El su debut discográfico, Dread Mar I demuestra una madurez sorprendente. Reggae roots refrescante y, a la vez, comprometido.

"Jah Guia", Dread Mar I

"Jah Guia", Dread Mar I

Dread Mar I fue cantante de Mensajeros hasta que prefirió elegir su propia aventura. Su voz, dulce y delicada, parece diseñada para transmitir amor a través del reggae roots. Sus letras son de lo más preciso que se haya registrado en la escena local: la métrica es siempre perfecta. A veces son emotivas y otras cargan un dejo de conciencia social, pero nunca rozan lo panfletario.

La apertura de “Jah guía” es “Proverbios”, un reggae con temática religiosa que le permite a Mariano: 1) mostrar su talento para crear melodías afables, 2) evidenciar su capacidad de escribir textos abstractos; y 3) manifestar su compromiso rastafari. Le sigue “Tempestad”, un tema que transporta a una tarde de verano con cielo despejado en la playa. El tercer tema, “Long time”, es la canción sobre Babylón infaltable en cualquier disco de reggae; tiene cierto ascetismo dub y la irrupción agradable de una flauta traversa. Su letra está en un inglés quizá demasiado básico (aunque teniendo en cuenta que Mar I afirma no conocer el idioma… ¡está bien!). Otra con texto en idioma anglosajón es “Time is getting hard”. Después hay un par de souls que calzan perfecto en la voz expresiva del artista: “Cosas simples” (la narración de una historia de rencores) y “Como el sol” (un bolero en tempo rasta con lindo solo de trompeta). Sobre el final “Guide light” le da a Mar I la posibilidad de profesar un emocionante tributo a su madre. Los coros de “Inspiración”, canción que clausura la placa (y también la apertura de un programa de surf y aledaños de ESPN), son una despedida ondulante como un barco alejándose de la costa.

En “Jah guía” se percibe un sonido tan claro, tenue y cálido como el que elaboraron, tras quince años de trabajo, los Cafres. Para ser un debut sobresale el nivel de convicción exhibido: el artista demuestra saber claramente lo que quiere transmitir. Y a pesar de que hay diferentes sub géneros presentes, no se trata de un álbum ecléctico. Todo forma parte de una armonía homogénea donde los teclados tienen más importancia que los vientos.

Hay tanta ternura en estas diez canciones que se puede decir que es uno de esas placas que hacen salir el sol. La mano sutil de Mariano Castro (verdadero nombre del músico) sintetiza y adorna sus canciones con los implementos exactos: es previsor, arriesga lo justo, no desentona y, su mayor mérito, nunca se cuelga. Su garganta es capaz de irradiar la calidez de un gorrito tejido con lana amarillo, verde y rojo. Y lo hace.

Notas relacionadas: