El ritual piojoso en La Plata fue un digno cierre de año: gran convocatoria, buen show y la sensación de un 2007 brillante para la banda.

foto: www.lospiojos.com.arMicros que desde Retiro salían repletos a la La Plata, trenes llenos de gente partían desde Constitución con el mismo destino; hombres, mujeres y niños compartía cánticos y los deseos de llegar de una vez por todas al predio platense donde se pronosticaba una noche música piojosa.

Una semana después de lo estipulado y con un cambio de locación, debido a la cancelación de fecha en la cancha de Gimnasia por parte del gobierno bonaerense, fue como el 22 de diciembre ante una multitud la banda encabezada por Andrés Ciro Martínez rompía con el silencio de aquella noche fría en el Estadio Único.
Desde el campo se vivía de la manera particular como se viven los “Rituales”: pogos, empujones, chicas sobre los hombres de jóvenes, saltos, banderas flameándose, un frenesí y una exaltación indescriptible que se daba con los primeros acordes de cada tema.

Desde el campo todo se ve distinto dependiendo de la ubicación en donde uno se encuentre; llegar a adelante cuesta horrores pero a fuerza de estabilidad y de poder soportar en pie las embestidas de la multitud uno puedo permanecer algún tiempo cerca o bien cerca de los músicos. Un poco más atrás, serán unos 30 metros del escenario, todo es más tranquilo manteniendo la misma actitud de saltar y cantar desgarrándose las gargantas uno ya no recibe aquellos empujones que lo hicieron retroceder unos cuantos pasos para tomar fuerza, aire y así quizás volver “adelante”.

Llegar al estadio y los minutos antes de que el recital de comienzo también son parte de aquel ritual. Caminar los alrededores, pasar los cacheos, dejar el encendedor a los de seguridad, sentarse en el pasto o en la cortina que lo cubre, esperar ansiosos que se haga la hora en que se apaguen las luces y el público quede atónito y en silencio dejándole todo el lugar al comienzo de la música. Antes de todo, siempre se escuchan las apuesta en voz alta de los grupos de amigos descifrando cual será el orden de las canciones.

La vestimenta es otro clásico que no hay que saltear: remeras con el símbolo que representa a la banda “el piojo” que cambia según los distintos CD´s, o con las inscripciones de los distintos lugares donde tocaron alguna vez Los Piojos (aquí es donde las más antiguas empiezan a hacer las veces de reliquia y donde se puede juzgar a un seguidor entre principiante y antiguo piojoso, por ejemplo si las remeras son de recitales en el estadio Obras o son de River habrá una distancia abismal en cantidad de tiempo).

Lo que uno debe darle prioridad es a la comodidad, a saber; estará un poco más de dos horas saltando y manteniéndose en pie en un mar de gente desbordada y ávidos de empujones y música, entonces aquí lo mejor es buscar un buen pantalón que se mantenga firme, unas zapatillas que no se pierdan en la multitud, es muy difícil atarse los cordones en pleno transcurso del recital y sobretodo es muy difícil verse los pies ya que todos están pegados unos a los otros sin dejar lugar ni para un alfiler.

Al termino de el ritual hay que levantar los trapos, bien en alto y que estén sobre todo bien escritos para que Andrés pueda leer de donde vienen y eso le da lugar al “finale” del recital, momentos más tarde tirarán las púas, los palillos, quizás alguna botellita de agua al público y esto es como lanzar comida a una manada de leones hambrientos, en pleno campo los fanáticos serán felinos desgarrándose por un recuerdo de aquella presentación.

Y, a volver a emprender el camino de vuelta previo tomar algo y quizás comer un chori o una hamburguesa…
Un ritual más, otro que se va dejando satisfechos pero con sed de más a la jauría de piojos.

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