Ojas es un septeto de música rock con guiños electrónicos y ritmos intensos e hipnotizantes. Hace poco largaron su cuarto disco, “Efectos”. La música es el resultado de mezclar aplastantes riffs distorsionados, bases electrónicas y toques exquisitos (como didjeridoos, violines e instrumentos autóctonos) dentro de una licuadora. Favor de servir sin hielo. Nos juntamos con, Iván Gramático, su cantante y con Álvaro Gilmariño, el “encargado de los ruidos” para hablar de su último disco, de la banda y de sus demás proyectos.

Ojas

¿Cuánto estuvieron para hacer “Efectos”?

Iván Gramático: la grabación duró dos meses. Si contamos desde que empezó la composición, 8 meses. Los tuvimos a Martín y Matías Mendez en la producción que nos ayudaron a trabajar muy rápido y de manera muy dinámica.

¿Qué diferencia a este disco de su antecesor?

I: “Efectos” está producido desde otro enfoque que “Naranja”. En este último estuvimos 2 años y medio trabajando. Estuvimos mucho tiempo en la edición de las guitarras. Fue como el viaje de ese disco, ese refinamiento.

La tapa y el arte general del disco es bastante simple a nivel visual, sin embargo, la música que hacen de simple no tiene nada, ¿a qué se debe esta dualidad?

"Efecto", Ojas

"Efecto", Ojas

Álvaro Gilmariño: la idea del círculo que está en la tapa tiene que ver con un concepto de algo que parece simple a primera vista pero que, cuando se lo mira por segunda vez, está compuesto por otros parámetros, líneas, radios y situaciones que hacen que exista el círculo. De cualquiera manera, no nos enroscamos en hacer una tapa que presente una fobia visual de fotografías y dibujos, porque creemos más en el mensaje de la música y en el concepto.

I: es una idea inspirada en el Bauhaus, que es una escuela alemana de diseño que trabajaba descubriendo dimensiones dentro de las formas sencillas. La complejidad dentro de lo sencillo o el espíritu dentro de lo frío, como lo quieras ver.

Son 7 dentro del grupo, no hay un líder aparente y además trabajan con gente aparte para producir los discos. Hoy en día es difícil encontrar bandas que laburen de una dinámica tan grupal y tan poco centrada en una personalidad determinada ¿ustedes cómo lo logran sacar adelante?

A: tiene que ver con la voluntad, eso te lleva a que las cosas sucedan, si realmente lo buscas. Si no lo buscas por que es muy difícil, tenés asegurada la derrota. Si lo buscas, puede suceder o no. Es una cuestión de confianza. Casi es una ofrenda religiosa hacia el otro, hacia la magia grupal.

¿Pero cómo dividen los roles?

I: cada uno en la banda se encarga de lo que mejor hace. Uno escribe, el otro puede generar una idea, otro la interpreta. Nuestra música es un laburo conjunto. Somos 7 y en cada idea hay 7 cabezas que llegaron a un acuerdo, que saben que la banda y la música está por encima de todo.

A: también es un ir y venir dentro de los roles. No es algo estático y duro. el baterista es el baterista y es el mejor baterista dentro de mi banda, pero a la vez todos somos bateristas y todos somos el mejor baterista para discutir desde nuestro baterista interior.

¿Qué música te llega más, Iván?

I: me llega de todo. Cuando era mas pendejo tenía más prejuicios, si escuchaba un estilo, no podía escuchar otro y así. Ahora me llega todo, no me hago muchos planteos.

¿Vos Álvaro estuviste encerrado en el Bolsón haciendo música hace unos años?

A: Si, estuve trabajando en un proyecto musical bastante fuerte que tenia que ver con algo que acá no se podía plasmar. Era un movimiento de música contemporánea, experimental, electrónica, primitiva, visionaria, muy volada. Logramos un disco y luego la cosa explotó, me voló la cabeza y no quiero volver a eso… hay mucho demonio ahí metido.

¿Cuál es el nombre de ese disco?

A: “Las tribus invisibles”, de Ensamble Circular. Son 70 minutos con 50 instrumentos tocados por dos personas y una voz femenina. Lo grabamos en una chacra, como una granja de rehabilitación, pero a la inversa.

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