
Divididos, La Vela Puerca, Intoxicados y Attaque 77 fueron lo más destacado del Quilmes Rock 2007. La crónica de Pedro Squillaci, para La Capital.
El Quilmes Rock 2007 ratificó la variedad de matices que tiene el rock argentino y la madurez del público para disfrutar lo que más le gusta y tolerar lo que menos lo conmueve. Por suerte, este encuentro realizado en el Hipódromo volvió a poner en el escenario bandas de gran nivel en dos noches inolvidables, aunque la jornada de cierre fue definitivamente superior.
La inquebrantable energía de Divididos, el agite demoledor de La Vela Puerca, el show sorpresivamente profesional de Intoxicados y la eterna apuesta contestataria de Attaque 77 fueron lo mejor del Quilmes Rock.
Ahí nomás, muy cerquita, le siguió Cielo Razzo, que cada vez suena más compactos, con Pablo Pino muy suelto para cantar, aunque con algunas palabrotas innecesarias a la hora de comunicarse con su gente.
Los Vándalos fueron otra perlita del encuentro. Popono expuso esa voluntad incomparable para compartir una fiesta única y arengó a la multitud a fuerza de rock y blues despojados de artificios efectistas.
The Wailers y Los Cafres sacaron a relucir la bandera del reggae, pero con altibajos. La banda jamaiquina, encabezada por su nuevo cantante, Gary Pine, pecó de recurrir a los lugares comunes del género y careció de sorpresa. Sólo los clásicos como “No woman, no cry” o “Redemption song” lograron levantar a la concurrencia en el cierre de la primera jornada.
Los Cafres sonaron tan prolijos, con arreglos políticamente correctos y sin matices que se despegan peligrosamente de la estética rastafari. Sólo “Si el amor se cae”, con su intro de vientos impactante, contagió de verdad.
Las propuestas de Kapanga y Arbol recorren una transición cada vez más opaca. Kapanga gira alrededor del carisma del Mono Fabio y sigue con las mismas debilidades en vivo que mostró en el Quilmes del 2006. Logran que la gente se divierta pero sus temas son pobres musicalmente y las canciones nuevas tampoco despegan. Encima, la apología del consumo de hierbas por parte del cantante ya resulta por lo menos desubicada en un encuentro donde ni está permitida la venta ni ingesta de bebidas alcohólicas.
Arbol perdió muchísimo con la partida del cantante, compositor y violinista Eduardo Schmidt. El grupo liderado por Pablo Romero sonó deslucido, sin el color de sus juegos de voces ni la riqueza armónica de otrora. Los hits salvaron las papas sobre el final, pero la banda tendrá que evaluar cómo remontar este bache musical si se plantea crecer.
De menor a mayor. Con aperturas correctas en cada jornada, Gurú y Magno demostraron que están a la altura de las circunstancias, los porteños de Sucias Rockas sumaron con la fórmula del desparpajo y un mix de géneros que va desde lo electrónico hasta el ska y el punk, y Carajo levantó la bandera del ñu metal con letras urgentes y energía arrasadora.
La Vela Puerca es la más argentina de las bandas uruguayas. El grupo de Sebastián Teysera se impone en base a un estilo con marca registrada. Cada vez más lejos de la murga y más cerca del rock, sus letras son críticas y reflexivas. Quedaron en el podio del Quilmes.
Pity volvió a sorprender. Con una estética psicodélica, jugando con las imágenes en las pantallas gigantes y sobre un escenario vintage, Intoxicados ratificó su horizonte desprejuiciado a la hora de interpretar. No es más la banda rolinga de la era Viejas Locas. Hay baladas, reggae, toques electrónicos, un estilo genuino. Suenan a ellos mismos y es lo mejor que le puede pasar al rock argentino, por gentileza del talento de Pity Alvarez.
Un final allá arriba. Attaque basa su sello de identidad en un punk cada vez más melódico y con letras de denuncia social y de compromiso ecológico. Su entrega fue conmovedora y fueron la intro ideal para recibir a la aplanadora del rock.
Divididos apuesta al alto nivel interpretativo, no innova demasiado pero tampoco decae. Los clásicos le dan vida, y es emotivo ver cómo mantienen viva la llama de Sumo. Ricardo Mollo canta y toca mejor que nunca, Arnedo es el bajista más sólido y versátil y Catriel Ciavarella le pega a la batería con el corazón. Un trío demoledor. Tocaron todos los temas que la gente quería escuchar. Fue el cierre del Quilmes y la apertura de un nuevo crédito para que este tipo de festivales se quede para siempre en la ciudad.
Deja un comentario.