, tipos a los que la vida moderna arrasó, niños con todo por delante. En el de Bachicha la postal no difiere demasiado, aunque se trata de un caserío de Itatí. La sensación es que el solista encuentra cierto romanticismo en postales de pauperización urbana. “Corazón en venta fue realizado en El Raval, una barriada céntrica de Barcelona; un barrio de prostitutas y de inmigrantes, pero también pintoresco y cálido. Barcelona es una ciudad de un urbanismo inteligente y saben reciclar con elegancia los barrios bajos”, detalla.

“Bachicha es otra realidad, los humildes y los inmigrantes no encuentran el paraíso en el Gran Buenos Aires, pero sobreviven con la mayor dignidad posible, y en eso hay poesía, como lo hay en casi todo”, redondea.

–En el frenesí de shows, aviones, entrevistas, vida hogareña, ¿cómo mantenés el listón de la composición?

–No soy el compositor ritual que era antes, volví a una frecuencia más live. Tampoco creo que estas sean temporadas de muchas canciones, nadie está escribiendo mucho. Ahora busco excusas para no escribir; me gustaría salirme del formato de canciones de rock y poder hacer música para el cine, y generar otra naturaleza de grabaciones. Pero voy a ofrecer más discos y giras de rock; son mis años de intérprete, ahora me toca dar la cara por el repertorio que cultivé en los últimos 20 años. No sé cuando voy a firmar la próxima canción. Mañana, quizá.

–Hace poco hiciste una defensa airada de Maradona. Es evidente que sos un incondicional. Ahora bien, en ese gesto también puede filtrarse un sidieguismo que, personalmente, considero perjudicial para él. Quiero decir, uno puede cuestionarle cosas y no ser un fascista ni un desestabilizador. En algún punto, ¿no es un embole que los ídolos sean intocables?

–No soy sólo un incondicional, somos amigos. Pero Maradona es Maradona para todos. El pueblo lo quiso demasiado, y nos generó mucho orgullo para olvidarlo ahora. En la radio y en la televisión se escuchan groserías gratuitas todos los días. Y mucho más al pedo; tampoco soy un ‘sidieguista’, reaccioné contra la ‘clase media pensante’ que cada vez piensa menos, que es hipócrita y egoísta, que es responsable de la decadencia moral y social que sufre nuestro país.

–Ahora estás en España, un país que te permitió trabajar cuando aquí, quizá, no se te abrió el abanico de posibilidades. ¿Cómo está todo por allá? La sensación es que en Europa las cosas están difíciles, que ya no es la panacea. No parece estimulante ya ser un mileurista. ¿Cómo la ves?

–Este año viajé a España dos veces. Allá, la crisis es un poco más que la “sensación de crisis”. Sin embargo, el nivel de vida es europeo y sigue siendo el paraíso para cientos de miles de inmigrantes del segundo y el tercer mundo. Por lo visto, el modelo económico (la burbuja inmobiliaria, el turismo, la integración económica europea) no resiste mucho más. De todas maneras, entiendo que a nosotros, acostumbrados a nuestras crisis, ésta parezca más ligera.

–Una incómoda, cuando interpretás “La libertad” y se la dedicás a todos aquellos que están privados de ella, la gente aplaude, presta conformidad con el gesto. La exacerbación del mismo, ¿no creés que desactiva su fin?

–La Libertad no es un concepto ligero o liviano, y termina de definirse en la ausencia (de sí mismo, de la libertad). Para los presos es el divino tesoro, y la prisión también es una versión reducida de algunos de los sectores de la sociedad. La libertad debería provocar un pensamiento profundo y entenderse como una cuestión metafísica más allá de la vida reclusa. Estamos viviendo un tiempo de transición de los “ideales”, algunos principios se están agotando. Se respira una repugnancia por el delito violento y somos una sociedad más reaccionaria, hasta hace poco había un sentimiento más solidario con aquellos que están privados de la libertad, porque todos tenemos algún pariente, o amigo, que está en la cárcel o que la sufrió.

La Mona tiene historia

En Los chicos, tema de apertura de La lengua popular, Andrés alude a la figura del “Potro” Rodrigo, el chico cuartetero que vivió rápido y dejó buenas canciones.

–¿Te gustaba su obra, te seducía su imagen? ¿Ya no vienen entretenedores así?

–El gran entreteiner cordobés siempre fue Carlos “La Mona” Jiménez, aunque Rodrigo fue un auténtico fenómeno argentino y escribió importantes canciones, cuarteto de contenido social, vivió de prisa y murió muy joven. Rodrigo fue muy querido, un auténtico estallido, pero no creo que haya alcanzado los kilates escénicos “históricos” de Carlitos.

La entrevista completa de Germán Arrascaeta para Vos

Notas relacionadas: