El Festival de la Huella Invisible, con La Renga como su número central y productor, convocó a 20.000 personas en una abrasadora jornada del sábado en el aeródromo de Santa María de Punilla.

Más allá de los inconvenientes que generó el caos vehicular, el encuentro tuvo todos los condimentos de las citas históricas del rock vernáculo: una puesta impresionante (tres escenarios; uno central y principal, conectado con dos laterales de proporciones menores mediante estructuras faraónicas), una multitud enfervorizada y un largo racimo de buscavidas desparramados en el zigzagueante trayecto que conectaba al predio con la ruta E-55.

Allí se dispusieron puestos de “choris”, otros que expendían bebidas alcohólicas y otros tantos que proponían merchandising no oficial a un precio razonable. Todos tenían su correspondiente equipo de música con La Renga “al palo”, a excepción de uno llamado “el Loco” que propalaba ¡¡¡Soda Stereo!!!

Sin “sponsors”. La Renga pudo cumplir el viejo anhelo del festival propio. El marco de Santa María de Punilla fue consonante no sólo con las expectativas místicas del trío, sino también con las independentistas. Es que la comunión de rock y naturaleza que se dio ayer estuvo reñida con el concepto imperante de megafestival, ya que no hubo ni un solo sponsor. Al cabo, la única “concesión” de La Renga fue cederle a la productora local Nueva Tribu ciertas responsabilidades logísticas. Y la movida resultó exitosa.

La caída del sol se llevó consigo a los shows de Koma y Los Violadores. La banda española ofreció un set fuerte y festivo, con letras que remitían a su carácter ateo y anárquico. Lo suyo podría ser calificado como rocanrol con matices (su prepotencia tuvo algo de ska y tango).

Los Violadores, acaso el grupo más sorpresivo del festival, mostró al cantante Pil entonando Represión mientras se desplazaba a lo largo de los tres escenarios. El detalle: hubo homenaje a Manu Chao mediante versión libre de Clandestino.

Luego de celebrados conciertos de Gardelitos y El Tri, llegó La Renga y el éxtasis fue total. Los anfitriones mostraron su habitual contundencia de movida.

En rigor, La Renga fue número central pero no de cierre. Es que la madrugada esperaba por Viticus y una zapada entre todos los músicos participantes con pretensiones de memorable.

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