
7 Delfines, el grupo liderado por Richard Coleman, dio una lección de rock y misticismo el sábado pasado en Niceto. Resistentes al paso del tiempo, vanguardistas y eternamente darks, desplegaron un espectáculo digno de una banda de más de quince años de vida. En veintiún temas repasaron “Carnaval de fantasmas” (2008) y varios clásicos de su carrera.
Pasadas las 22:30, y luego de una prolongada espera, Coleman en guitarras y voz, Lentino en bajo, García en guitarra y D’Aguirre en batería embistieron el escenario con un magnífico arranque: “Parece que hay lugar”, quizá el tema más “tarareable” del último trabajo. Le seguirían “Una y mil veces” y “Es tan celosa”, de “Aventura” (2001) y “L7D” (1992), respectivamente. Pero la viola blanca de Coleman (a puro contraste con sus ropas), rápidamente retomaría “Carnaval”. Así, llegarían “Paradigma”, “Horas”, “No me iré” (por su melodía lineal, la más entradora) y la intensa canción que da nombre al CD.
Los presentes ya advertíamos una fija para la totalidad del show: “Carnaval de fantasmas” como principal sostén del repertorio, y un sonido sorprendentemente idéntico al disco. Recordemos que para la grabación Coleman alteró por completo su método de composición. Las once canciones fueron proyectadas a la luz del día, algo insólito para un noctámbulo de estas características.
“!Basta de vacaciones Richard!” se escuchaba desde el público… y el ex Metrópoli agradecía la espera desde el último recital en diciembre pasado (sin contar el mini show del Quilmes Rock). Seguidamente, luces verdes y un punteo final espectacular de Diego García para “Never du nozin”. El canto desenfrenado de Richard no se había oído bien durante los primeros temas, carecía de nitidez. Pero se solucionó cuando suplicó “un poquito más de voz”. Luego vendrían “Oscura”, “Desierto” (con un desenlace grupal aplastante), “Flores negras” y “Marluna”. Mención especial para el ancho apoyo visual: imágenes intimidantes y tétricas, que por ejemplo en “Herido” recorrían un bosque desolado ocupado por aves de temible aspecto.
¿Quieren que les sea sincero? “Ambiente” me hizo el olvidar el rol de crítico. Pero no sólo yo era el desequilibrado, absolutamente todos los asistentes aplaudieron la interminable base grave del bajo y el afligido estribillo. Una joyita. “Placebo” y las últimas palabras: “bueno… gracias. Esto está llegando a su fin (el fin del fin)”, adujo Coleman anticipando el cierre, y previo a “En tu cabeza” y “Subsonido”. Momento de retrotraerse al preludio de 7D: “Para terminar”, “Tu orden” y “Tuyo”, con la misma contundencia.
Por un segundo me distraje y descubrí un entusiasmo algo dispar en este público, en relación al que frecuenta los recitales del mainstream. 7D atesora grandes canciones y su público lo sabe. Los vive y festeja a la manera de himnos subterráneos. No recuerdo si lo vi o lo sentí. No viene al caso. Son esos temas que rehuyen a la masividad, pero que por su carácter secreto se convierten en únicos.
“Ahora si nos vamos chicos. Nos vemos el 12 de julio en La Trastienda”, y los riffs distorsionados de “Murciélago blanco” sellaron el final de un recital muy potente, incuestionable.
El guitarrista lució de buen humor, movedizo, con borcegos a paso firme y un religioso respeto por la estética que tanto sostuvo. Sabemos que su poesía es oscura y que genera zozobra y angustias singulares, pero… en el 90% de los casos existe una pequeña luz de esperanza. Hay que usar la sensibilidad para descubrirla. En cada solo, en cada bramido y en cada demostración de poder sonoro, Coleman reveló en vivo la entereza de sus temas. Su talento sigue intacto. Y el del conjunto también.
Agustin
April 20th, 2009 el 3:32 pm
La mejor banda de rock de la Argentina, por muy muy lejos…
Fernando
April 20th, 2009 el 7:22 pm
El charrúa? no es uruguayo Coleman eh!
Fernando
April 20th, 2009 el 11:44 pm
Ah ya lo corrigieron , bien. Coleman es argentino , carajo (?)