
Antes de pisar por tercera vez en su carrera el escenario del estadio Luna Park, Guillermo Bonetto reveló algunos secretos sobre el show, recordó el trabajo junto a Jim Fox en las nuevas canciones y analizó las razones que convirtieron a su banda en los referentes del género en Latinoamérica.
“El paso gigante” es el vigésimo segundo disco de estudio de Los Cafres; tiene 16 canciones producidas por Jim Fox que fueron meticulosamente seleccionadas porque coincidían con el concepto que el grupo desarrolló en el nuevo material. “Tanto el título del álbum como las canciones que le dan vida esconden la idea de un cambio trascendental, una génesis en la base, en los cimientos. Los temas hacen referencia a los pequeños movimientos del ser humano que provocan un gran impacto en él”, detalló Guillermo Bonetto, cantante y compositor de la banda, quien caracterizó a la nueva producción como “muy sincera lírica y musicalmente debido a que logramos plasmar todo lo que deseábamos desde el inicio hasta la finalización del proceso creativo”.
¿Cómo surgió la idea de “cambio, crisis, crecimiento” que le da linealidad al disco?
Lo que sucedió en este caso es que nunca trabajamos con un concepto puntual pero la creación se disparó para ese lado sin querer, de manera azarosa. Es parte del misterio del artista, a veces pones las cartas sobre la mesa con cierta intención y ocurre algo distinto a lo que imaginás. Fue todo muy natural, espontáneo y genuino Además, creo que también influyó la actualidad de Los Cafres como músicos: no somos los mismos que en el disco anterior porque hay otros intereses, otras búsquedas.
En temas como “Basta” o “Dale” el sonido combina algo de new roots con el estilo deejay en la manera de cantar. ¿Es en esas canciones donde el cambio y la búsqueda que mencionabas anteriormente se materializaron?
Creo que sí porque, precisamente, esos temas son puntos fuertes en el álbum, a mi parecer. A pesar de que me gusta mucho el rap y en discos anteriores también hay algunas canciones con ese estilo vocal, el sonido actual de la banda no es el mismo: hay otra velocidad, otro ritmo, más texturas… es diferente.
Jim Fox colaboró con ustedes en “Instinto”, el segundo disco de la banda. ¿Cómo fue volver a trabajar juntos en el nuevo material?
Fue una fantasía, un delirio y un privilegio. Hubo mucho cariño entre ambas partes y recuerdos de aquella primera vez en 1995. Cuando le contamos que aquel disco que él mezclo fue elegido como el mejor del reggae nacional ¡no lo podía creer! Su trabajo fue mágico y observarlo crear en tiempo real, demostraba a cada instante que además de ser un técnico es un artista. Su euforia contagia, su humildad sorprende y su dedicación es apasionante. No le importaba parar de trabajar para comer o para dormir se la pasaba en el estudio. Ahí notamos su compromiso y seriedad con las canciones que laburó: supo captar el espíritu de cada una de ellas, respetó su personalidad… por eso alcanzamos un resultado de primer nivel. Jim sabe muchísimo sobre el genero, es una eminencia. Supo sacarle el máximo rédito a nuestras virtudes y pulir ciertos detalles para mejorar nuestro trabajo.
“Casi q´ me pierdo” fue el primer corte de difusión de “El paso gigante” y tuvo mucho éxito debido a la respuesta del público que lo consagró como un nuevo hit. “La canción habla del hecho de darse cuenta del niño que uno fue y que después se olvida. Uno es responsable de los sucesos que van pasando en la vida, a dónde quiere llegar, a dónde está parado”, explicó Bonetto.
“Kaos” es el tema que la banda escogió para filmar su nuevo videoclip junto a Maximiliano Subiela De Biase. La canción habla de la vida, las necesidades y los sentimientos que todas las personas tienen. Su autor, el tecladista Claudio Illobre, aclara que “en ese kaos hay cosas buenas y malas que a la vida la hacen interesante: es un balance permanente”. Para la realización de este nuevo video, “Los Cafres” apuntaron a la búsqueda de un nuevo concepto y afirman que no tiene nada que ver con los anteriores videos del grupo. No hay un guión ni argumento y la sucesión de imágenes apunta a lo sensitivo, apelando a registros de circunstancias de la vida que forman nuestra cotidianeidad y que generalmente no nos detenemos a ver.
¿Cuál fue el motivo que te llevó a encargarte del arte de tapa del disco?
Yo soy dibujante y eso fue lo que me dio sustento durante todos los años de remar en Los Cafres. Mi primer contacto con el arte fue el dibujo. La música también pero entró en mi vida mucho después, Honestamente, no supe que iba a ser músico hasta grande: fantaseaba con cantar pero nunca me imaginé haciéndolo. De hecho, fui el único de los hermanos que no estudió música. Además, siempre fui muy tímido. En la escuela, por ejemplo, no era de los chicos que actuaban, todo lo contrario; No me moría por estar arriba de un escenario, lo odiaba. Lo hice más por una necesidad de expresión que por las ganas de figurar porque no fui extrovertido jamás. Con respecto al arte del disco, fui viendo para qué lado podía ir hasta que tuvimos el nombre. Quedó un dibujo bastante fuerte al final. No fue nada fácil, todo lo contrario, tuve una responsabilidad bastante estresante pero el resultado final nos pareció potable. Son todos dibujos hechos a mano, pero en una tableta digital.
Tienen varias canciones que lograron cruzar las fronteras del reggae para llegar a un público ajeno al género. ¿Qué valor le dan a esa situación que les permitió convertirse en una banda más popular?
Es algo maravilloso para uno como artista. Pero no hay que analizar demasiado esos momentos porque, quizás, te enroscás con cosas que no tienen sentido o no valen la pena. La música nace del ser humano, sea reggae, tango, rock o folcklore; es algo que todos llevamos adentro. Por eso hay alemanes, argentinos, japoneses o jamaiquinos que se identifican con el reggae… está en nuestro ADN. Todos vibramos de la misma manera con las canciones porque todos, en cierto punto, tenemos los mismos miedos, los mismos deseos, el mismo sistema nervioso o la misma composición celular. Entonces, cuando pensas que las cosas que creas pueden resultar ridículamente íntimas, te das cuenta que son las que hacen más ruido porque todos tenemos esa intimidad, esas fantasías y esas proyecciones.
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