Trece bandas locales de hardcore participaron del festival en El Roxy, con Shaila a la cabeza.

Mirar alrededor y divisar cada una de las caras que conformaban esa enorme masa de gente remitía al concepto de “identidad”, o a cualquier otro que se emparentara con él. Es que en tiempos donde lo cómodo no suele ir en línea con las formas independientes de hacer las cosas, y muchísimo menos con la voluntad del que las hace, el festival Nosoyrock, realizado el domingo en el Roxy, emergió como un oasis que aglutinó a todas esas identidades desperdigadas, que raras veces pueden encontrar su punto de comunión.

“Nosotros no somos rock, somos muchísimo mas que eso” gritó Matías Alvarez, de Rodia, entregando una definición cabal del sentimiento que reinó en la tarde-noche del barrio de Colegiales. Alejado de los estereotipos, el Nosoyrock, primera entrega de este festival autogestionado de bandas hardcore punk locales, dejó en claro que, con muchos esfuerzos, hay vida mas allá de la escena que comprende los festivales auspiciados por grandes marcas.

En la mezcla de sensaciones que representó el Nosoyrock, se pudo apreciar que no solo el concepto de “identidad” sobrevoló los dos escenarios que se montaron en el Roxy. La solidaridad fue la piedra en la que se basó la iniciativa de las bandas y de la gente de Semiyero para juntar más de 1300 litros de leche para donar a comedores (era obligatorio llevar 1 leche larga vida). Este concepto se fusionó con el respeto de un público receptor de diversos mensajes, que comprendió, en todo momento, la importancia de la existencia de un espacio donde esos mensajes pudieran ser transmitidos libremente. Esto fue lo que destacó Javier Suárez, bajista de Nueva Ética, y lo que le terminó por dar al festival ese plus que excedió lo musical.

Arriba del escenario, se vio en esplendor a 13 de las mejores bandas del hardcore local. Algunas históricas, como Los Restos, que brindó un show con toda la fuerza que contagiaba Restos Fósiles, o WDK, que por casi 40 minutos mutó el ambiente en carnaval. Otras; convocantes, como Nueva Ética, que con su screamo movilizó al público más curtido con el hardcore clásico. La reafirmación de un gran momento vino de la mano de Rodia que, en un show muy cargado ideológicamente, entregó una acertada selección de los mejores temas de su disco “Prefiero América”.

Para el final quedó la presentación de Shaila, a esta altura, la nave insignia del punk hardcore local y principal impulsora de eventos de este estilo, que de cara al lanzamiento de su primer DVD, cerró magistralmente el festival, regalándole a los fans un amplio repertorio de sus temas clásicos, con el agregado de algún recuerdo.

La tarde en el Roxy tuvo sabor a reto. Desafió a los preconceptos sobre lo que es “ser rock”, a las formas enquistadas de organización de festivales, a la necesidad de apoyo económico, a los fines lucrativos como únicos fines. Y, en este sentido, quizás abrió una puerta para entender que no todo es tan definitivo. Tal vez mostró que al preconcepto de “rock” se lo puede vencer con otros conceptos.

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