
Catupecu, con Zeta Bosio, brindó un show difícil de separar de la emotividad. Antes, fiesta con Árbol y Auténticos Decadentes.
Resulta difícil hacer mención a la cuarta noche de la maratón del rock obviando el factor emotivo. Y es que la presentación de Catupecu Machu, programada para el cierre, traía muchos ingredientes fuertes. Éste era el primer show verdaderamente masivo después del accidente de Gabriel Ruiz Díaz y César Andino, y por otro lado, el debut -si es que cabe la expresión- de Zeta Bosio, presentado oficialmente como nuevo bajista de la banda.
“Sonando” fue el tema elegido para abrir el recital, minutos después de las 10 de la noche. Promediando el tercer tema, un grito empezó a asomar, tibio, entre la multitud. El nombre de Gaby era la referencia tan esperada como inevitable. Sin embargo, durante casi la primera media hora de show, Fernando no emitió palabra entre tema y tema. Y no quebró el silencio hasta “Grandes esperanzas”, cuano dijo “Yo, tengo grandes esperanzas”. Pocas palabras, pero cargadas de sentido, resultaron la mecha que encendió la ovación generalizada.
El set osciló constantemente entre la energía arrolladora y la nostalgia al borde del llanto, que muchos en el campo no pudieron contener. Desatando un cócktail de sensaciones que rozó la ciclotimia, el recital encontró uno de sus puntos más fuertes en el momento en que Pichu Serniotti, de Cabezones, subió al escenario para interpretar una soberbia versión de “Pasajero en extinción”. Contó Fernando que siete meses atrás, cuando Gaby escuchó el disco, había dicho “Éste es el corte”. Y definitivamente, era el corte. Siguiendo con “Refugio” y “Héroes anónimos”, dedicada a la gente del Hospital Fernández, quedó de manifiesto el renovado sentido que cobraron gran parte -si no todas- de las letras de Catupecu, hoy.
Los escasos 12 grados de temperatura que marcaba el termómetro no eran parámetro exacto de lo que se estaba generando en el campo, donde más de 20 mil cuerpos -se calcula que la convocatoria fue aún mayor que el sábado- se agitaban al unísono en un pogo monumental, arengados por la incansable voz de Fernando, que dejaba entrever en cada grito una descarga de energía, canalizada en la potencia arrolladora que la banda despliega en vivo.
Para el cuadro -o el disco, mejor dicho- quedaron una serie de postales sonoras dignas de ser plasmadas. Después de una versión extendida de “Dale”, Catupecu cerró tocando “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”, y se despidió de la gente en un sentido abrazo al borde de la pasarela, dejando así la sensación de haber concretando un show redondo que indica que, después de todo, puede que el número imperfecto empiece a cerrar.
Anochecer de un día agitado
Previo a Catupecu, el Escenario Pepsi fue tomado por asalto por los chicos de Árbol, quienes pasadas las 20 arremetieron con “Trenes, camiones y tractores”, comienzo muy arriba para un show destacado, por el que hicieron desfilar, prácticamente sin pausa, una veintena de temas que en el que su nuevo repertorio más popero -trampolín directo a un público plagado de teens que coreaban sus letras- le ganó por goleada a las raices punk-rocker de Romero y su troupe, que sin embargo no faltó, encarnado en temas como “Rosita” o “Cosacuosa”.
La banda oriunda de “La República Separatista de Haedo” regaló, a fuerza de saltos, un show divertido y enérgico que incluyó en su repertorio “Prejuicios”, “Pequeños sueños”, “Vomitando Flores”. Presentaron “El fantasma” como “un tema que dejó de ser nuestro, ahora les pertenece a ustedes” y dedicaron “Ya lo sabemos” a Gabriel Ruiz Díaz.
Al caer la noche había sido el turno de Los Auténticos Decadentes. Vistieron de fiesta el predio Outdoors del Pepsi Music, incitando a todo el mundo a bailar al ritmo de sus temas, convertidos a esta altura casi en patrimonio popular. Hubo hits de los añejos, como “Vení Raquel”, “Corazón” y “El murguero” y otros como “Pendeviejo” y “La prima lejana”, más recientes, igualmente festejados. Además, incluyeron “Beatle”, de Attaque 77, y deslizaron dos novedades: “Somos” y “Me tiro a la basura”, incluidos en su próximo disco.
A la luz del día, Juana La Loca también tuvo su aparición en el escenario principal. La banda liderada por Rodrigo Martín, quien pidió que le apaguen un poco el sol, hizo estallar el campo con su hit “Dame pasión”.
Pero ojo… La periferia también cuenta. La jornada #4 del Pepsi ofreció otras opciones interesantes para ver, entre las cuales se destacaron, desde el escenario Pop Art, Cuentos Borgeanos, Los Látigos y un bonus track a puro funk en manos de Tony 70.
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