Todo estaba en su lugar. El tránsito lento por Libertador, las vallas y las corridas con la entrada en la mano. Las radios transmitiendo en vivo desde el predio, la prensa en su búnker al costado del escenario. Todo estaba en su lugar como si fuera un evento más… pero era el último.

Gustavo Cerati. foto: Federico Balestrero

Gustavo Cerati. foto: Federico Balestrero

Gustavo Cerati fue el elegido para cerrar las persianas del Club Ciudad de Buenos Aires, sede de grandes momentos musicales, que a partir de ayer vio culminado su ciclo de recitales. El motivo: quejas varias de los vecinos, que argumentan un impacto ambiental negativo a causa de las multitudes y el volumen de los shows.

La presentación local de Fuerza Natural, su disco más reciente, se hizo esperar una noche más a causa del temporal -como dijo el frontman, mejor no desafiar a las fuerzas naturales – pero valió la pena: un show de 2 hs y media, un Cerati relajado, ameno y en constante feedback con el público y un verdadero viaje a través del tiempo que arrancó desde lo más cercano.

El primer tramo del show se centró en Fuerza Natural, un detalle que marcó la diferencia: no hizo falta recurrir a los hits intermedios para mantener el atractivo. La puesta en escena, a cargo de Martin Philips (el mismo ingeniero que diseñó la puesta de Soda Stereo en la gira regreso, y trabajó con monstruos de la talla de Daft PunkNine Inch Nails) acompañó la variedad de climas: de la euforia en “Rapto”“Deja Vu”, a la magia de “Cactus”. El tinte country, folk y por momentos espacial de Fuerza Natural encabezó la lista casi en su totalidad.

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Luego de un breve cambio de vestuario, del antifaz y el negro rotundo al blanco inmaculado, el frontman empuñó guitarra y banquito para ofrecer un pequeño homenaje a Mercedes Sosa: una versión (mitad acústica, mitad eléctrica) de ”Zona de Promesas“ que actuaría como bisagra, dividiendo la noche en dos.

La segunda mitad fue un repaso por su carrera solista, que incluso recordó su etapa junto a Melero en Colores Santos (“Marea de Venus”), convirtió el campo en dancefloor (“Cosas Imposibles”; “Paseo Inmoral”) regaló pasajes sublimes como “Vivo” o “Crimen”, y hasta una zapada eterna en “He visto a Lucy”, acompañado por los vientos de Gillespi. Ahí vamos se hizo presente sobre el final, con “Jugo de Luna”, “Adiós” y “Lago en el cielo”, aunque el broche de oro definitivo lo puso “#”, el track oculto de Fuerza Natural que Gustavo reservó para el último bis.

Cerati había prometido “tocar fuerte, total es el último”, y cumplió: junto a Gonzalo CórdobaRichard Coleman - el ícono del gótico, increíblemente vestido de blanco y ovacionado sobre el final- desplegó todo su potencial guitarrero, que se completó con el Master of the Universe Leandro Fresco en teclados y sintesFernando Samalea en batería, Fernando Nalé en bajo y una infartante Anita Alvarez de Toledo, en los coros.

Así, reafirmando  con un nuevo y exitoso trabajo su condición de figura ilustre dentro del rock local, Cerati despidió el año, y como buen portador de la llave de la ciudad, fue el encargado de echarle el cerrojo al Club Ciudad de Buenos Aires, una de las grandes sedes de la música durante la última década.

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