El tercer capítulo del Quilmes Rock 2007 se fue entre ritos, rock n’ roll y brujería de la buena.

Los Piojos. foto: Gabriela Porzio

Los Piojos. foto: Gabriela Porzio

Desde temprano se podía ver de que venía el día más rockero, la remeras rezaban que el estadio de River sudaría rock por cada uno de sus poros. La muchedumbre caminaba en un incesante y colorido muestrario de fidelidad a bandas que hoy no estarían pero que representan a una gran masa que las sigue y sigue un patrón rocanrolero bautizado por “stone” o “barrial”.

Agolpándose sobre las vallas para aguantar una larga tarde-noche tomaban posición los primeros en entrar, que hacían cola desde la madrugada bancándose todas las inclemencias climáticas para hacer el aguante. Puntualmente, 17:30 Kapanga accedió al escenario para desatar la primera fiesta de las tantas que nos depararía el día.

La banda liderada por el Mono sabe como hacer bailar y festejar un encuentro y el público le responde, sobretodo si la lista es realmente festivalera y ruidosa: “Rock” fue el primero, “Bisabuelo” y “Postal” entremedios y “El mono relojero” al final sólo son muestras de lo sucedido por poco más de 50 minutos, en un espacio que comenzaba a llenarse a ritmo acelerado.

Un breve descanso y el rock n’ roll más tradicional de cuatro tonos; base, guitarra, armónica y voz pedía paso con los legendarios de El Tri, principal exponente del crudo rock mexicano.

Alex Lora, épico y verborragico líder de la banda, no descartó momentos para mostrar su personalidad explosiva, extravagante, un sello de toda su carrera musical. Como ejemplo basta un botón dice el dicho: como antesala del tema “A.DE.O”, el cantante pide a gritos pelados “…el que no aplaude es un puto…”, y a continuación replica aumentado aun más la apuesta, encontrando respuesta inmediata del público.

“Triste canción de amor” no falto a la cita, “Cuando tu no estás” tuvo de invitado a Salvador cantante de La Covacha y “Victimas inocentes de cromañon” se transformo en el momento mas intenso y escuchado del show. Con el guiño de Pappo desde algún lugar del estadio, la banda venida desde “…la hermana republica de las transas y el smog…”, según Alex, El Tri pasó por Buenos Aires y dejó su dosis obscena de rock en estado crudo.

Todo venía bien hasta que Ojos de Brujo dio sus primeros pasos de flamenco-reggae-hip-hop sobre el escenario. La banda proveniente de Barcelona mostró su mixtura de ritmos y letras punzantes bajo una silbatina muy poco oportuna y realmente ajena al espíritu de este tipo de festivales. Sobretodo teniendo en cuenta que provenía de muchos que son discriminados e intolerados en infinidad de lugares simplemente por tener una pose rockera. No haber entendido la postura combativa de estos españoles deja mucho que desear de quienes a viva voz luego gritan en contra de Bush sin fundamento alguno. Por otra parte, es innegable el poderío musical del grupo que seguramente encontrarán adeptos en otros oídos, acostumbrados a una afinación superior y a las diversidades musicales. Para destacar la tremenda actuación de Javi Martín en el bajo y el set de cajones a cargo de Sabih Turull y Maxwell.

Un período mas largo para armar el set de Intoxicados dio la pauta de que algo grande se vendría. La banda liderada por Pity Alvarez armó todo un teatro de operaciones que incluyo mesas, sillas, invitados y a Dady Brieva como presentador oficial de una kermese rockera en pleno escenario de uno de los eventos de rock más importantes de la Argentina.

Apostando a más y un saludable estado, Intoxicados respondió a los llamados de las multitudes por un poco de vicio y rock n’ roll. Vestidos de traje y mucha elegancia, comenzaron a descargar su música en medio de esta puesta en escena por demás ingeniosa.

Mechando temas de los tres trabajos del grupo, como así también de clásicos de Viejas Locas, transcurrió un show que incluyó cambios de vestuario, al Negro García López como invitado, a Dady cantando “Un beso y una flor” y un Pity Álvarez en total comunión con la gente, regalando souvenir al final de “Quieren rock”, último track del espectáculo.

Entre el rock urbano, el mexicano y la unión de géneros transcurrió la jornada hasta llegar al ritual final, a cargo de Los Piojos, que por más de dos horas diez dejó lugar para todo. Hubo espacio para las baladas, para que cantara Pity, para “Los mocosos”, las victimas de cromañon, para “Dientes de cordero” dedicado al maestro Carlos Fuentealba asesinado por la represión policial en Neuquén, para una versión sin batería de “Babilonia”, obligada por la rotura del bombo, para la presentación de un nuevo tema, “Difícil”, que será parte del álbum a editarse en junio/julio próximo y por supuesto para generar toda esa energía positiva que se engendra en cada presentación de la banda de El Palomar.

Ciro Martínez maneja los hilos de un grupo que se agranda en cantidad de miembros estables para mejorar su sonido y versionar en muchos casos en forma acertada viejos hits, que por muchos años subsistieron sin cambio alguno. De Ipola en teclados, Changuito Farias Gómez en percusión y una sección de vientos brillan aportando su calidad interpretativa en pos de un combo musical arrollador.

“Arco 2″ al extremo de la lista allanó el camino para el final, con el rito dentro del rito de la lectura de banderas en una versión muy simpática del cantante.

Se fue otra peregrinación por los senderos del rock y la puerta quedó abierta para la gran noche internacional. Mientras el clásico en la Bombonera depare alegrías para algunos y tristezas para otros, aquí, en el Monumental, el regocijo está asegurado para todos.

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