España volvió a cobijar a un artista latino. A poco tiempo de la vuelta al Luna Park y en plena gira europea, Fito Páez hizo un stop en la capital catalana para contentar a un público cautivo y eternamente agradecido. El último sábado de abril ofreció un show muy entretenido y nostálgico ante una colmada sala Luz de Gas. “La mariposa sigue volando por Barcelona” aseguró.

Fito Páez en Barcelona. foto: Maite Poyo

Fito Páez en Barcelona. foto: Maite Poyo

Sonriente y sorprendido por la convocatoria, el fanático de Central hizo lo que mejor le sale: concentrar toda la atención, deslizar magistralmente sus dedos sobre un piano de cola negro y cantar a capella clásicos de toda su carrera. Canciones que, a esta altura, exceden al rock y adquieren categoría popular.

La encantadora atmósfera sonora de “Waltz for Marguie” abrió el espectáculo. Inmediatamente, las primeras palabras de seducción al público presente: “vine a pasar mi cuarto día en España a este lugar favorito y amado”. Las bromas y la interacción con la audiencia fueron una constante. Argentinos, sudamericanos e ibéricos conformaban la base. Enardecidos por la presencia del representante rosarino, animaron y completaron la fiesta de 18 canciones.

El repertorio transcurrió con “11 y 6”, “Eso que llevas ahí”, “Al lado del camino” y un popurrí entre “El amor después del amor” y “2 días en la vida”. “La rueda mágica” sentó uno de los instantes más emotivos de la noche. Es que la distancia geográfica potenciada por la melancolía argenta provocó un griterío desenfrenado, al unísono con “todos ya nos fuimos de casa, para tocar rock & roll”. Todos nos acordamos de Calamaro y especialmente de Charly. Recordamos sus locuras y excesos, pero también su talento hecho canción, disco, obra, etc. Y Fito también. Por eso, minutos después abandonó el piano y se montó una SG amarilla que aparentaba salirse del submarino que navegaba por su pecho. La sala se llenó de electricidad con los primeros acordes de “Cerca de la revolución”. La joyita de pulso rockero.

Una perlita fue el prólogo detrás de “El verdadero amar”, con detalles acerca del trasfondo de esta canción que, según sus palabras, comenzó siendo un demo de un guión de película. Fito matizó la anécdota con algunas carcajadas. Le seguiría un bloque de-mo-le-dor: “Dar es dar”, “Tumbas de la gloria”, “Ciudad de pobres corazones” y “A rodar mi vida”, ésta última con una proyección visual muy particular.

Sobre el final, de vuelta al escenario por expreso pedido del público, “Yo vengo a ofrecer mi corazón” dejó en silencio al selecto anfiteatro. Y el espíritu de Mercedes Sosa sobrevoló el lugar. De manera inmejorable y bien arriba, “Mariposa tecnicolor” concluyó la función.

Los privilegiados presentes recordarán por siempre esta presentación. Y Barcelona también. Fue un show muy convincente de principio a fin. Desde abajo, cargado de energía, y desde arriba, íntegro y compacto. La emoción como denominador común exaltó todos los sentimientos habidos y por haber. Y eso fue responsabilidad de Páez, que nuevamente demostró ser un gran artista.

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