
Se largó la tercera edición del Cosquín Rock con una afluencia de público realmente impresionante, llegado desde distintas partes del país. La crónica de nuestro enviado especial.
Sin lugar a dudas, estamos en Argentina y siempre hay un pero. La organización abrió pocas bocas de expendio para la venta de entradas y el desconcierto de los llegados sin su abono era mayúsculo. Por otro lado, dentro de la zona vallada la organización se hacia cargo de la venta de bebidas, importantísimas a la hora del refresco sobretodo si tenemos en cuenta el calor reinante en la ciudad serrana. Pero, acá viene el pero, se le sfue la mano con los precios: un vaso de cerveza cuesta $2,50 o una gaseosa de medio litro $2,00. Es lamentable, pero te sacaban la sed de prepo con estos valores.
En cuanto a lo musical, Las Vacas Sagradas de Mendoza abrieron el show a las 18:30, con un rock crudo que no alcanzó para llegar a la gente. Los que sí se metieron al público en el bolsillo fueron los oriundos de Tucumán, Karma Sudaca, que con su música simple y un poder más que interesante en la voz y el despliegue en el escenario hicieron emocionar con algunos acordes del Himno Nacional, sin duda lo mejor del tandem de bandas de menor reconocimiento que fue completado por Juan Terrenal de Córdoba, Natas de Capital e Hierrock de la capital cordobesa.
A desarmar las tarimas que antecedían y preparar todo para el set furioso de Carajo, que no deja de motivar a su gente y de asombrar a otros. Dicen que no le hace nada una mancha más, pero en Cosquín La Mancha de Rolando puso al público al palo con el mejor rocanroll que saben brindar los llegados desde Avellaneda, a pesar de suceder a Carajo y anteceder a Almafuerte.
Se debe empezar un párrafo nuevo para hablar de la comunión existente entre el ¿último? heavy metalero vivo en Argentina Ricardo Iorio, el ex lider V8 y Hermética, hoy dedicado exclusivamente a la voz de Almafuerte. Hizo lo que quiso en el escenario, toco más tiempo del debido y rajó a puteadas a todo el mundo, pero dejó bien en claro que el metal, hoy por hoy en Argentina, pasa por él. Para sintetizar el show, las palabras de un asistente: “vamos, ya terminó el Cosquin Rock. Ya está”.
Suerte que no le creímos y esperamos a Catupecu Machu. La banda venía mal barajada con algunos silbidos y agresiones verbales de los metaleros. Por un momento pareció que se iban a comer un viaje de aquellos, sin embargo apareció la gente de la banda y demostró todo el aguante que tiene el rock nacional. Por su parte, la agrupación devolvió con creces desde el escenario el apoyo recibido, con un Fernando Ruiz Díaz manejando la escena por completo y terminando en brazos de su público, por dos veces.
Los ánimos no daban para más. Ya habían pasado 7 horas, pero la gente queria más, más y más. Y le dieron pelota… llegaron Las Pelotas. “Cómo suena esta banda, vieja…”, “Aguante Germán, venimos desde Madryn, son lo más grande”. ¿Hace falta agragar algo a éstos comentarios? Los fans disfrutaron de un show caliente, que combinó temas nuevos con clásicos y despertó a mucha gente que estaba en la calle esperando éste momento, sin haber asistido a ninguno de los otros recitales.
Y si de momentos hablamos, llegó el cierre esperado, y digo esperado porque se sentía desde temprano el clima de fiesta en la calle, en la gente, en los cánticos entre banda y banda, en la alegría que hoy solo puede brindar Bersuit Vergarabat en cada uno de sus recitales.
Sería reiterativo para quienes hallan leido alguna de las crónicas anteriores con respecto al desempeño de Bersuit en vivo, pero vale la pena reiterar la entrega, la predisposición, el entusiasmo que pone la banda en cada show, sin importar si es un espectáculo propio o un megaevento. La banda de Cordera es una sola y hoy por hoy es la que sabe cómo hacer divertir a más de 14.000 almas.
Chau, a dormir se ha dicho porque este viernes el día será largo y nos espera mucho rock en la Plaza Próspero Molina. Ah, por si no sabían, son las 5:25 de la madrugada.
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