Mr. Marley? – Presente! De arco a arco, All Boys, and girls, gritaron presente. Manu Chao se presentó en Floresta este último sábado con localidades agotadas y su característico punk-reggae sin fronteras sacó del armario por un rato las anquilosadas costumbres rastafari, algo así como un “pulmón” de los ’60 donde se respiró otro aire.

Manu Chao. foto: Federico López Claro

Manu Chao. foto: Federico López Claro

Sin dudas un evento alejado del cotidiano porteño, una fisura en el pálido rostro metropolitano embobado por el smog. Es que “los Chao” desembarcan y con ellos baja todo su mundo, como un reflejo. Paz, tolerancia, igualdad, libertad, también el amor, por supuesto, son las banderas de una banda multi-étnica que lucha a su modo, que se enfrenta y no afloja, que tira para ese otro lado, el de Latinoamérica, el del África y lleva su melodía tónica al corazón del barrio.

Manu Chao. foto: Federico López Claro

Manu Chao. foto: Federico López Claro

Una puesta en escena sobria y un sonido impecable, en una noche cálida (definitivamente calurosa en el campo), vieron estallar a aproximados veinte mil espectadores que bailaron de principio a fin. Con la dinámica que los caracteriza, de un swing reggae pendular que navega tranquilo por todo el estadio y quiebra repentinamente hacia su faceta más rockera, pasearon por todo su repertorio (“Clandestino”, “Me gustas tú” y “Mala vida” entre otras) e hicieron saltar bien alto a los fanáticos, contagiados por los mismos músicos que no pararon un segundo.

La Radio Bemba hizo sintonía en los coloridos cuerpos durante casi tres horas y por momentos se movió el piso. Como una gambeta del “burrito”, como si fuera Maradona, Madgid Fahem (guitarra) con su maltrecha criolla, hizo bajar los aplausos de la platea que enloqueció con su demostración de virtuosismo flamenco, de rock and roll de nylon. Aproximadamente media docena de temas pasaron y José-Manuel Thomas Arthur Chao (¿más fácil Manu, no?) llamó a Tonino Carotone, amigo de la banda, quien cantó una sarcástica canción de amor. También subieron como invitados Fermín Muguruza; y una mujer mapuche pidió por las tierras perdidas en el sur.

Compartieron escenario, primero, el Natty Combo con un ska bien tocado y el particular timbre de su cantante, una voz áspera, símil gitano; y antes del gran plato, Onda Vaga, mientras la gente empezaba a colmar el espacio, con su set acústico de gran sonido y un juego vocal muy bien trabajdo. Estuvieron a la altura y la gente se los hizo saber.

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