El octeto español del punk combativo por excelencia pasó por Buenos Aires para tocar el sábado en Neuquen, para respaldar la autogestión obrera de la ex Zanón, y el domingo en el Parque Roca, para encabezar un festi punk al aire libre.

Ska-P. foto: Diego Orlando

Domingo. El lugar: el Parque Roca, un muy pintoresco y poco explotado predio para conciertos al aire libre que cuenta con el pequeño problema de que está ubicado en una zona de difícil acceso y no muy amigable para quien no sepa dónde está parado. Los acompañantes: el quinteto de Represión + IVA, los uruguayos de Trotsky Vengarán y los rosarinos de Bulldog; también conocidos como “la comitiva del punk rock”.

Son las 19.30, suena bombo en negras y “¡ha comenzado La Estampida!”. Sale Ska-P al escenario. Fieles a su estilo denunciante y combativo, los madrileños no dejaron títere con cabeza. Entre los apuntados se encontraron el actual Papa Benedicto XVI (“violador de menores”), a los evangelistas televisivos (“curanderos estafadores”), al Gobierno de Israel (“genocidas imperialistas”), a la policía (“violentos inconcientes”) y a McDonalds (“tiránica multinacional explotadora de obreros y de la naturaleza”), entre otros. Eso es combatismo, bailando y pogueando, claro está.

Cuando parecía que el recital había acabado, prendidas las luces y con 10 minutos de silencio, Pulpul salió a dar la última sorpresa de la noche: “Venga, tío, ¿qué tema quieren escuchar?”. Así a pedido del público, y fuera de la lista de temas original, cerró la banda con “Mestizaje”, abdicando por un pueblo universal que no reconozca fronteras ni banderas.

“Nos vemos en un par de años”, deslizó Pipi al final del concierto y, a pesar de que la banda se tomará un nuevo y anunciado descanso después de terminar su gira actual, queda claro que estos europeos no se retiran hasta que todos los males que denuncian queden limpiados de la Tierra. Y cuando eso pase, seguro se encuentran otros.

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