Con la excusa de presentar “Mucho +”, Babasónicos brindó un espectáculo rockero inimitable. Adrián Dargelos, su líder, sorteó el riesgo escénico con total naturalidad y mostró atributos de verdadero frontman.

Babasónicos. foto: Federico López Claro

Babasónicos. foto: Federico López Claro

El Babafest tuvo lugar en el Club Ciudad de Buenos Aires y convocó a más de quince mil fanáticas/os que bailaron hits de ayer, hoy y siempre. Coco, Travesti, Victoria Mil y Él Mató a un Policía Motorizado amenizaron la espera del estruendo sónico.

La grandilocuente escenografía no es noticia. Mejor pasemos al show. Un pequeñísimo desajuste en el bajo perturbó los primeros temas: “Cuello rojo”, “Escamas” y “El ídolo”. A partir de ese momento el sonido se acomodó, los Baba entraron en calor y desplegaron un repertorio sin contratiempos. Durante las dos horas de show incitaron a exteriorizar sentimientos reprimidos. Es que para ellos lo mal visto no significa nada. De hecho, el bochornoso atuendo de su cantante es una clara muestra de indiferencia. Pero Dargelos no estuvo solo. Además del sustento de Roger y Rodríguez en violas, Castellano en batería, Carca en bajo y Tuñón en teclados, contó con la compañía de una concurrencia mayoritariamente femenina, que coreó incansablemente los estribillos radiales de “El colmo”, “Pijamas”, “Irresponsables”, “Carismático”, “Yegua” y “Pendejo”.

D’Artagnan Dargelos no sabe de limitaciones actorales. Es un personaje y varios otros al mismo tiempo. Es caprichoso y salvaje. Intratable y desquiciado cuando la banda rockea. Se jacta de hermoso y luego ríe de sí mismo. Hace monerías, seduce el pie del micrófono y bailotea como sólo él sabe hacerlo. Es asfixiante, enferma, te pasa por arriba y de repente se atreve a ser meloso y tierno con melodías apacibles. Entretiene y entrega cánticos vertiginosos. Todo esto mientras se desliza y flota sobre la nube de vapor que azota al escenario. Inevitablemente, estamos frente a un modelo de estrella de rock, consagrado ya.

Promediando el recital llegaría el trance acústico con “Tóxica”, “Para lelos” y “El loco”. En la misma sintonía, “Los calientes”, quizá la canción mejor lograda de la historia del grupo, perdió peso. Su carácter eléctrico es fundamental, distintivo, no da lugar a disyuntivas. Eso sí, el campo mutó a Villa Cariño.

Babasónicos. foto: Federico López Claro

Babasónicos. foto: Federico López Claro

Hay que decirlo: hubo una GRAN novedad. Babasonicos evocó canciones de los noventa cuyo tinte moderno los caracterizó como los representantes del “nuevo rock argentino” junto a bandas en ascenso como Los Brujos, Peligrosos Gorriones y EOY. Así, repasaron “Natural” (Pasto/1992), “Montañas de agua” (Trance Zomba/1994), “¡Viva Satana!” (Dopádromo/1996) y “Seis vírgenes descalzas” (Babasónica/1997). En general sonaron renovadas, rockeras al mango y matizadas con un sonido un tanto más limpio que en los CD’s. Pero claro, Seis vírgenes… fue la excepción: distorsión extrema de guitarras y un bajo bien al frente obedeciendo al drama sonoro del disco. Babasonicos nunca peca de nostálgico, pero esta vez se burló hasta del diablo y conformó a los seguidores de la primera época. Sin lugar a dudas, fue el aspecto sobresaliente de la noche.

Luego de la munición cósmica de alto calibre erogada desde los teclados en “Y qué?”, “Putita” daría una tregua para encarar sin anestesia la última parte del show. Y nuevamente Tuñón recuperaría el protagonismo: despreocupado y mirón, se paseó por las pasarelas con una paz envidiable y a puro contraste con la catástrofe que se vivía al su alrededor: el ligerísimo tempo de “Estoy rabioso”. “¿Les pareció poco? Mal. No concuerdo con ustedes” decía un Dargelos extasiado, que segundos después, en “Microdancing” se batiría a duelo de baile con su hermano. La infame “Sin mi diablo” concluyó el setlist.

La promesa que alguna vez fueron, hoy es certeza: Babasónicos es garantía de buen gusto y arrogante rock. Los muchachos entienden a la perfección el concepto artístico de la impostura: fingen ser pop y son rock, simulan ser desfachatados y esconden su veta refinada, aparentan ser alocados pero están bien cuerdos. Todo juega alrededor de la ironía y la constante idea sugestiva. Esa es la receta Babasónica, una fórmula exitosa el último sábado en Ciudad.

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