
En la segunda fecha del festival Rock del Valle, en Tucumán, el clima conspiró contra el encuentro, pero aún así, más de 4.000 personas asistieron al momento cuando tocaron Massacre y Catupecu Machu.
A las seis de la tarde del sábado, cuando comenzó la segunda fecha de “Rock del Valle”, el viento levantó una gran cantidad de tierra, además del techo del escenario principal. A las 3.30 de la mañana del domingo, cuando Catupecu Machu tocó “Dale”, fue el público con sus saltos el encargado de levantar una ola de tierra, anticipando otra tormenta. “La calma que antecede la tormenta” dijo Fernando Ruiz Díaz; de ahí en adelante, fueron 15 minutos de un cierre que se caracterizó por un ida y vuelta de energía entre la banda y la gente.
La segunda fecha del encuentro se inauguró con una tarde fría y ventosa donde sólo algunos valientes se animaron a ir a hacer el aguante a las bandas tucumanas. Visaje fue el encargado de dar los primeros acordes de una jornada caracterizada por vibrantes sonidos y un público atento. En segundo lugar, y debutando, llegaron los chicos de Merkaba, que con un sonido más pesado lograron empezar a animar al público, que de a poco se olvidaba del clima hostil. Después llegó el turno de los Empleado del mes, que con un altavoz y un muy presente sintetizador, comenzaron a agitar al variado público que iba desde chicas con calzas leopardadas y bolsos enormes, a los clásicos personajes de la escena rockera tucumana con sus remera negras y su aguante a la música local.
De a poco, el tiempo fue cediendo, como entendiendo que no iba a parar el recital y la gente se animó a salir del escenario del Ente para recorrer las carpas que rodeaban el escenario central; muchos volvieron cuando Honky Tonk, con su rock and roll de los 60 logró que algunos de los chicos del público se animaran a bailar. Y ya con un escenario lleno, el alternativo, entró la gente de Aeropuerto que se llevó los aplausos del público y los Pecadores, que cerraron a puro rock el set tucumano.
En el ring
Eran alrededor de las 21y el escenario central no se recuperaba del viento, que además de volar el techo, desacomodó las luces y arruinó la batería. Mientras la gente esperaba por más rock, no dudaron en probar las actividades recreativas. Así, algunos se subían al ring de box, particularmente mujeres, mientras los chicos apostaban y aplaudían; los mismos aplausos se llevaban los que subían al toro mecánico y a los pocos segundos volaban por los aires. Otros probaban suerte en la rueda de la fortuna y algunos, más intrépidos, iban por nuevos tatuajes o piercings. “Se están prendiendo mucho más para los juegos, pero no tanto para los piercings”, dijo Mariana, una de las chicas que había asistido el día anterior.
Para evitar demoras, aparentemente, se decidió mandar alguno de los grupos porteños al escenario del Ente. La Banda de Turistas fue la encargada de comenzar con el set, que se llevó los aplausos del público, que en su mayoría no los conocía. Más rockeros que lo que se veían en sus videos, la banda se compró al público.
La siguiente agrupación fue The Tormentos, que con sus camisas de bowling y su surfer rock dieron inicio a una velada más rockera; sus seguidores, que aparentemente son varios en la provincia, pogueaban y cantaban sus temas. El show y el carisma de la banda levantaron a un público que al coro de “otra”, no quería que los Tormentos se vaya.
Ya acomodadas las luces y el sonido, y después de una breve prueba que velozmente acumuló a la gente en el escenario central, comenzaron los Natas, que con pocas letras y grandes temas dieron inicio al show en el escenario central. “Esta banda es re delirante, está buenísima”, dijo Marcos, que mientras disfrutaba del show stoner, se reprochaba haberse perdido The Tormentos. Mientras, paralelamente, se terminaban las presentaciones de las bandas en el escenario del Ente, con la presentación de Quedate así.
Luego de un largo receso, que hizo que la mayoría de la gente se acumulara en las distintas carpas para comer o seguir probando suerte en los juegos, llegaron los Massacre, que con los primeros acordes de “La octava maravilla”, hicieron al público saltar y cantar. Así, con pogos, gente aventándose de un lado a otro y toda la puesta en escena de Wallas, cantante de Massacre, que sacó pandereta, sombreros, máscaras y algunos bizarros muñecos, supo entretener a su público, no sólo con los grandes hits de “El mamut”, sino además con un recorrido por sus anteriores trabajos, que no dudaron en corear los fanáticos de esta banda de culto. Al anuncio de “esto es arte, entretenimiento y cultura”, Wallas tiró un par de reclamos y chistes, mientras que su público disfrutaba de sus grandes temas como “Invasoras amazonas”, “Divorcio” y “La reina de marte”. Luego de los Massacre el público se repartía en las distintas carpas y fue la electrónica de Norte una de las preferidas. Mientras, otros, menos friolentos o más rockeros, se iban amontonando cerca del escenario.
Con los clásicos
A las 1.30 aproximadamente subió Catupecu Machu, y con el marcado bajo de su último tema, “Confusión”, comenzó un show de más de dos horas de puro rock. Aunque parte del público se prendió con los temas de su último CD, “Simetría de Moebius”, la verdadera fiesta comenzó con sus grandes clásicos. “A veces vuelvo” fue coreado por el público a todo pulmón mientras Fernando y Cáceres, el bajista, miraban al predio con una sonrisa de satisfacción. “Magia Veneno”, “Hechizo”, “El viaje del miedo” y “Seguir viviendo sin tu amor” (versión del tema de Luis Spinetta), fueron algunos de los temas que hicieron saltar al público. Otros puntos cumbres fueron cuando Ruiz Díaz empezó a invitar a otros artistas el escenario. Así, cuando Wallas y Pablo M, de Massacre, subieron a cantar “Plan B: Anhelo de satisfacción”, el público estalló entre pogos y coros, escuchando a estas dos grandes bandas juntas. “Massacre, uno de los tesoros ocultos de la música Argentina, que ahora salió al estrellato”, dijo Fernando, después de tocar el tema que compuso Massacre años atrás. El segundo invitado de la noche fue Pichu Serniotti (que toco el bajo en Catupecu, y fue el primero que reemplazó a Gaby).
Ya acercándose el final de la noche, comenzaron los primeros acordes de “Dale” y la gente del pogo no dudó en hacer un círculo y prepararse para un potente pogo. Por más de diez minutos, con pausas y conversaciones entre el público y la banda se vibró un muy emocionante final del show. La tierra subía a cada “Dale” que gritaba Ruiz Díaz y la gente respondía con saltos y gritos.
Evitando el teatro, Ruiz Díaz anunció: “Ahora vamos a hacer como que nos vamos y ustedes tienen que gritar ‘¡otra!’ “. El público se prendió, y ante el amague de la retirada pidió un regreso, después de imitar los agradecimientos de Robbie Williams en un raro castellano, Catupecu Machu volvió y haciendo un combinado entre “Eso vive” y “Lo que quiero es que pises sin el suelo”, terminó la segunda noche del festival con 4.000 personas que pudieron disfrutar de lo más variado y potente del rock nacional.
La crónica completa en La Gaceta
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