Fabricio Rodríguez en un músico nacido en Villa María, Córdoba, y que no cuenta con una gran popularidad, pero sí con un gran talento artístico. La fría y lluviosa noche porteña del jueves presentaba como opción conocer un poco más de este cantante/guitarrista/armoniquista y de su último disco: “El mundo de los silencios”.

Fabricio Rodríguez. foto de archivoEl atractivo sonoro de Fabricio está en la amalgama de géneros que transcurren a lo largo del recital, además de la impecable interpretación de cada uno de ellos. El cordobés ha sabido compartir escenario en oportunidades pasadas con Pappo, Botafogo, León Gieco y Divididos, entre tantísimos otros. De cada uno de ellos se ha nutrido, así como también de la influencia folk de Bob Dylan y Tom Petty. “Ando buscando” fue la prueba evidencial de esto cuando el final de canción se mechó con el estribillo de “Free fallin”.

Con una mandolina en mano comenzó el set dedicado al country y al blues, al que se sumó Abel Pintos (uno de los invitados de su último álbum, en el que también participan Andrés Giménez y Javier Calamaro) para entonar “Nashville” y “Sólo”.

Dejando la guitarra de lado, Fabricio muestra su virtuosismo con la armónica para batirse un duelo contra el acordeón en un batalla que se situó en el tango, en una dosis de chamamé, para terminar en música celta. “Me voy” y “Cuánto tiempo más” fueron parte del tramo.

Así pasa de un estilo al otro, con total facilidad para encarar un pop como “Ahora” y luego sumergirse en la rumba gitana “El mundo de los silencios” y poner fin al concierto con la mística “Algo sagrado”; que por su título, ritmo y fuerza bien podría ser cantada dentro de un templo donde la religión es el rock y Fabricio Rodríguez fue el pastor que ofició la misa.

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