Cuando escribí “El rock perdido” supe de inmediato que tenía más para perder que para ganar. Siempre hago esos calculos, lo que no impide que tire la calculadora a la mierda y diga lo que tengo que decir. A veces acierto, otras le pifio, muchas me putean, algunas me aplauden. Cuando escribí ese libro sentí que no podía disimularse más las cosas que estaban pasando en los recitales, y que el principal responsable era el público.

bengalaRuben Carballo tenía 17 años. Murió en un recital de Viejas Locas, en Vélez. Los padres dicen que lo mató la policía en una represión brutal. Los médicos dijeron que quiso subirse o bajarse de la autopista y que resbaló. Se sabe que hubo un tumulto donde la barra brava de Vélez entró sin entradas. Después el club salió a decir que no había sido así. Rubén Carballo murió hoy.

Melisa La Torre murió la noche del sábado 5 de diciembre. Fue en un show de Las Pastillas del Abuelo. Aparentemente cedió una valla y murió aplastada. La organización dice que es imposible porque donde ella estaba no había apretujamiento de gente, y por ende era imposible la avalancha. Ella estaba sana y por ende era imposible que muriera también. Dicen algunos que avisaron, que el cantante se dio cuenta, que avisó a los de seguridad, pero que no paró el show.

Cromañón fue un accidente que estaba destinado a NO suceder. Pero el comportamiento tan cavernícola del público HIZO que sucediera. Tanto en Viejas Locas como en Las Pastillas del Abuelo hubo un comportamiento cavernícola del público. Obviamente, habrá que ver lo que pasó. Porque si hubo un policía o varios que tuvieron que ver con la muerte de Carballo, los quiero presos. Si en la organización del show de Ferro donde murió Melisa, hubo negligencia de alguien, también los quiero presos.

¿Pero quien va a meter presos a todos esos pendejos que se maman y van a causar kilombo porque es lo que les gusta y hay un montón que los ven y se prenden?

No nos hagamos más los estúpidos en nombre de la corrección política: la culpa la tiene el público. Y en realidad, una porción, que no es tan ínfima como nos quieren hacer creer. Si no hay gente haciendo kilombo, estas cosas no pasan. No quisiera traer a colación el caso Bulacio, pero la conexión que me surge es: Redonditos de Ricota – Callejeros – Viejas Locas – Pastillas del Abuelo. Cuatro shows diferentes de bandas que arrastran un público similar. Cuatro lugares distintos (Obras, Cromañón, Vélez, Ferro). Cuatro organizaciones diferentes. ¿Cuál es la única constante? El público.

Lo que quiero decir es que cuando escribí “El rock perdido”, puse la lupa allí: en el comportamiento de la gente. Me llamaron facho, idiota, reaccionario, gorila, pero fue una minoría porque hubo una gran mayoría que estuvo de acuerdo más o menos en mi argumento. Hoy vuelve a pasar.

Lo peor de todos es que esos grupitos son detectables. Los otros días hubo uno así en el show de Spinetta. Nadie les dio bola: quedaron aislados. Son grupos visibles. Entonces, la policía en vez de controlar a gente que no está haciendo nada, mirándolos con cara de malo, debería vigilar a los siete monitos que están con tetra-brik en la mano cantando boludeces como si estuvieran en la cancha. Algunos de esos grupitos son los que después arman el kilombo, y salen porque son muy vivos y nunca les pasa nada. ¿Quiénes son los que pagan? Rubén y Melisa.

Podrán poner 10 mil vallas, 20 mil policías, cacheo por todos lados, blablabla. Pero mientras en AC/DC te hacen tirar la botellita de agua para pasar uno de los vallados, a los diez metros… ¡hay un tipo que te vende el agua que te hicieron tirar! Ustedes verán toda la fauna de revendedores de remeras, de souvenirs, de cerveza, y sobre todo de entradas, que hay en todos los recitales. Hasta que no se meta presa a esa gente (que no sé cual es el tongo que tendrá), nada habrá cambiado. Porque todo tiene que ver con la ilegalidad. La mayoría veces los que son condenados, multados o apercibidos, son los que suelen cumplir con la ley. La ley suele meterse con aquel que la respeta, no con el que no la respeta, porque la ley le teme al delincuente y prefiere ser su aliado.

Mientras eso siga así, se seguirán perdiendo vidas inocentes como las de Ruben y Melisa. Sin querer exculpar a nadie, no hay organización ni vigilancia que valga, si los pibes están tan “sacados” en los recitales. Habrá responsables penales, pero es el público de esas bandas, “tan del palo” el culpable de todo esto. Hasta que no podamos entenderlo, no habrá modo de que esto no siga sucediendo.

Porque que no haya más recitales en Obras, en el Club Ciudad, que la diagonal frente a River esté vallada, y que tengamos que escuchar bajito, no es por culpa de los decibeles, sino que los vecinos están hartos de tener que soportar una y otra vez que que Atila y Los Hunos acampen por la vereda.

Y el verdadero problema es nacional. Simplemente busquen el reflejo de esto que les digo por su alrededor. Cuando salgan a la calle, lo ven clarito. Así como la sonrisa que traía de AC/DC me fue borrada por un borracho hijo de puta, que iba caminando por Udaondo con su pibe de cinco años, puteando a diestra y siniestra al universo y a la policía. Pensé en el futuro de ese pibito, en el trauma que estaba sufriendo frente a mis ojos, en el desconcierto que padecería, en el dolor de ver a quien está en situación de cuidarlo tan extraviado que era él el único que podría cuidarlo en un cambio de roles de una perversidad extrema. Pensé en que en ese momento, ese padre le estaba destruyendo el futuro a ese niñito, porque le estaba dejando un trauma de la Gran Siete. ¿Qué podía hacer? Era boxear al tipo o nada, porque no era un ser plausible de ser calmado con palabras. ¿Delante de su hijo? ¿Reforzar ese clavo psíquico que su padre le estaba martillando? La alegría de AC/DC me duró poco. Así como poco es mi precio por presenciar eso: el pibito lo va a pagar toda su vida. Y no hay derecho.

Así como tampoco hay derecho que pibes como Rubén y Melisa hoy estén muertos y llorados por sus padres.

(*) Sergio Marchi es periodista de rock. Entre otros trabajos, publicó “El rock perdido”, un libro sobre la evolución del público de rock y las circunstancias que llevaron a la tragedia de Cromañón. Más info: www.myspace.com/sergiomarchi

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