
La torrencial lluvia de la medianoche no pudo con tanto rock: Ratones Paranoicos, Las Pelotas, Intoxicados y Los Gardelitos resistieron una noche de tormenta.
La crónica de Nicolás Marchetti (para La Voz del Interior)
Eran las 23.20 cuando las 25 mil personas que se encontraban en el predio de la comuna San Roque empezaron a corear la línea de bajo de Reggae para Mirtha, de Intoxicados. Pity Álvarez y los suyos llegaron después de Las Pelotas, cuyo set se vio amenazado por una tormenta, que finalmente devino en lluvia torrencial a la medianoche.
Lo de Pity pintaba para memorable. Estaba enchufado y sacándole el jugo a una excelente banda con dos bateristas, un percusionista (Bam Bam Miranda) y cuatro hombres en los bronces. Intoxicados siguió con Pila pila (esa extraña ranchera que es el adelanto del nuevo disco), De la guitarra, Se fue al cielo y Lo artesanal, más un anticipo del nuevo disco, un rocanrol al mejor estilo Viejas Locas.
La tormenta fue intensa pero no se adueñó de la fiesta: hacia las 0.30 la lluvia había convertido las calles aledañas al predio en auténticos ríos de barro, y mientras el público protagonizaba un éxodo masivo en busca de algún refugio contra el agua tanto Intoxicados, en el escenario principal, como Dos Minutos, en el temático, siguieron tocando.
Comienzo cordobés. Pero todo comenzó a las 17 con Electrosaurio, los cordobeses que juegan con guitarras prepotentes y destellos electrónicos de la mano del ex Los Navarros Julio Anastasía. Los “saurios” (su show incluyó un toppless de una groupie cordobesa –que las hay, las hay–) inauguraron la jornada de un festival que se mostró en la mejor de sus formas en materia organizativa.
El ritual del rock en la montaña siguió con Ojos Locos, quienes demostraron que el concepto barrial sigue en pie más allá de los días complicados que viven Callejeros y Jóvenes Pordioseros, dos banderas que supieron volar alto pero que hoy derivan a media asta.
Pero fue El Bordo la banda que levantó el primer gran agite de la tarde. Su cantante Ale Kurz dijo sentirse contento con eso de ser parte de el “Woodstock argentino”, una idea que suena romántica para lo que uno y otro festival representan en materia artística, pero que hablando de misticismo, parece resistir la exageración.
El Bordo mejoró la imagen del año anterior y dejó sentada esa posición de estar “en la vereda de enfrente” del rock barrial, con condimentos grunge y sales líricas en contra del “reviente” suburbano y a favor del reparo que brindan lugares cósmicos, como Yacanto de Calamuchita.
Sigue girando. A las 19, Herederos representaba de la mejor manera al punk rock cordobés en el escenario temático y Pier subía al principal. Lo de los hermanos Cerezo fue lo de siempre: una guitarra con intenciones épicas a todo volumen y la palabra “nena” cada tanto.
Sin embargo, los Cerezo son los dueños de Sacrificio y rock and roll, que ayer fue el primer himno de difusión masiva que sobrevoló el predio.
Minutos más tarde, la grilla empezaba a tener consistencia artística. Con la amenaza latente de tormenta, Los Ratones Paranoicos subieron por “su pedazo” sin que a Juanse y a los suyos les importen cuestiones climáticas. El queso que buscaron fue un público carente de satisfacción y cautivo por las sensaciones que generan sus versiones de Estrella, Ya morí, Sigue girando o Cowboy, sólo por citar a algunos de los mejores hits de un grupo fundamental y que, para bienes, recuperó a su primer bajista (Pablo Memi). Juanse dijo sentirse “poco telefónico” pero igual invitó a Alejandro Sokol a cantar El rock del gato. Una rareza bienvenida en tiempos en que esos gestos no abundan.
Al término de su set, el “vamo, vamo, vamo, Las Pelooooo” empezó a bajar desde la montaña y los fieles peloteros se hicieron del pogódromo de allá abajo.
Las pelotas dividió su show en dos partes: la primera netamente dedicada a Basta, su último disco, donde Alejandro Sokol apenas mete algunos bocadillos; y la segunda, donde repasaron los temas que todos quieren escuchar (Bombachitas rosas, Shine). Hubo referencia a Julio López en Desaparecido y a “Largo” Juárez en Sin hilo.
Cuando Sokol metió la cuchara Las Pelotas levantó vuelo con su intensidad interpretativa, pero también paró el concierto cuando un grupo de revoltosos insinuó una pelea en la arena. Mientras algunos integrantes de Los Piojos disfrutaban del show de Las Pelotas desde el Vip, la tormenta ya se hacía inminente.
Luego, Intoxicados, la lluvia, y, cerca de la 1 y ante un público reducido por el agua, Los Gardelitos cerraban la segunda velada del escenario principal.
Una clase del profe “Pil”
Es evidente que Pil, cantante de Los Violadores, no va al mismo profesor de canto que Ciro Pertusi. Lejos de estar presentable para afrontar su show en el temático (que fue punk, obvio), el hombre enrolado como Enrique Chalar hace más de 40 años salió con la garganta hecha pedazos y nada lookeado. No es que deje su leyenda librada a su suerte, sólo que entiende por punk lo mismo que The Clash; esto es, un movimiento para ser usado como herramienta política, por sobre todas las cosas. Ok, es música ruidosa para gente revoltosa, como plantea el tema Violadores de la ley, pero también un vehículo para entender al mundo. Sobre eso dio cuenta en el tramo inicial de concierto de anoche, cuando la lista de temas pasó por los virulentos Guerra total y Sin ataduras, con letras que explican eso de que el mundo está partido en dos bloques bien distintos: “Los pequeños burgueses sirviendo al capitalismo y los idiotas útiles al comunismo”. La clase de geopolítica continuó con el western Más allá del bien, más allá del mal, un cuento que termina con “una bota pateando un tablero de ajedrez”. Un gesto pedagógico necesario ante un público muy domesticado para tomar cerveza y ser paladín de la anarquía sin pensar demasiado de qué va todo. Si bien la referencia ideológica fue The Clash, la estética fue Sex Pistols, de quien se acercó un cover de Hollidays In The Sun y se plagió la expresión “Dios salve a la reina… Cristina”.
Antes, por el mismo tablado salieron airosos los cordobeses Maltrato (carismáticos, con buena actitud) y los ya fogueados Herederos (clamaron, como Las Pelotas, por la aparición con vida de Julio López). El orgullo local, a salvo.
También había desfilado una versión de Flema, que resucitó un clásico que Ricky Espinosa legó para el fundamental compilado Invasión ’88 y que dice: “En la esquina voy a vomitar, al que pase voy a salpicar”. Caretofobia a full.
El show de ‘2, a la medianoche, también alcanzó a cerrar antes del vendaval.
Neutralizados y poco poblados
(por Juliana Rodríguez)
Si el viernes el Nitro fue de lo más interesante, anoche fue el más previsible. A las 18.20, Viabba se despedía, con poquita gente, en una tarde a pleno sol que había secado el barro de la jornada anterior. Un minipogo, formado por fans importados de Buenos Aires, los despidió, para dar paso a Fulgura, que también se trajo barra propia, banderas, calcos, papelitos y demás souvenirs panfletarios, claves para una banda que, como otras, tiene en el aguante rollinga su mayor apuesta. Y casi única. Dieron material con el que Pomelo haría dulce, le cantaron a la calle, los vicios y la birra, cosa que Juanse viene haciendo (pero con mucho más estilo) hace años.
En riguroso orden y puntualidad, siguió Ravioles. Más rockanrol de consignas, aunque con un sonido más maduro y prolijo. Mientras Pier por un lado, y Flema por otro en los demás escenarios se quedaban con la mayoría del público, unos pocos se nuclearon en el Nitro. Si uno venía de lejos, parecía que Manu Moretti entonaba un tema, pero no era Estelares, sino 4 al Hilo, el único crédito local, que enseguida negó el parecido con un rock de guitarras convencional. El hit, una versión de Luna, de la Mona Jiménez.
Pampa Yacuza juntó un poco más de curiosos, pero los aires latinos, mestizos, el reggae y el ska no bastaron para aumentar la convocatoria. Con las primeras gotas y el viento frío llegó Vetamadre, con un clima de tormenta óptimo para su propuesta. Pero la lluvia los hizo arrebatar su show, que terminó antes. Abajo, quedaban unos pocos fieles a Rescate, que cantaban los temas a capella, a la espera de la banda. Hasta las 22, el bautismo de los chicos cristianos en el recital profano cordobés estaba en serias dudas por la garúa que, otra vez, aguó los planes de ese escenario. Si paraba de llover, iban a presentarse.
caterin
April 23rd, 2009 el 5:04 pm
hla amo a los chicos del bordo..