La Franela, la banda post Piojos de Piti Fernández, exhibió las canciones que formarán parte de su disco debut “Después de ver”.

La Franela. foto: Federico López ClaroA fuerza de una pluralidad de músicas, muchas ganas de divertirse y la frescura del preámbulo de un viaje, familiares, amigos y fans piojosos incondicionales acompañaron el reciente antojo de Piti.

Seis meses pasaron ya de aquella cálida presentación de la banda en el living de la casa de Piti. ¡Qué lindo recuerdo! “Esa noche pocos de los “prensa” presentes en Caseros esperábamos lo que vimos, vimos a un ser humano como vos y como yo, que después de un show en River tuvo el coraje de admitir que ahora con La Franela (frente a 40 amigos) le temblaban las piernas antes de tocar, y que eso lo hacía sentir vivo” decía Agustina Luxardo para rock.com.ar.

Y el jueves pasado en La Trastienda barajaba y daba de nuevo. Además de Piti en guitarra y voz, La Franela alista una tribu de primorosos vándalos: José De Diego en coros, Diego Módica en batería, Diego Chaves en percusión y coros, Pablo Ávila en saxo y Chuky De Ípola en teclados. Fran Aguilar en guitarra y Lucas Rocca en contrabajo, éstos últimos, muy destacados.

El primero de los dieciocho temas fue el inevitable futuro de corte de difusión: “Lo que mata”. Ya en ese momento la polenta corpórea de José comenzó a adueñarse del escenario y del punteo gitano de guitarra. Un verdadero demonio. Con base guitarrera, Piti se lamentaba: “Te fuiste tan pronto, a vivir a Europa. No pude hacer nada” en la desafortunada “Del otro lado del mar”. Luego, el primer reggae con “Magia” y una ofrenda al wisky y el habano en “Solo y en paz”. Durante los primeros temas, varios acoples (que luego quedarían atrás) porfiaron el sonido. El repertorio continuó con el rockito norteño de “Calor y dolor” y “Después de ver”, con José al mando de la voz.

Con la prioridad en el micrófono de Piti (bien al frente), un Chuky de Ípola inspiradísimo e invitados amigos como el Rifle Pandolfi y Tavo Kupinski, actuales Mil Hormigas y Piojos respectivamente, la noche alcanzó un nivel notable. Junto al Rifle interpretaron “Vine hasta aquí” y Tavo subió para “Entrando”, “Akanakena” y “Chan chan”. La inocencia vocal de Antonio Fernández agudizaría todavía más ese carácter hogareño.

“Dos Margaritas” en homenaje a Herbert Vianna de Os Paralamas do Sucesso (“por esa energía del que no puede dejar de cantar y tocar música”). Luces azules y clímax acústico para “Hielo”, “Todos los vientos” en dedicatoria materna y un track que a último momento fue apartado de Civilización (“por suerte quedó fuera” diría Piti): “Llega el tren”, de un nivel descriptivo espléndido y destinado, también, a la rotación radial. Posteriormente, una rareza con intro reggae, nudo ska y desenlace “Reggae rojo y negro”, la oda etílica “El último trago” y “Pasaras”, con el sello compositivo de Germán Daffunchio. Y sobre el final, todos los invitados protagonizarían un cierre con yapa: “Bicho de ciudad”. Inapelable.

La soltura y pericia de Piti (un nene curtido ya…) y los coros sincronizados al detalle son clave. El recital no sobresalió. Gustó y fue muy entusiasta. Sin ir más lejos, tuvo el dinamismo y la energía justa que esa música exige. Por que fundamentalmente La Franela rockea. Pero consigue seriedad con alguna balada, toca reggae (y muy bien), incursiona en el jazz, se anima con la salsa y tantea el ska. La Franela conjuga un sinfín de músicas latinoamericanas cuyo resultado no es otro que un sonido exclusivo. Exclusivo por que es música típica de La Franela.

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