La noche se planteaba como una despedida. Como el cierre de una etapa que comenzó el mismo día que la banda inició su viaje a través del mundo del hardcore, con todas los obstáculos, pero también satisfacciones, que brinda la autogestión como forma elegida para caminar.


Rodia, una de las bandas que ha refrescado en los últimos tiempos la escena del hardcore melódico local, puso un punto, el viernes por la noche, a la etapa de “Prefiero América”, su primer disco,  con un show vibrante en Speed King. Ahora los músicos se dedicarán por completo a pulir los últimos detalles de su nuevo álbum, prometido para este año.

Rodia

Rodia

La noche transmitió hardcore desde la previa. La apertura fue cortesía de Stay Out, Despierta tu mente y Los Ingobernables, proyecto paralelo de Guillermo Mármol, vocalista de Eterna Inocencia, que con su screamo potente constituyó una gran antesala para el show de Rodia.

Pisando las diez y veinte de la noche, la banda de Matías Álvarez salió a escena con la premisa clara de repasar todos los temas de su disco y de presentar muchos de los que formarán parte de su próxima entrega. Es por eso que quien  fue con ganas de escuchar Prefiero América por completo se fue con una gran sonrisa de Speed King el viernes. Praxis, Pañuelos rebeldes y La lírica del hambre fueron las canciones elegidas para ser presentadas, y en ellas se reconoció la impronta con la que Rodia encaró Prefiero América, lo que hace suponer que su próximo disco irá por un camino similar. Una receta que disparó a la banda en la escena del hardcore melódico y con la que claramente se siente identificada.

La gente acompañó en todo momento y tuvo su parte de protagonismo, ya sea con las voces, mérito del vocalista que constantemente los participó de los distintos temas,  como con los gritos, aplausos y frenéticos mosh que le brindaron un color muy característico al show. Una muestra más de un público muy fiel que ha convertido a bandas como Rodia, Jordan  y Shaila en una causa que vale la pena seguir y defender.

Como toda noche especial no podían faltar los invitados: Oscar, de Hyntu, subió al escenario para aportarle su bajo a una gran versión de Generator , de Bad Religion, y luego, casi como una forma de cerrar un círculo de influencias, Santiago Tórtora, de Shaila, dejó, por una vez, de lado la guitarra para acompañar con su voz a Matías Alvarez en I Belive in Miracles, de los míticos Ramones.

No fue una despedida cargada de lágrimas o de melancolía. Más bien tuvo sabor a renovación o a desafío.  Fue una noche bisagra para una banda que demostró que sigue transitando un camino de elecciones propias, sustentado en el esfuerzo colectivo que hace que al final todo tenga un gusto distinto. Lejos de bajar los brazos, el viernes por la noche Rodia dejó en claro que lo mejor todavía está por venir.

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