Palo Pandolfo y sus seguidores de escena desplegaron un set vertiginoso cargado de más de veinte canciones, en el que fueron protagonistas (casi en su mayoría) los títulos pertenecientes al último disco, “Ritual Criollo” (2008), y también los de sus obras anteriores en solitario.


En un escenario austero y luminoso, los cuatro músicos comenzaron el concierto un poco más allá de la medianoche ante un interesante marco de espectadores.

La banda arrancó con “Canción Cántaro” un recital que en los papeles Pandolfo pintó como que iba a ser emotivo, siempre agradecido con su público, que desde el comienzo vivió con mucha concentración el despliegue de los artistas y lo acompañó con otro entusiasmo diferente casi al final.

Entre tema y tema por momentos se escuchaba una especie de voz en off lejos del micrófono, y las declaraciones se percibían cuando llegaron a amplificarse las últimas palabras de sus oraciones. Tal vez la búsqueda de intimidad haya sido una de sus ideas, y el desafío (cumplido) de separar la historia que lo tiene entre su pasado y éste presente acelerado, trabajando para el próximo disco de cara al 2009.

La lista mostró un orden con características dispares buscando la multiplicidad de estilos que a lo largo de los años, Pandolfo supo estampar en sus composiciones.

Candombes, baladas, mezclas arrabaleras entre influencias folclóricas y visiones pop más modernas, hicieron del repertorio una suma de estilos cambiantes en las casi dos horas de show.

A mitad del mismo, la selección de obras provenientes de “Ritual Criollo” confirmó la tendencia de Pandolfo, de viajar ilimitadamente por preferencias musicales y otras culturas selectas con canciones como “El grito del chimango”, “Las nenas” (aquí solo él y la guitarra), “Siete vidas”, “Carnavalonga” y “Afrodita”.

Antes, la versión de “Hipercandombe” (La Máquina de Hacer Pájaros) trajo al ambiente el nombre de Charly García, con una dedicatoria especial a la distancia.

Para el final el cuarteto tenía guardado ese ramo de hits tatuados en la historia de Pandolfo, por lo que, “yendo y viniendo” en dos oportunidades, pasaron las reversiones de “Ella vendrá” (Don Cornelio y la Zona) y “Estaré” (Los Visitantes).

Con un firme “cumplimos”, Palo despidió a su gente que lo acompañó de pie en el final y que seguramente lo recibirá en otra ocasión, cuando otro ritual sirva de excusa.

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