Pareciese que la única diferencia latente entre el Bronx y Fuerte Apache son apenas un par de kilómetros. Con “Estilo monoblockero”, de F-A, el barrio Ejército de los Andes (cuna de Carlitos Tevez también), tiene su propio soundtrack.

Esa mezcla de etnia y marginalidad cruda del hip hop, plantada por “los apaches”, tiene un concepto propio y muy claro, acerca de la falta de oportunidades en la high school de la calle, con el mantra “larga vida al ladrón y muerte pa’ la yuta”.

Al despejar la moral, como si fuese una ecuación matemática, el resultado final de “Estilo monoblockero”, es un conjunto de canciones devenidas del estilo de vida, propio de un barrio marginal. Los samplers de “Monoblockero de sangre” huelen a cumbia villera, un subgénero, también marginal, que terminó, salvando las distancias, popularizándose casi como el hippismo allá por los ’70. Gran parte son historias de “buenos y malos”, desde la óptica criminal a la que con orgullo, parecen estar resignados los chicos (de gran parte de Sudamérica) de F-A.

El rapping es su arma más mortal. Entrelazado con la jerga tumbero/barrial: cajeteando (recordando), cachivache, caranchear, mandar fruta, agitar, se contextualizan cada uno de los tracks, “siempre haciéndole la guerra a la policía”. “Tres fulanos” no resiste a una postura analógica ante los “Tres delincuentes” de Delinquent Habits. “Queridos amigos” es una oda gangsta, empapelada por la nostalgia argenta, pero “En los blocks la pasan piola”, se bajan los decibeles mientras “las guachas mueven las cachas” y “El mundo del revés” dibuja, entre la agresividad, la recurrente narración (común) de vida de un pibe marginal.

La programación y las voces exponen un disco de hip hop con arreglos latinos. Cada uno de estos pibes de Ciudadela cumple su rol. Esteban, Maxi, Piky y Patu son los maestros de ceremonia que saben acomodarse entre freestyle, rap, colaboraciones y coros, en los que no puede obviarse el talento que demuestran para hacer lo que hacen. Se puede o no condecir con el mensaje, pero más que apologista, “Estilo monoblockero” está programado como descriptor de una cruda realidad. No es bizarro, ni burdo, pero si insistente, y monótono en cuanto a su postura. Orgullo, mujeres, armas de fuego y Coolio se entremezclan en un trabajo urticante para muchos, pero respetable para otros.

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