“El Retorno” fue por fin presentado oficialmente. Con toda la fiebre que aplica dicho contexto, sin implicar la casualidad de también haber sido sábado a la noche, en el Auditorio de Belgrano, La Banda dio un show que fue creciendo a medida que pasaban los temas, frente a un público que está en perfecta composición con lo que ellos ofrecen desde el escenario con un excesivo orden de buenas estéticas que van más de las musicales.

Banda de Turistas. foto: Iara Kremer

Banda de Turistas. foto: Iara Kremer

Una hora y media aproximadamente fue lo que duró el esperado show que desde hacía unas semanas había empapelado la ciudad. Mientras, en el barrio de Liniers, “El Regreso” se convertía en noticia policial, con final poco feliz y la sensación incansable de dolor frente a una realidad que acecha y desecha. Habrá quienes creerán injusto estas líneas dedicadas a lo que sucedió en Vélez, pero no se trata de quitar protagonismo ni de mezclar temas, sino de comprender que las buenas noches para uno, no lo son para todos, y que todos pertenecemos al mismo suelo en el que transitamos. Y así como el contraste organizativo, mas allá de dimensiones y sobredimensiones de ambos recitales, fue de un modo en Belgrano y de tal otro en Liniers, no podemos quedarnos en el “acá esto no pasa o no pasa nada”, porque ese pensamiento social, tan instalado hace tantos y tantísimos años, nos ha llevado con una sumatoria de hechos a vivir (o sobrevivir) diferentes realidades que el país ha padecido, sin aprender. Si no hay valor de condición humana, se delata aun más la furia de una ciudad que es literalmente golpeada por doquier, pero que retumba profundo cada vez que se trata de juventud y expresión, sin soluciones a la vista pero con actitudes que no tienen razón de ser, pero que nunca justifican salir a liberar el azar de vidas, cuando lo que se debe liberar es la capacidad de formación y de medios culturales para que todos tengamos la capacidad de comportamos como parte de una civilización tal que ¿somos?.

Concentrándonos ahora sí en lo que nos acontece, la camaradería turista se acercó a acompañar la presentación del segundo disco de La Banda y se fue satisfecha con un concierto correcto. Pero la previa hacia que la sensación post recital sea otra, de verlos más fortalecidos como banda en escena ya que el material que tienen en sus manos es excelente. La mitad del concierto fue incómodo. Con sus buenas canciones y su gran sonido, se fueron amoldando al ritmo de a poco. La lista fue sucediendo más rápido de lo que cada uno de ellos se fue afianzando a la energía del vivo, entonces ahí es cuando el recital se convierte en correcto y no en lo que se desprende de sus discos e incluso, de otros recitales, entonces “la gran noche” que se espera de una presentación fue una buena noche de grandes músicos, que aun deben dar el salto como banda. Pero es tal el histrionismo que tienen, que aun así, hablamos de una buena performance, que tuvo picos altos progresivos (“La hora del segundo” fue un momento de paréntesis que se lleva la estrella de la noche), y si el show hubiera durado una hora más (en un mundo de suposiciones válidas) hubiera sido al revés: el mayor tiempo se los hubiera visto como excelentes anfitriones, porque tomaron vuelo en el último tramo, al margen de la confianza que puedan tener cada uno en sí. Falta la comunión entre ellos para redondear la fuerza sobre el escenario, porque si van a destiempo conectando con el clima, restan puntos grupales aunque sumen individualmente de modo constante.

A esta altura, que no es mucha entendiendo que la banda nace en el 2006 en la era final Stroke, y dejando el mix de “poca edad + mucho talento”, el mundo entero descubría y caía rendido con los monstruitos geniales de los Artic Monkeys que comenzaban a pasar a la historia como los niños prodigio que por ese entonces eran, y poco después “Banda de Turistas” irrumpen aquí en constante paralelismo naciendo con esa chapa bien ganada, porque musicalmente son incuestionables. A hoy, lo que queda por verse es porque no arriesgan más. Se puede ser cuidadoso desde lo más técnico a lo más superficial, pero darle una vuelta que le de validez a lo que suenan. A veces la perfección resulta terminando contraproducente y quitando profundidad o intensidad, y la sensación es que terminan siendo grandes músicos que tocan juntos, dejando la incertidumbre en el aire de “en cualquier momento sucede una maravilla”, que no termina de suceder del todo, y no está mal, es natural, porque no tienen diez años de carrera, de modo obvio por cuestiones de tiempos y generación, pero queda la duda de sí están sobrevalorados o definitivamente están muy, pero muy, por encima de la mayoría común en el panorama actual que tenemos dentro del genero que va desde el indie-rock-psicodelia queriendo despegar hacia algún otro lugar que no queda favorablemente claro.

Ese es un buen punto de partida, porque el “no plan, no rumbo” permite experimentación, lo que en ellos con sus tonos de profunda psicodélica puede volverse intensos redoblando apuestas, sobre todo en su fuerte que es lo instrumental, pero sino se sostiene en vivo, queda mucho a medio camino, y no suman las referencias de donde se grabo el disco ni con quienes, o las buenas merecidas críticas que han ido recibiendo. Reprochando el caer en comparación, los Artic Monkeys fueron madurando y se han ido superando, haciendo ese cambio mental en todos de ya no verlos como novedad ni como los “chicos que tocan como si tuvieran décadas de carrera y sin embargo son adolescentes”, ya no, lograron correrse de ese foco y hacer que la mirada sea puramente musical, y eso es lo que acá falta suceder, que se deje tanto de hablar de lo muy buenos que son haciendo hincapié a ese mix que citamos en el párrafo anterior, y que hagan vibrar el alma cuando tocan en vivo.

La Banda que lleva la voz cantante de Bruno, quien fue quizás por ser el exponente vocal quien hizo el “click” más rápido y por momentos logró sobresalir en diferentes pasajes de varias canciones sobre el resto, respondiendo a lo que se pide y espera, incluso, mostrando una liberación de expresión vocal que sí fue madurando, está próxima a viajar a Perú, donde tocaran el 21 de noviembre. El año termina, y eso indica que hay un nuevo inicio, por lo que sin caer en el palabrerío de “pastores”, se generan nuevos rumbos y habrá revancha porque hay con que darla, y sobre todo hay tiempo. No hay que apurar procesos ni colgarse etiquetas porque queda un largo camino por recorrer, y son la máxima proyección que hay hoy por hoy, pero está bueno dejarlos reconocerse en cada momento en el que estén para que puedan fusionarse, porque eso debe ser un constante trabajo así todos van hacia el mismo lado, sea cual sea, pero juntos. Un cocktail de instáneo para despertar el hambre del riesgo, del no miedo al error en esa semi verdad que dice “menos es mas”, y a veces resulta una verdad tiempo completo, los hará más libres en todo sentido y los viajes serán con la intensidad en carne viva con todo lo que tienen en su propia naturaleza.

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