
Este es el séptimo álbum de Pastoral. La crónica oficial se rectifica; Pastoral no sacó seis discos. Casi tres décadas después de “Generación”, la historia del dúo se sigue escribiendo. Alguien comentó por entonces que Pastoral sacaría un nuevo disco antes que terminara 1983. Pero esa historia es, ante todo, una fábula sobre la supervivencia y la capacidad de crear, aún sobre ruinas. Pastoral dijo: “Muchas fueron las barreras, pero ahora este disco está en tus manos. Esperamos que pase todo por tu cerebro y se quede en tu corazón”
El disco que Alejandro y Miguel querían editar en 1983, terminó saliendo a la calle mucho después del año dos mil.
El sentido es recordar lo que se vivió, y descubrir lo que no se pudo vivir. También afirmar que la música de Pastoral alcanzó la atemporalidad que buscaba. Ayer y hoy, es música del presente y sigue rechazando todos los encasillamientos.
No habrá, aunque medien milagros, un octavo disco. Es la última vez que un pibe (el de ayer, el de hoy) pueda ir a una disquería y pedir “el último de Pastoral”. Como lo hizo cuando tenía diecisiete años -para algunos- o como hubiera querido hacerlo si tuviera hoy la edad de sus padres, para una inmensa mayoría de chicos que no habían nacido entonces y que hoy llevan remeras con la imagen del dúo.
¿Cuánto significa entonces decir que “el último de Pastoral”, es realmente el último.
Tantos años después, el hallazgo de estas cintas es tal vez el último mensaje mágico. Para los que vivieron los años primeros del rock en Argentina, también es la alegría de comprobar que la música de Pastoral permanece tan atrevida y vital como entonces.
El dúo estaba apoyado por un entramado instrumental elegido y aprobado.
Además de Alejandro De Michele y Miguel Ángel Erausquin en voz y guitarras “Los Pastores”, como muchos los llamaban, estuvieron:
Gustavo Donés, bajista histórico de Suéter y viejo conocido de Alejandro desde los días de Merlín, era el encargado de remarcar los latidos con golpes exactos. El Pato Loza, luego baterista de Los Abuelos de la Nada, acompañaba el trabajo de Gustavo con un repiqueteo arduo, poderoso, tribal.
Juan Del Barrio tecladista sobrio que ya había sido parte de MIA y después de Spinetta Jade. También pasó de a ratos el Negro García López, guitarrista de La Torre y más adelante miembro estable de la banda de Charly García.
Luego de la controvertida separación de Merlín , Alejandro De Michele desapareció de la escena sin participar de la marea de declaraciones que rodearon el final del grupo. Aquí reproducimos una entrevista publicada por la Revista Pelo, en octubre de 1980.
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