8º
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Fito Páez
Cuando el rock de la Argentina estaba llegando a la mayoría de edad -es un decir, claro: cumplía 18 años, si se conviene que arrancó en el 65-, había dos primeras figuras por encima del resto:
Charly García y
Luis Alberto Spinetta. En ese año 83 surgió un tercero que podía subir al podio; era rosarino, había dado su primer gran paso como tecladista de un buen cantante (
Juan Carlos Baglietto) y acababa de hacer su primer disco, en el que daba una pista de su año de nacimiento: se llamaba
Del 63. Poco después, García levantó la mano, dijo que lo vio primero y lo llamó para que se integrara a su grupo. En eso estaba
Fito Páez, integrando el grupo de Charly García, cuando compuso y grabó su segundo disco,
Giros. Era el 85. Ese trabajo lo puso, por primera vez, en la primera fila de la escena local. El tema que abría el lado B del vinilo original era una perfecta ofrenda de un joven a su tierra, en ese tiempo en el que parecía haber llegado la primavera: se estaba viviendo la euforia de la vuelta de la democracia, se juzgaba a los militares genocidas, ya no quedaban vestigios de censura y persecuciones.
"Quién dijo que todo está perdido" se convirtió en mucho más que la primera línea de una canción.
Yo vengo a ofrecer mi corazón era un tema de rock, claro, pero con rítmica de folklore. Casi un
crossroad que ligaba a
Almendra con el Chango Farías Gómez, en una voz sencilla -provinciana- que sonaba quizás un poco desprolija -
alla Charly- pero por sobre todo sincera. Y con vida propia, porque sería gema y piedra maldita: mucho tendría que luchar Páez para destrozar su perfección y corrección política. También quedaría como un clásico para que lo versionaran todos los folkloristas con visión progre, empezando por Mercedes Sosa.