
Dante Spinetta publicó un disco de puro hip hop, donde se aniquilan la solemnidad y la diplomacia. Imprescindible. El comentario de Germán Arrascaeta, para La Voz del Interior.
“Aquí llegó el Dante”. En varios temas de su nuevo disco “El apagón”, Dante Spinetta elige esta expresión como para comunicar no sólo que volvió tras un largo silencio discográfico, sino que lo hace para ordenar las cosas.
Sin sonar arrogante ni alardeando pertenecer a una vieja escuela, en su segundo solista, Dante, “el” Dante, dinamita todo atisbo de solemnidad y diplomacia con una obra de hip hop puro, aunque no purista. Porque si bien está atenuado el músico sexy y funky que se conoció en Illya Kuryaki & The Valderramas, éste no deja de ser sutil a la hora de “timbrar”. Dante siempre tiene a mano algún artilugio sonoro para combatir la dureza y monotonía de un género que es revolución en el mundo pero que aquí, en la Argentina, aún está en desarrollo.
Y así, tenemos a Dante con su flujo (flow) embravecido, surfeando wow step sombrío (Seas quien seas, un canto a la unión de razas y minorías; ¡¡¡hip hop inclusivo!!!), reggaetón (Panteras) y variantes caprichosas; todas expresiones manipuladas por él mismo desde su beatmaking.
Sin advertencia. Tras una escucha, se podría argumentar que Dante la va gangsta, de rapper busca roña. Pero no es tan así: cuando se pone guarango, suena chistoso más que provocador o sexista (sucede en Ponémela en la cara); y cuando se mete con quienes cuestionan su credibilidad callejera por tener el apellido que tiene, no invita a pelear sino que agota todo en una invitación a que le laman algunas partes. Por ejemplo, en Olvídalo, que tiene a Julieta Venegas repitiendo un estribillo hasta el mantra, dice: “algunos guachos que cuestionan mi talento, porque mi apellido, porque no lo merezco, una vez más les digo que me las chu…, están los que se la tragan y los que la escupen”. En Estados Unidos tendría la advertencia “Parental Advisory”. Aquí no, y Dante, el Dante, siembra su semilla de maldad.
En esa pieza hay otro dato que desalienta la cuestión gangsta: “No quiero que me vean drogado, vencido, tirado; quiero que estén orgullosos de mí”. El germen IKV sobrevive en Besos y joyas, que no refiere al bling, bling (sonido surgido del roce entre las joyas de los rappers que acumulan) sino que es una canción de amor carnal con lubricidad r&b.
El apagón también tiene un costado testimonial, de denuncia, que no suena inocente, ni estéril. Pero es Mis presidentes muertos “el” tema del disco en este sentido, ya que alude a esa certeza de que la política dejó de tener al bien común como fin último. “Tener a un pueblo frustado es una bomba de tiempo”, advierte Dante. El Dante, una vez iluminado.
La nota completa en La Voz del Interior
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