
La música contemporánea nacional ha contado entre sus filas a múltiples exploradores que canalizaron, a través de diversas expresiones, un sentimiento surgido o recogido de la propia ciudad que habitan. En Buenos Aires, han proliferado manifestaciones musicales con tintes sencillos y cotidianos, que manifiestan un contacto concreto entre el artista y sus realidades. Rodolfo Haerle emprendió dicha propuesta hace mucho tiempo atrás, y actualmente se encuentra abordándola, incorporándole matices que enriquecen una expresión ciudadana.
Publicado en Revista Pelo
La tendencia expresiva que encara Rodolfo Haerle puede ser considerada, a pesar de sus 10 años de vida, reciente; se trata de una propuesta eminentemente distinta de las que proyectan grupos que reciben influencias bastante más ajenas al sonido considerado “urbano”. “Considero que lo importante – expone Haerle – es que la gente vaya tomando conciencia de este tipo de música, que la vaya conociendo, que tome un contacto directo con esta expresión nutrida de elementos ciudadanos.”
Los comienzos artísticos de Haerle se remontan a los años ’72 y ’73 en presentaciones que efectuaba, junto a solistas que se enrolaban en su misma línea, en café-concerts. De aquellos espectáculos, Rodolfo Haerle extrajo una experiencia muy positiva, debido al contacto que mantenía con el público que empezaba a seguirlo.
“La gente estaba convencida de que esos espectáculos eran mucho más caros que los recitales comunes, y entonces desgraciadamente, no concurría en gran cantidad. Nosotros nos encargábamos de distribuir volantes por las calles o por las disquerías, porque tampoco tenían demasiada difusión. Lo importante fue que la gente que asistía salía muy impresionada, y contagiaba a sus amigos o a los conocidos para presenciar las funciones.”
En noviembre del ’75, Haerle comenzó a grabar su álbum, que salió a la venta hace pocos meses, y lo concluyó de grabar en abril de 1976. La demora de ese trabajo no se debió a una sofisticado depuración del sonido del disco sino a diversos contratiempos que impidieron una edición anterior. Ese álbum fue grabado en tan sólo dieciocho horas.
Ese trabajo discográfico registra las composiciones de los primeros pasos de Haerle. “Yo me propuse trabajar – dijo el solista – en forma cronológica; es decir, el próximo álbum que grabe no, registrará los temas que interpreto actualmente, sino que estará integrado por los temas que hacía el año pasado. Me interesa respetar las etapas que voy encarando progresivamente. Yo estoy frente al problema de no contar con un apoyo que me posibilite sustentar las cosas que realizo, a nivel económico; de modo que lo que intento, al tener que hacer las cosas solo, es ir armándolas de la manera que las siento. Aunque eso implica el tener que ocuparme de todas y cada una de las cosas que efectúo, desde repartir volantes, hasta cargar los equipos para hacer una presentación.”
Las diferencias musicales que experimenta Haerle están sustentadas sobre bases concretas y determinadas; consiste en la utilización de ciertas aperturas musicales, bossa, tango y presentar una armonía que conserve, o que transporte, los valores trascendentes de una propuesta evidentemente distinta.
“Las transformaciones musicales que, paulatinamente, parten de mis temas son el producto de mis contactos con distintas músicas, las diferencias que presentan las composiciones anteriores con respecto a las actuales son más que nada de origen técnico.”
Indudablemente, las facetas poéticas cobran radical importancia en el espíritu expresivo utilizado por Haerle. Mediante ellas es posible reflejar los matices de una realidad concreta.
“Además de cumplir un papel estético, las letras desempeñan la función del mensaje que proyectan; el contenido de la poesía que utilizo siempre tiene que ver con cosas reales, yo no estoy contando cuentos. No pretendo que mis letras den consejos o instrucciones, eso lo detesto; considero que encararlo de ese modo traduce, inconscientemente, cierta falta de respeto hacia el público.”
Rescatar los valores armónicos ciudadanos implica ser consciente de todo un contexto musical que abarca distintas influencias expresivas y convergen en una propuesta musical determinada. Para no correr los riesgos de manifestar una entrega hibridizada, se hace necesario evaluar sintéticamente los puntos de contacto que se asocian a una resultante estética concreta.
“Puedo relacionar mis composiciones con características de la música norteamericana, brasileña y con características de la música evolucionada nacional. Se trata de una síntesis de eso; tomar la armonía de la música brasileña, no hacer bossa nova; rascatar el swing de ciertos períodos musicales estadounidenses y las cosas argentinas que puedan fusionarse con todo lo demás. Esto último no significa tomar una o una zamba; se trata de combinar armonías coherentemente, y como ejemplo sirve lo que realiza Rodolfo Alchourrón.”
El tipo de música que, produce Rodolfo Haerle se aleja, en cierto modo, de los esquemas habituales que recibió el público argentino desde la gestación del rock nacional. Haerle atribuye el hecho a posibles estancamientos evolutivos; al descuido de una evolución creativa que exija, al público y al artista, abordar propuestas que posean constantes aperturas armónicas.
“Se hace imprescindible aprovechar los valores que proporcionaron en su época Los Gatos, o Almendra, pero con el propósitos de crecer a través de ellos. Rescatar de aquellas aperturas novedosas los matices trascendentes que poseyeron y madurar, mediante ellos, producciones que no se estanquen. A veces por ese mismo motivo, por querer ser evolucionado, por no querer estancarse, suceden fenómenos como los de Piazzolla, que necesitó triunfar en Europa para ser más considerado en Argentina.”
La música contemporánea nacional atravesó períodos de receptividad diversos, donde mucho tuvieron que ver las constantes expresivas que se fueron llevando a cabo paulatinamente. Actualmente existen “espíritus renovados” que insertan esquemas atrayentes, en cuanto a singularidades musicales se refiere. Se percibe cierta toma de conciencia, por parte de los músicos y del público, de considerar más seriamente valores musicales nacionales que durante mucho tiempo estuvieron ignorados misteriosamente. Hay una suerte de resurgimiento de los valores armónicos propios que se proyectan fusionados a temáticas qué resultan más ricas debido a tal complementación.
“Hace mucho tiempo atrás, había dos alternativas, o estabas en la onda de los Beatles o en la de los Rollings. Ahora la alternativa consiste en estar dentro de la onda de Genesis, Yes, o Érnerson, o en la onda de rock pesado. Siempre estamos con River o con Boca, pero siempre pensando en lo de afuera; y el tipo que piensa en lo de aquí no tiene apoyo. Es inconcebible que Manolo Juárez, con el tercer long play, haya vendido solamente trescientas copias”.
La propuesta de Rodolfo Haerle permanece abierta; su intención primitiva, nacida en Córdoba hace cinco años, permanece intacta y la evolución musical que sobre ella recae permite advertir valores concretos de una producción equilibrada.
Deja un comentario.