Quién no ansía tener todo resuelto en este terruño de fertilidad, abatido por la cíclica e irreversible inestabilidad de la que nos burlamos con sorna y resentimiento. Pero a través de la música, La Portuaria, con “La Vaca Atada”, precisamente su undécimo álbum, intenta contrarrestar estos males argentos, en la cocina de un pop fino y festivo, bajo el concepto del humor como respuesta a las adversidades de la economía volátil.


Hasta aquí un discurso plenamente de analista monetario, que pasa a un segundo plano, cuando “La Vaca Atada” empieza sonar. El track inicial del crédito encabezado por Diego Frenkel, encarna un funk cuasi recitado, completo, con refranes en la lírica y vientos en lo musical, dando rienda suelta a la vitalidad propuesta que lo recorre, también, en la bailable, like Tom Jones, “¿Qué me vas a decir?” o el reggaeton/rapero dedicado al éxito espontáneo, “Chiquitita pegó”.

En prepotente tono, “¿Qué pasa?” y los coros a lo Vilma Palma, despuntan una de la mejores canciones de “La Vaca…” que precede a “Amanece”, más reggaeton aunque algo cumbiamba, y le sirve la mesa a “BingBang”, que con ajustados coros infantiles y cuerdas acústicas, recrean un ambiente stand by encaramándolo hacia la segunda parte. La más arriesgada porque la psico-búsqueda se dirige, sin escalas, hacia las mentes.


“Qué me vas a decir”, La Portuaria

Como un conjunto “Lado B” pertenecen los teclados nipones en “Estrella”, la balada acústica “Puedo pensar”, o la cumbia inconclusa en la multipista, “Enero”, con reminiscencias al “Himno de mi corazón”. La voz de Frenkel se desdobla constantemente y en lo grupal no yacen fisuras, lo que habla de una producción estrictamente profesional, que derrocha experiencia y genera la necesidad de volver ser escuchado. En “La Vaca Atada” hay alegría y buen sonido de vanguardia, que exponen el ADN portuario e intentan darle trompadas, con canciones, ritmo y humor, a una realidad que no siempre es la mejor.

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