
Una guitarra acústica, algunos efectos, introversión y un cierto aire oriental cierran un notable cuarto disco de Juana Molina.
Se trata de música ambiental concebida con tanta delicadeza que irremediablemente debe ser escuchada mientras el cuerpo se relaja. No hay nada en “Son” que invite a mover las articulaciones, éste disco hipnotiza al oyente para hacerlo caer en un trance psicodélico y luminoso. La placa parecería estar hecha para ser oída en todos los aeropuertos del mundo: nunca se sabe bien en que parte de la canción está el tema, pero siempre transmite la misma sensación de confortabilidad blanca. No hay principios. No hay finales. Todo parece estar cosido con tanta prolijidad que no se ven las costuras. Y Molina sigue sin conceder un segundo de su talento a las altas rotaciones de las radio FM.
Las doce composiciones son producto de un notable trabajo de recogimiento y aislamiento: desconcierta un poco notar que esto no parece surgido de ningún lado más que del cerebro de la única persona que intervino en la grabación y producción del álbum, Juana. No hay elementos visibles que permitan suponer que estas melodías tengan relación con algún rincón de la tierra en particular. Quizá las únicas referencia puedan surgir de cierta templanza oriental: la poesía es como de haiku y hay ruidos naturales (agua que fluye, canto de pájaros, brisas) que parecen salidos de esa combinación de elementos que son los parques japoneses. Y también hay algo del psico folk de Eduardo Mateo, aunque Juana agrega elementos electrónicos inéditos en la despojada obra del uruguayo.
Las melodías están construidas desde una guitarra acústica rodeada de loops y efectos que aportan colores y formas. Las vocalizaciones son irregulares y forman canturreos que parecen más diseñados para recrear sensaciones armoniosas que para enunciar conceptos o palabras. El cuarto disco de Juana Molina nos trae 55 minutos que permiten conocer la sensación de flotar a quién se anime a escucharlos. Por momentos parecería música ideal para oír durante meditaciones o para acompañar algo mágico e imposible como un paseo por el arco iris.
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