Un buen vino cuanto más añejo, mejor sabe. Pero también, el que sabe, por supuesto… sabrá descifrar la incógnita de este trabalenguas. Y a esta introductoria perogrullada otorgarle mérito para imaginar el contexto del status en que se halla hoy la carrera musical del multifacético Pablo Granados, quien junto a su Macaferri & Asociados haya sido el culpable creador de situaciones picarescas, que en los ’90s fueron el vehículo de canciones, que luego se convirtieron en “de cabecera” para la adolescencia.

QuieroY porque, aunque diariamente se lo veía en la pantalla chica, nunca se alejó de su piano: el compañero. Un engranaje, que data de aquellos años, de descontento juvenil, en que el crédito rosarino, Propuesta Joven, era precursor de las “cámaras cómplices”, cuando allí a la par se fogueaba el Granados cómico, y a la vez el soberano músico, que con “Quiero”, logra la madurez exacta, y la combinación de esa mágica calidez sonora, coloreada por su rico anecdotario reflexivo de cuarentón, que describe al amor en sus diversas entregas. Yendo desde la nostalgia de los recuerdos hasta la irracionalidad, haciendo una escala inevitable en el sexo (con o sin amor), dándole tiempo y espacio a todo esto, en una serie innumerable de sitios cardinales como Brasil, la noche porteña, el Coloso del Parque (el estadio de Newell’s) y Malabia y Charcas, el punto geográfico que inspiró a la emotiva y dulce “Nací para quererte”.

Pero para darle vida propia a todas estas historias de amoríos, las invitadas fueron mujeres. Tanto Soledad Pastorutti, en la zambita “Rocío”, como la negra voz de, la ex Bandana, Lourdes, en un homenaje al alterego “pirata” (“Un ratito”), coparticipan con el punto de vista femenino,  junto a un Pablo seductor y tierno, a la vez, influenciado por el binomio García/Paez, en la bossa precisa “Secretos de Itacimirim”, el rocanrol, al pichón de vedette, “Camila”, y la slide beatlesca, que enmarca consejos, “Nunca es tarde”.

En la paleta de ritmos, el piano y la harmónica se hacen espacio entre los versos inverosímiles de “La leyenda del rey negro”, una bella melodía con orgullo gay, y el clásico inoxidable “El oficio de ser mamá”, que no tienen desperdicio, y aparecen, además, la cumbia desfachatada (“Todo bicho”), la up salsa (“Otra primavera”), el culebrón contestatario y de papeleras (“Amor bilateral”), la ganchera “Quiero”, y el vals/ranchera “Rusas y musas”, inspirado en la fantasía hétero/machista de dos amigos versus dos chicas.

Pablo Granados se expone agradable y llevadero entre la sanidad de un “Quiero”, a corazón abierto, junto al piano. Hay melancolía, diversión e ingenio en las letras, que regalan cierta intimidad; la que hace sospechar que, quizás sean autobiográficas, y a las que también le agrega una manera original de reproducirlas en el papel, clonando lo absurdo con las sensaciones que brindan las fibras más íntimas del ser humano, adjunto todo, a una voz que se hace muy pero muy familiar.

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