
El concierto del Indio Solari en Tandil convocó a 50.000 personas que protagonizaron una noche histórica. El ex cantante de Los Redondos brindó un show de alto vuelo, con un despliegue tecnológico de nivel internacional.
Indio. Indio. Indio. En las remeras, los stereos, las banderas y los corazones. Lo que genera Carlos Solari no se puede comparar, ni en magnitud ni en magnetismo, con lo que puede llegar a provocar cualquier otro artista, político o deportista argentino. Aquellos que llegaron el último sábado a Tandil podrán hablar de cientos de combis, colectivos y autos particulares parados al costado de la ruta y de miles de personas caminando por las inmediaciones del hipódromo, lugar donde se desarrolló el concierto de su majestad Solari. Miles de personas cruzaron latitudes, se instalaron algunos días en la ciudad serrana y durmieron en estaciones de servicios (y en cabañas cuatro estrellas también) sólo porque Carlos Indio Solari anunció que se iba a subir a un escenario.
Desde la tarde el acceso a la ciudad estuvo tomado. Los comerciantes de la zona, agradecidos pero igualmente temerosos: negocios con las puertas cerradas por una lógica paranoia antidisturbios, y otros con una pequeña ventanilla abiertas desde la que se despachaban botellas de bebidas espirituosas cuyo contenido se disolvía rápidamente en medio de la densa bruma. Instantes después, el líquido volvía a la tierra, bajo la forma de fluido amarillento, cálido y con olor a amoníaco, y otra vez, a la ventanilla.
Debe haber sido complicada la limpieza del día después a la fiesta (es “el dolor del crecimiento” resumieron en alguna página web tandilense). Pero con la satisfacción de saber que se le sacaron beneficios a la fiesta, la tarea debe haber sido mucho más fácil de realizar. Y los comerciantes que no aprovecharon para hacer algunos pesos extra y evitaron contacto con el público ricotero todavía se están lamentando. Salamines, tandilenses, ellos.
El poderío de la convocatoria de Solari es apabullante. Puede hacer que una ciudad de la magnitud de Tandil quede chica al tener que recibir a más de cuarenta mil peregrinos que acudieron ante el llamado del soberano. Y los que intentaron encontrar algo para comer después del recital pueden dar cuenta de ello: los negocios que tenían las puertas abiertas (es un decir) acabaron sus reservas en un rato.
El lugar en el que se hizo el concierto era una postal de las zonas desangeladas de los pueblos del interior. El acceso al hipódromo de Tandil no es precisamente la entrada a un lugar turístico. Villa Aguirre tiene casas bajas, calles de tierra, nada de veredas ni infraestructura que recuerde que el barrio integra una localidad pujante y altiva. Sin embargo, el recital del Indio Solari hizo que hubiera sabor a gloria en el ambiente: los dueños de casa miraban inauditos como pasaba la multitud por las puertas de sus domicilios. Algunos aterrados por la inmensa cantidad de personas que atravesaban el frente de sus casas; otros sabiendo que le estaban sacando provecho a la situación, habiendo montado kioscos de cerveza o vino, choripán o hamburguesa, en el patio delantero. Y seguro que estos últimos se cansaron de vender. Si, Solari es una demostración cabal de que el derrame de la riqueza (artística, humana y de la otra) puede alcanzar a las capas más carenciadas de la sociedad.
Ahora sí, el concierto
A medida que las incalculables cincuenta mil personas (según algunas apreciaciones) iban ingresando al hipódromo, la bruma parecía hacerse más espesa. Adentro del predio todo al alcance de la mano: el litro de cerveza a diez pesos, un balde de un litro de fernet a quince, algo que en algún momento pudo haber llegado a ser un choripán a seis. La palabra Cantina, orgullosamente escrita en letras negras sobre un cartel blanco, dominaba el ala izquierda del predio. Hasta en eso Solari les da una lección a los que creen que no se puede (o debe) vender alcohol en un evento de tal magnitud y mucho menos en uno relacionado al rock.
Las bengalas, petardos y bombas de estruendo, parte infaltable de la liturgia ricotera, muy presentes. Desde las cinco de la tarde, en las inmediaciones al acceso había explosiones, estallidos y lluvia de luces permanentemente. Como si nada hubiera pasado el 30 de diciembre de 2004. Como si un recital de Solari jugara con reglas propias en cuanto a la pertinencia o no de utilizar pirotecnia. Y la lógica indica algo irrebatible: al aire libre, los fuegos artificiales no son más que un condimento del público.
Cuando faltaban minutos para empezar el recital, alguien entre los cincuenta mil se preguntaba como estará el clima en el recital de Skay anunciado para ese mismo día y hora en la otra punta del país, en Mendoza. Alguien le respondió que se suspendió (se pasó para el 26 de julio). Y la respuesta si bien daba un poco de pena, no causa sorpresa. La cara, el espíritu, el logo vivo de los Redondos está bajo la calva testa del hombre que esa noche se subirá a ese impresionante escenario que parece tener más de cincuenta metros de boca.
A las 21.30 se produjo un temblor. El estruendo lo provocaron las guitarras de Baltasar Comotto y Gaspar Bengas, el bajo tempestuoso de Marcelo Torres y la batería de Hernán Aramberri (también estaban en el escenario Pablo Sbaraglia en teclados y guitarra acústica, el saxo de Alejo Von der Pahlen y Ervin Stutz soplando trompeta y trombón). Y, si, también había una voz. “LA” voz. En la audiencia, la presencia de Solari provocó una liberación de locura mística incomparable que hizo que para los fieles cualquier otro acontecimiento pase a segundo plano. Era imposible quitarle atención a lo que sucedía en escena.
La canción elegida para la apertura fue “Pedía siempre temas en la radio”, una enumeración despiadada sobre las características una persona de esas a las que el pasado lo condena. Cuando terminó Solari no saludó al público, pero pidió que cuiden a Tandil, “ha sido muy hospitalaria con nosotros” indicó. Y después la banda empezó a tocar “Ramas desnudas”, pero el Indio no entró en la primera estrofa. Miró a los músicos un poco desconsolado, y arrancó la canción por el puente. Antes del próximo tema pidió disculpas al público, y reclamó que lo entiendan, “mi salud no está en su mejor versión” se atajó. Para la gente, el error pasó desapercibido. Y la alegría se desató otra vez con el arranque de “Martinis y tafiroles”, donde los Fundamentalistas volvieron a sonar apabullantes, haciendo versiones calcadas de las del disco y demostrando que en vivo las canciones podían desatar el poder comprimido registrado en las grabaciones.
Tras ese primer set demoníaco Solari anunció que la próxima sería “una que sepamos todos”, y empezaron a sonar los acordes de “La hija del fletero”, lo que provocó un estallido de adrenalina en las cincuenta mil almas que observaban el espectáculo. Si para algo llegaron a Tandil esas personas era para escuchar algunas canciones de Los Redondos, y Solari no se hizo rogar mucho. Y tras ello regaló una versión cautivante de “El infierno está encantador”, donde los vientos (con mucho groove) y el bajo (con cadencia reggae casi) se lucieron. Y cuando Solari preguntó “¿puede alguien decirme me voy a comer tu dolor?” la frase transmitió una efusión para que los corazones se carguen de alegría. El punto final del primer set ricotero lo puso el “Rock para el negro Atila”.
A lo largo de las pequeñas pausas que hubo entre cada canción, Solari bebió en el escenario de un vaso de whisky. El gesto, elegante y pernicioso a la vez, se condice con la imagen del rocker bon vivant con la que se lo suele describir. Tras una de esas pausas, las pantallas volvieron a desplegar los rojos característicos de Porco Rex, con los dedos del lenguaje sordomudo deletreando la palabra Porco. Con ello empezó otro trío de canciones de la última placa editada por el músico: “Y mientras tanto el sol se muere”, “Porco Rex” y la encantadora “Bebamos de las copas lindas”. La demencia se volvió a desatar con “Un ángel para tu soledad” (la primera canción de los Redondos que había tocado en vivo post ruptura, en La Plata), y después sonó la apertura del debut discográfico solista, El tesoro de los inocentes, la tenaz y cibernética “Nike es la cultura”. Y tras ello, otras canciones del último disco: “Sopa de lágrimas” y “Te estás quedando sin balas de plata”.
Con aquel tema se terminó el tercer bloque, y tras una pausa de dos o tres minutos muy agradecida por parte del público, exhausto de tanta adrenalina generada, estallaron otra vez los himnos de los Redondos: el rock and roll rutero “Ella debe estar tan linda”, “Me matan Limón” (luces amarillas y verdosas en escena), “Divina TV Furer”, “Rock del país” y para el cierre del segmento Solari eligió la emotiva “To beef or not to beef”.
Con “¿Porque será que no me quiere Dios?”, “Vuelo a Sydney” y “Pabellón Séptimo” (con saludo tumbero, “a los muchachos, ahí” incluido) el público descansó un poco, ya que las canciones de los discos solistas no generaron tanta exaltación como las de Los Redondos. Antes del cierre Solari invitó a “mover un poco el culito” y aparecieron “Un poco de amor francés”, “Tatuaje”, “Flight 956″ y la embriagadora “Juguetes perdidos”, que desató un mar de bengalas. El cierre, después de dos horas y medio de show intenso, pulcro y perfecto fue con, obvio, “Jijiji”. “El que abandona no tiene premio” se despidió Solari de sus fieles. Y les anunció que “el 27 de septiembre nos vemos en San Luis”, anunciando la próxima congregación de fieles.
Las instrumentaciones de los Fundamentalistas fueron sólidas e intensas, el dúo de guitarras de Comotto y Banegas se sacó chispas, el bajo de Marcelo Torres fue un colchón grave donde se construyeron los esqueletos de las complicadas composiciones de Solari, los vientos aportaron potencia y personalidad (sin recordar al estilo de Dawi), y la batería de Arramberri sonó perfecta y haciendo latir al mismo compás todos los corazones presentes. De la excelente voz de Solari no se puede decir nada: con los años, este cantante parece sumar experiencia y nada parecido al desgaste. No se equivoca en una sílaba.
Además de ser una experiencia cultural enorme, la calidad artística del show es remarcable en todo sentido: hubo un excelente sonido, las pantallas ubicadas a los costados y detrás de los músicos transmitieron una vivacidad remarcable, la iluminación aportó detalles faraónicos… todo ello hace que la experiencia Solari le saque un mar de distancia a cualquier emprendimiento artístico fronteras adentro. Y que eso haya sucedido en Tandil, también es remarcable: la ciudad serrana demostró estar a la altura de recibir cualquier espectáculo de nivel internacional (acuérdense cuando se enteren que se hace un Cosquín Rock o algo así en Tandil, quién fue el primero que apostó por esa ciudad para una gran convocatoria).
A medida que el público se iba desconcentrando, una sonrisa de satisfacción cubría los rostros de los que se habían dado cita en el hipódromo tandilense. El cansancio, la emoción y la gratitud se reflejaban en los rostros de la multitud. Con los oídos, ojos y corazones hinchados por haber asistido una verdadera función de gala, las cincuenta mil personas empezaban a retomar el camino a casa. Para ellos, no puede existir nada mejor de lo que acababan de vivir.
El Indio Solari en Tandil - fotolog.rock.com.ar
July 10th, 2008 el 2:56 pm
[...] Acá podés leer la crónica del recital, en el blog de rock.com.ar. [...]
natalia barufaldi
July 10th, 2008 el 8:45 pm
hola ricoterossss….les cuento que yo soy de arequito,santa fe,y fui a tandil a ver al mas grande de la tierra!”el indio”,no se imaginan lo bueno que estuvo!!!fue lo mejor de mi vidaaa….esta vez encontre una lluvia que realmente mojo!!!!besos para todos…
Yo
July 10th, 2008 el 9:07 pm
te olvidastes de nombrar a pablito sbaraglia en teclado, guitarra acustica
jonatan
July 11th, 2008 el 7:05 pm
hola che buenisima la cronica del reci muy emocionante a medida ke la leia me hacia recordar momentos del recital muy bueno che!!
solamente algo que te quisiera corregir (perdon por la falta de respeto) ahi donde pones que en lenguaje sordo mudo en las pantallas se deletreaba la palabra porco que queria decir que la palabra deletreada es “indio” bueno espero ke no tomes a mal esta correccion la cronica es impecable!!!
buena vida!!!
Cesar
July 12th, 2008 el 8:57 pm
Perdon, no me acuerdo bien ahora, pero me parece que no toco el tesoro de los inocentes, No fue Tomasito?
Mika
July 25th, 2008 el 10:23 am
chikos perdonen…se ke el 27 d septiembre devuelta podemos tener el honor d ir a ver al indio pero no saben si los rumores d ke va a despedir en la plata el año 2008 es verdad???
jorge de lafe
August 10th, 2008 el 12:29 am
locos lo de corrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
locos lo de cordoba y tandil no fue nada,en san luis se abren las puertas del nuevo cielo…. ese infierno va a estar encantador….. y acuerdencen,´siertos reyes no viajan en camellos´!
Gaston
August 22nd, 2008 el 3:29 am
Nunca antes habia tenido la posibilidad de estar eb un recital del indio, es algo unico, maravilloso. Ahora todos a San Luis y ojala a fin de año toque en LP estaria muy bueno… Aguante Ranchos.
bosta
December 20th, 2008 el 3:35 pm
esto es una bosta
damian "TOTO PR"
December 30th, 2008 el 6:46 pm
seguro que el que escribio esot es una bosta es un “soda” si no es un stone ***** que esta al pedo y puso esto es una bosta sabiendo que cuando esta con los amigos se escucha un par de temas de los redo o del indio. yo soy de azul estoy a 100 km de tandil me fui dos dias antes al recital para estar en la vaya. el mismo 5 entre asique me fui a la vaya al toque lo mas grande del mundo se concentro ahi esa noche la magia volvio a latir en 70.000 NO 50.000 70.000 almas que fuimos felices! sin nada mas para decir que muerte a gustavo cerati y todos los “sodas” y los stones ***** que hacen rockandrolles cuadrados de tres tonos ESCUCHEN DE UNA VEZ EL VERDADERO SENTIMIENTO ARGENTINO Y NO SE DEDIQUEN A ROMPER LA ***** ESCRIBIENDO BOLUDECES! AGUANTE LOS REDONDOS EL INDIO Y SKAY (SERGIO SEMILLA Y WALTER TAMBIEN PRESENTE EN MI CORAZON)
oscar
October 10th, 2010 el 1:16 pm
me parece que tenemos muchas diferencia salame te equibocastes de pagina