Un disco debut puede ser una puerta para descubrir una gran banda. Es el caso de Doña María, que sorprende con su originalidad para incorporar nuevas tecnologías, dub, hip hop y raggamufin al material arcilloso y permeable de los ritmos del norte argentino.

Concebida en el Oeste, la banda impregna temas anónimos y populares con un trazo urbano y grafitero. Son un ejemplo: la potente “Plantita de alhelí”; la versión remix de “Ya me voy” (recopilación de Isabel Aretz) y la lisérgica cumbia “El pescador”, que recuerda a “Malón”, de los Babasónicos. Poniendo color, intensidad y diferentes texturas – scratching y programaciones junto a instrumentos acústicos como el contrabajo, la guitarra o la percusión-, Doña María crea su sorprendente iconografía del copy/paste. Espíritu festivo, irreverencia y una potencia para borrar los límites entre el rock y el folklore. En buena hora.

La crónica de Gabriel Plaza, para La Nación.

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