En el ex estadio Obras Sanitarias se llevó a cabo un festival de rock en apoyo a la reforma de la ley sobre seguridad vial, en el cual compartieron el escenario figuras como Spinetta, Mollo y León Gieco.


Con el fin de apoyar la causa de los familiares de las víctimas del colegio Ecos (que sufrieron un trágico accidente en la ruta cuando volvían de hacer una obra benéfica en Chaco), y también con el objetivo de realizar una colecta de alimentos para donar a escuelas rurales, se congregaron una gran variedad de artistas locales que brindaron un espectáculo inusualmente ecléctico. Entre idas, reuniones y venidas, pasearon por el escenario Divididos, Spinetta, Gieco, Malosetti, Bersuit Vegarabat, Los Auténticos Decadentes y Los Tipitos. Estas bandas y solistas se combinaron en una audaz armonía y compartieron el escenario en una canción-homenaje, motivados por el aura benéfica que los congregaba.

Con este panorama, el concierto del miércoles pasado cumple con las características de lo memorable. No sólo por la variedad y calidad de los artistas que participaron, sino por el clima de verdadero compromiso que supieron transmitir. Teniendo en cuenta que el público de rock no es el más paciente de la fauna de los amantes de la música, ante los innumerables discursos y premiaciones que se sucedieron a lo largo de la noche (entre los cuales desfilaron personajes del ambiente televisivo, como Federica Pais, Gastón y Nicolás Pauls, Martin Seefeld, Federico D´Elia y Andy Kustnezoff), lo que reinó entre la gente no fue la impaciencia sino el respeto y reconocimiento absoluto.

En cuanto al aspecto musical del festival, si bien la idea de “olvidar el ego y los nombres individuales para fomentar el respeto a la vida” (Spinetta dixit) estuvo siempre presente, lo que sucedió arriba del escenario no fue un detalle menor. El concierto comenzó con la habitual potencia y prolijidad de Divididos, que eligieron un repertorio de homenaje y luminosidad (“Brillo triste de un canchero” y “Par mil”), sumado al mejor tributo roquero que se haya hecho a Atahualpa Yupanqui (“El Arriero”). Siempre con los intervalos mencionados (también se proyectó el backstage de una muestra fotográfica de Gabriel Rocca), le siguió el turno al inmortal León Gieco. Su trilogía roquera, acompañado por la sólida banda D-Mente, comenzó con una dedicatoria para Charly García (“El fantasma de Canterville”) y continuó con los pogueros “Pensar en nada” y “El ídolo de los quemados”.

A continuación, y paradójicamente, se bajaron los decibeles y devino el punto cúlmine de la noche. Subieron a escena Luis A. Spinetta, Ricardo Mollo, León Gieco, Javier Malosetti e integrantes de Los Decadentes y Los Tipitos, e interpretaron una canción en homenaje a las víctimas denominada “8 de octubre”, justamente la fecha de la tragedia y del recientemente designado “día del estudiante solidario”.Y decimos que fue el punto cúlmine no solamente por el estreno de esta hermosa y representativa canción, sino porque acto seguido se presentó el trío del astro del bajo, Javier Malosetti, con su ídolo de la infancia como invitado de honor: junto con El Flaco interpretaron el lacrimógeno “Los libros de la buena memoria”, para los desmemoriados, y una versión desatormentada de “Despiértate nena”, para los adormilados (“y así verás/lo bueno y dulce que es respetar la vida”, improvisó el viejo Luis).

Por último, intentando surfear en la cresta de la ola, pasaron por el escenario Los Tipitos, Bersuit Bergaravat (aunque sin el soporte de Gustavo Cordera como frontman) y Los Auténticos Decadentes, que cerraron la jornada con su inconfundible sello de festival (solidario).

Ante la conjunción de arte, conciencia cívica y solidaridad, debemos destacar que este festival se diferenció esencialmente de aquellos auspiciados por marcas de gaseosa cola. El hecho artístico, promocionado por los mismos padres de las víctimas, nunca se vio desvirtuado y comulgó seriamente con la frescura de las primeras y únicas intenciones.

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