El pop tiene un costado más natural del que podría haberse creído. En el predio Mundo Nuevo, camino a Villa Nogués y bajo un estrellado cielo que podía verse a través de moras, nísperos y eucaliptos, tres bandas descerrajaron sus pegadizas melodías.

El Mató a un Policía Motorizado. foto: José Nuno/La GacetaLas mismas venían acompañadas por irreverentes letras, que pueden volar entre sensaciones híper personales tanto como por visiones apocalípticas de un mundo que parece carse a pedazos.

El Mató a un Policía Motorizado, la banda platense que más elogian los medios especializados en rock, le puso un moño de colores a su trilogía de sus discos (uno rojo, otro verde y el último azul) que desde la simpleza desarrollan un nivel de complejidad que no siempre se puede descifrar con facilidad. Y todo eso no hace más que repartir canciones llenas de ironía e insatisfacción sin urgencias. Como en “Navidad en los santos”, tema con el que empezó su impecable e implacable set de casi 50 minutos, al borde ya del tope horario. El Mató… inició en 2008 el cierre de un ciclo y, según cuentan los cuatro músicos, no saben muy bien cómo, cuándo ni dónde comenzará el próximo. La experimentación y la prueba son los carriles por los que las desestructuradas ideas del grupo fluyen con naturalidad, en este caso entre las paltas del fondo del predio. Lo que parece ineludible es que la pared que forman las dos guitarras, la sólida base de la batería y el bajo que acompaña la voz líder, seguirán en pie.

Por eso el paisaje no desentonó. La naturaleza abundante, más relacionada seguramente al reggae, los ritmos latinos, al rock hippón y hasta al folclore, fue el espacio propicio para que la fauna popera tucumana se relajara tendida en el césped, cerca del fogón que ahuyentaba los mosquitos.

La vieja casa de campo está preparada especialmente para estos encuentros, y a esta altura ya quedó claro que no importan el estilo ni el número. Todo cabe en la propuesta, y siempre y cuando haya un auto en que llegar, la fiesta está garantizada. Hasta cuando alguno de los seis perros de la casa de Mariano y Estrella, los hacedores de este nuevo mundo, se cuela y pasea entre el público o la banda de turno, moviendo la cola en señal de felicidad por su valiente huida del cuarto de contención.

Los cuatro platenses, en una formación rockera tradicional sacude acordes con una fuerza y una potencia que muestra un perfil diferente dentro del pop argentino, en el que los tucumanos de Estación Experimental y Monoambiente sintonizan perfectamente.

Estación, a punto de lanzar su nuevo disco, tuvo otra de sus acostumbradas noches de contundencia, con esas guitarras inspiradas que mueven al trance hasta la trompeta que sopla un poco más allá la voz que se cuela entre cada golpe de la batería. Monoambiente también tuvo una de sus buenas performances, en las que el cuarteto se muestra compacto.

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