La participación de Callejeros divide las aguas del rock y la polémica envuelve al evento en la comuna San Roque. Menos días, menos bandas y un festival en Laboulaye son algunas de las consecuencias. La nota de Pablo Leites, para La Voz del Interior.

Callejeros, en La RiojaEl ligero aire de intolerancia que había comenzado a respirarse en las últimas ediciones de Cosquín Rock (bandas molestas por horarios imposibles, celos varios por estrellatos y lugares en la grilla, enojos por las carpas VIP, etcétera) llegó por estos días a enrarecerse del todo. Y no es precisamente por el calor de diciembre. Basta seguir más o menos de cerca la manera en que se fueron desarrollando los hechos, y las (escasas) declaraciones de quienes tuvieron parte en esto que ha llegado a ser una polémica, para arribar rápidamente a algunas conclusiones. Pero mejor no ir tan rápido. Veamos.

Con el precedente de un Chateau poblado por 17 mil fanáticos y curiosos de Callejeros, y sin dar demasiada importancia al hecho de que en el siguiente show de Fontanet y compañía en La Rioja la cifra bajó a 4 mil, la idea inamovible de José Palazzo era (es) darle a Callejeros, si no el cierre, al menos participación en una de las noches.

En off, como casi todo lo que se habla en “el ambiente”, la ocurrencia trascendió y llegó a oídos de integrantes y managers del resto de las bandas que serían convocadas (que en este caso significa contratadas) para tocar. También entre sombras se supo que unas cuantas, antes de dar el sí, hicieron la pregunta del trillón “¿Toca Callejeros?”.

Es que con el ruido de Cromañón y el lío mediático pre y pos regreso de los de Villa Celina, a buena parte de la actualidad rocker del país le pareció que estar en el mismo festival que Callejeros los iba a dejar “pegados”. Eso sí, de no haber estado ellos no hubiera existido el problema, aun cuando el José Palazzo organizador de Cosquín Rock sea el mismo Palazzo que concretó el retorno del 21 de setiembre. La imagen, dicen por ahí, es todo: lo que es malo, si no se ve, no es tan malo; pero si se ve, entonces es inadmisible.

Claros y oscuros. Quizá Divididos y Catupecu Machu quedaron en el epicentro de esta fisura por haber hablado, más o menos claramente, de la decisión de bajarse del evento. Pero se sabe (todo fuera de micrófono) que bandas que no comulgan musicalmente y hasta otras que supuestamente “le hacen el aguante” a Callejeros lo pensaron muy bien antes de estampar su firma. Por caso, Las Pelotas. A través de sus caras visibles, nunca hablaron bien del rock chabón, rollinga, barrial, ni mucho menos de Callejeros. Ahora se excusan: “No vamos a hablar ahora, ni dar una opinión al respecto, todas las energías están puestas en el disco nuevo”. Esa declaración de Timmy McKern, histórico productor pelotero desde Nono, más la confirmación de que estarán en San Roque, fue todo.

Lo de Mollo en el Quilmes Rock fue el primer aviso: “No estaremos en el Cosquín por diferencias ideológicas con la organización”, la misma que se asoció con Pop Art para traerlo al festival donde estaba tocando, la misma que revivió a Callejeros, la misma…

Fausto Lomba, manager de Catupecu, lo dijo con todas las letras: “No vamos a participar. En realidad, la banda no se va a presentar en ningún evento en que toque Callejeros”. Consultado luego sobre el tema, Lomba no quiso o no tuvo nada más para agregar. “Todo lo que había para decir está dicho”, cerró. Se sumó Mario Pergolini desde Rock & Pop, diciendo que esa emisora no va a transmitir el festival “porque hay bandas ahí que no nos gustan”. Puso la cara Palazzo para defenderse y amenazar con que la próxima sea la última edición “para dejarlo descansar” y, por supuesto, apareció el público con ganas de expresarse por el canal que sea (ver Bloc nocturno).

¿Y el público? A río revuelto siempre alguien gana. Quizá la reacción más importante ante esta escisión de hecho sea la organización de otro festival (ver La reacción). Pero por sobre todas las posturas que se hacen públicas, por encima de las que se mantienen sólo cuando nadie escucha y más allá de una aparente lucha de egos que no está muy a tono con la filosofía del rock, lo cierto es que la división entre quienes están a favor o en contra puede estar llevándose consigo al festival.

Es posible que no sea mala idea dejarlo descansar por un año, más aún cuando Nueva Tribu no consiguió adicionarle números internacionales que lo soporten y renueven. Tampoco es errada la idea de que sería una oportunidad para mostrar bandas no tan conocidas, porque además muchas de las llamadas “grandes” no tienen disco nuevo para mostrar en vivo. Pero sería una lástima que el público tuviera que tachar de su calendario rockero una cita que, a veces, es la única chance que tienen los seguidores de esta parte del país de ver a sus ídolos de cerca.

La reacción

Divididos y Catupecu no solamente dejaron claro que allí donde esté Fontanet y los suyos ellos no estarán. No quedó todo en palabras, porque la reacción (por cierto muy rápida) tiene forma de otro festival de dimensiones. El Rocba Music 2006 en Laboulaye, previsto para el 28, 29 y 30 de diciembre próximo, los tiene como números de cierre en dos de las jornadas, en una fecha algo prematura para el espíritu festivalero, pero con la clara intención de primerearle a José Palazzo el público rockero .

La lista de artistas para el festival del sur de la provincia se compone de bandas de Buenos Aires, Rosario y Córdoba y además de la presencia de Divididos y Catupecu (y la obvia ausencia de Callejeros) llama la atención que solamente una banda (Cielo Razzo) estará también en Cosquín Rock, un mes y pico más tarde ¿Será éste el festival anti-Callejeros? ¿Habrá cumbre y anticumbre en el rock? Habrá que ver.

La nota completa en La Voz del Interior

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