El combo polifacético Vergarabat dio cátedra del descontrol en el Parque Independencia.

foto: Diario La CapitalBersuit Vergarabat presentó en el Estadio Cubierto de Newell’s, su último trabajo discográfico (“?”). Ese que en el front muestra un signo de interrogación, generado por la pelada de Gustavo Cordera, su carismático líder. Si bien el show tiene una base ambientalista, porque se evalúan los efectos secundarios de los decibeles y los desperdicios que arroja el evento, entregaron un concierto relevante y crítico como en los viejos tiempos. Pasaron dos años de la última visita a Rosario y la fecha se postergó un día más (del 6 al 7 de junio) por un partido de fútbol y aunque el sonido no fue de lo mejor, la puesta en escena y la innumerable cantidad de músicos sobre el escenario, perpetraron una noche completa y extensa, digna de congratular y festejar.

Y el siete de junio estuvo matizado para Rosario y La Vergarabat por varios puntos. 1) EL DIA DEL PERIODISTA: porque alguna vez el Pelado Cordera pisó la facultad de Comunicación Social. 2) EL CUMPLEAÑOS DEL CHE: en la semana previa de sus 80 años y a días, también, de que su estatua haya desembarcado en la ciudad. 3) LA MUERTE DE BERNY NEUSTADT: un hombre de prensa marcado por el oficialismo hacia el menemato, precisamente algo que en los 90’ caracterizó a La Bersuit, banda de sonido de la época, pero claro está, desde la otra vereda, la de la oposición férrea. Antes, La Morsa (banda ganadora de un concurso de celulares), calentó las tablas, rememorando “Crua chan” de Sumo, preparando la venida de otro calvo a la escena. En el mismo metro cuadrado convivían, la noche del sábado, una minita con botas de cuero, un tipo con carpeta y sweater canadiense, una embarazada y un querubín (“Don Leopardo” 1996) que se aunaba con el tribunero “de la cabeza con Bersuit Vergarabat”. Solamente una pantalla en el fondo del escenario, y en su parte superior una cartelera más bien parecida al ingreso de feria de pueblo, o cualquier telo austero. Rezaba: “Bersuit”, así a secas, perimetrado por lamparitas blancas que iluminaban a tientas la leyenda.

“¡Maldita espera!” dice en un fragmento, “¿Qué pasó?”, encargada de abrir el show después de un rencuentro banda-publico que se extendió por más de 700 días. Completamente enfundados en sus pijamas (negros) se coló “Laten bolas” y luego “Mi vida” de lo nuevo. “Me resisto a tener un celular” canta el Pelado entre samplers, aunque a esa altura de la noche habían proliferado las tecnologías y cada segundo estaba retratado en los teléfonos y cámaras fotográficas de la “monada” y aquellos curiosos de siempre. Recién en el tercer tema y tras la invitación de Cordera a “recuperar el espíritu de rebeldía”, el beat de “Rebelión” estuvo acompañado por un caluroso “buenas noches Rosario”. La cosa no terminó allí, porque ni bien visualizó una bandera en el público con el rostro del Che Guevara, el líder de Bersuit, la enarboló y luego de flamearla, regresó el estandarte a su dueño. La “debilidad por las putas”, se reflejó en “La soledad” y continuando con los ideales libertarios, se sumó la inefable “Murguita del sur” que contó con un solo del bajo de Pepe Céspedes y su posterior presentación.

Pasaron muchas cosas. En “Ansiando libertad” los más cercanos al escenario se dispusieron a sentarse y escuchar, para luego pararse y estallar en un aplauso justificado a la canción y al arrabal de Juan Subirá con su acordeón. El tecladista también se lució con su goyenechesca “Humor linyera” y el mensaje ítalo-repulsivo de “La vida boba”. Para el Pelado no fue “un recital de rock” sino “un baile” y obligó a Tito Verenzuela (guitarra) a subirse una “mofletuda” para dedicarle el cumbión todo terreno “Ebrio de sinrazón” como un Romeo a su Julieta pero en Morón o el Bajo Flores. ¿Cómo puede faltar “Tuyu”? con todo, un solo de Tito, el hardcore ocasional, y el baile pagano del are krishna, o “Yo tomo”, más cumbia hard que nunca, compañera del otro narco-track “La bolsa”. “Dejen de tirar la comida al suelo y devuelvan la bolsa hijos de p…” vociferó Cordera recontracaliente. Las contestatarias “En la ribera” o “Se viene”, que hacía rato no sonaba en lo rituales bersuiteros, fue desempolvada, luego de un discurso apocalíptico del Pelado (“¡se viene otro che!”) y “Sr. Cobranza” aggiornada en el verso “porque Menem, o Cristina, Menem se lo gana…”. También subió al escenario el músico local Pancho Chevez que compartió el fogón en “Un pacto” mientras el fuego iba mermando.

El Pelado hace su propio show. “¡Vamos a hacer todas eh! Esa que cantan también… ahora me calenté en serio… ¡estoy re caliente!”. Improvisando rimas, o cantándole a Marisel (“la más linda”) porque “todo lo demás es cotillón como dijo el Indio Solari”. Es rescatable el aporte de los maravillosos coreutas, el Cóndor Sbarbatti y Dani Suárez, que conforman un tridente con Cordera en casi todas las canciones y lo asisten cuando el frontman calvo no da más. Hubo tiempo para otros solos de guitarra. Osky Righi y Charly Bianco (que regresó a la banda) en la nómina incesante de músicos que van subiendo al escenario en esa familia que es la Bersuit. La lista se engrosó con “La petisa culona”, “De ahí soy yo”, “De onda”, “El gordo motoneta”, “El viejo de arriba” y la b-side “Veneno de humanidad” para cerrar con “Hociquito de ratón”, a lo Jim Morrison, haciendo culto al onanismo, frente a los pechos bamboleantes de mujeres que se entregaron al bacanal Vergarabat.

Lo único cuestionable es la pésima acústica del Estadio Cubierto de Newell’s pero es algo que excede a una banda que deja todo en cada concierto. Mucha coreografía y los coros del público que por momentos suplantaron a un Cordera antimetrosexual que entregó todo, bailando, gritando, puteando y moviéndose electrificado, teniendo que buscar soporte en la gente, y en los sublimes Dani y el Cóndor, compartiendo el prestigio con sus magníficos falsetes y aportes. Bersuit es la banda de la clase media por excelencia. El ambiente no es marginal como en otros recitales de bandas del ¿rock? vernáculo. Así y todo son de los grupos contados con los dedos de una mano que estuvieron en River Plate, pero su conocido desprecio hacia los grandes estadios los hace humildes y generosos en reductos como el del Parque Independencia en Rosario. Por una noche dejaron de lado la movida Greenpeace y regresaron a la impronta crítica que los llevó a la cima despachándose con un show que a más de uno dejó “de la cabeza”.

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