Éste es el último trabajo discográfico de Degradé, la talentosa banda rosarina.

Degradé - La hora azulNunca es tarde para escuchar un disco. A veces el marketing no va de la mano con lo cualitativo y pasan desapercibidas muy buenas propuestas musicales. Citar a Degradé en Rosario es palabra mayor aunque los que apelan a hits de las multinacionales no tendrán más remedio que afinar su oído ante los sonidos de una banda que data del ’93 en la ciudad y hace algunos meses acaba de editar su cuarto disco, “La Hora Azul” grabado en los estudios Circo Beat. A simple vista remite a un fabuloso cuento de hadas por su nominación, pero en cuestión, es un material discográfico conceptualizado que difiere de cierta mediocridad actual.

Si bien predominan las guitarras con riff distorsionados y los teclados, la atmósfera que se respira es glam, spinettiana y grunge-electro que le da un tono ambicioso, sumamente respetable. La voz impecable de Nahuel Marquet no tiene desperdicios y las letras tampoco, en una prosa ochentosa que tiene sus rebusques. Los teclados hacen su trabajo escénico de retroceder años en lo sónico sin tanto shake como en “Conciencia musical”, en donde las teclas, precisamente, pintan un panorama de rockito pop light y en “Gnomos” el Hammond hace lo suyo.

Como es inevitable comparar, “Néctar” tiene hierbas de Robert Smith pero la gola de Marquet no es compatible con el estilo clown de la voz del líder The Cure. Hay tiempo para las baladas en “Árida” donde lucen la viola y otra vez el fetiche timbre del frontman del combo que completan Emiliano Cattaneo (teclados), Julián Acuña (guitarras), Álvaro Manzanero (batería) y Cristian Villafañe (bajo). Más electricidad en “Los trenes” y un beat emotivo para “Cubo de espejos”. Y siempre los rhodes y pianos electrificados deambulando por entre los versos. Cibernética, “Cero” es quizá lo ecléctico de la placa y también la más estrecha en cuanto a tiempo. Después “Montañas” se desubica por su tempo y la melódica acusticante “Madre tierra” concluye lo que arrancó “Flecha” en base electrónica allá por el track uno y “Navegar” en sus acordes fundamentalistas de la cuerdas como sucesora. “La luz” da algunas pautas un tanto más violentas en sus cortes pero en sí, “La Hora Azul” termina sellando una obra de concepto.

Las guitarras sucias, los teclados atemporales y las reminiscencias pop dark conjuran un trabajo aceptable sin fisuras. En conjunto, “La Hora Azul” conserva un lineamiento a lo largo de sus doce canciones, de poesía prolija, despojada de la métrica en la simbiosis casi perfecta con los sonidos instrumentales de Degradé que hace muy poco teloneó a Catupecu Machu en Rosario. No queda mucho para degustar. Salir de la monotonía y disfrutar un poco de buena música.

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